La ONU discuta en pleno una resolución que condena el bloqueo o embargo económico contra la isla. (EFE) (semisquare-x3)
La ONU discuta en pleno una resolución que condena el bloqueo o embargo económico contra la isla. (EFE)

La Habana, Cuba - La crisis diplomática entre Cuba y Estados Unidos vivirá el miércoles una nueva escalada, cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) discuta en pleno una resolución que condena el bloqueo o embargo económico contra la isla, una iniciativa que la administración de Donald Trump intenta dinamitar, al menos, en los amplios niveles de apoyo que ha recibido en la última década.

La discusión de la polémica resolución se da en un contexto de marcada enemistad entre los respectivos gobiernos, producida por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien ha intentado demoler el histórico acercamiento que construyeron los expresidentes Barack Obama y Raúl Castro Ruz.

Trump ha utilizado como argumentación principal el caso de los llamados “ataques sónicos”, un misterioso incidente mediante el cual unas dos docenas de diplomáticos estadounidenses enclavados en La Habana sufrieron daños neurológicos de diverso nivel tras escuchar un presunto ruido agudo. Ese mismo reclamo lo hizo personal canadiense, así como empleados de Estados Unidos asignados a la misión en Pekín, China.

Montándose en ese escándalo, del cual todavía no hay una solución clara y en el que Cuba niega cualquier participación intencional, Trump dejó inoperante la Embajada en La Habana, reabierta tras casi medio siglo por Obama, y ordenó restringir los mecanismos para que los estadounidenses viajen a la isla, los cuales fueron flexibilizados por la pasada administración en la Casa Blanca.

Igualmente, el presidente estadounidense ordenó una intensa ofensiva diplomática en la ONU, donde revirtió la votación de 2016, cuando por primera vez desde 1992, Estados Unidos no votó en contra de la resolución contra el bloqueo y decidió, en su lugar, abstenerse.

En el 2017, Trump dispuso un voto en contra junto con Israel, que en el 2016 también se había abstenido junto a Estados Unidos. Este año, la estrategia estadounidense ha ido en la dirección de conseguir ampliar esa base de oposición, lo que supondría una derrota para Cuba, que ha visto consistentemente cómo el apoyo en la ONU crece y crece, sobre todo entre viejos aliados estadounidenses, como Reino Unido, Francia, Alemania, España, México, Canadá, entre otros.

En ese sentido, Estados Unidos promovió un conjunto de enmiendas a la resolución que deberán ser debatidas en el pleno, lo cual hará el proceso más tedioso y provocará que la discusión se empantane en la forma y no en la figura. Paralelo a ello, el gobierno estadounidense intenta contar con el apoyo de países que reciben alta financiación en programas netamente de Estados Unidos, los cuales busca atraer a que, por lo menos, se abstengan en la votación.

Cualquier cosa para Cuba que no sea el 191-2 del año pasado, supondría un retroceso, por lo que el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla mantiene una intensa campaña mediática para denunciar lo que entiende es una movida deliberada de la administración Trump.

“Estados Unidos ha decidido presentar enmiendas a la resolución, con el pretexto de endurecer el bloqueo contra Cuba. Con el objetivo también de crear la ilusión de que hay apoyo internacional a esa política y también para dificultar la aprobación de la resolución”, dijo Rodríguez Parrilla, quien presentará el informe de Cuba a favor de la resolución en el pleno de la ONU y explicó que el miércoles se discutirán las ocho enmiendas de Estados Unidos y la resolución persé, mientras que la votación, contrario a años previos que se hizo todo el mismo día, ocurrirá el jueves en la mañana.

La resolución tiene su historia, la cual data desde 1991, cuando se presentó por primera vez la resolución contra el bloqueo o embargo.

En aquel entonces, la resolución no llegó al pleno de la Asamblea General por lo que Cuba llama “presiones de Estados Unidos”, pero desde el año siguiente el pedido ha sido aprobado consistentemente por la mayoría de los países miembro con voto en la ONU.

En 1992, la resolución fue aprobada con el apoyo de 59 países, tres votos en contra, 71 abstenciones y 46 ausencias. Desde entonces, el apoyo ha crecido como la espuma, a tal punto que en el 2015, 191 de los 193 votos posibles fueron a favor. Sólo Estados Unidos e Israel votaron en contra.

El voto en contra de la resolución por parte de Estados Unidos en ese año tomó por sorpresa a la comunidad internacional, que esperaba un cambio de posición tras el histórico acercamiento anunciado el 17 de diciembre de 2014 por los presidentes Obama y Castro Ruz, la apertura de respectivas embajadas a mediados del 2015 y la posición pública del hoy expresidente estadounidense en contra del embargo.

En el 2016, Estados Unidos e Israel se abstuvieron, por lo cual fue la primera vez que la resolución no tuvo votos en contra, pero ese escenario cambió, cuando los dos estados volvieron a censurar la medida en el pleno de la ONU.

El bloqueo, como se le llama en Cuba y dice la resolución, o el embargo, como lo identifican en Estados Unidos, fue establecido por una orden ejecutiva del presidente John F. Kennedy el 7 de febrero de 1962, a raíz del triunfo de la Revolución cubana que trajo consigo la crisis de los misiles con la Unión Soviética.

La diferencia entre uno y otro estriba en que un bloqueo económico es considerado un acto de guerra, mientras un embargo no, o sea, es cuestión de semántica y del cristal con el cual se mire. La comunidad internacional coincide en que se trata de un bloqueo.

Con el paso de los años, aquella medida de Kennedy se convirtió en una madeja de decisiones ejecutivas, regulaciones, procesos administrativos, decisiones judiciales, disposiciones extraterritoriales y leyes del Congreso que hace muy difícil su desmantelamiento en el complejo sistema estadounidense. 

Cuba reclama que desde su implantación, el bloqueo ha causado $933,678 millones en pérdidas a su economía y que sólo entre abril de 2017 y marzo de 2018, esos daños alcanzaron los $4,321 millones.

El impacto del embargo es de amplio espectro, pues toca básicamente todos los rublos económicos del país, al tener un carácter extraterritorial y limitar la capacidad de Cuba para hacer transacciones bancarias, adquirir materia prima, comprar productos de consumo, exportar bienes y servicios, importar medicinas o equipamiento médico, entre otros.

“Aquí lo que Estados Unidos no acaba de entender, no sé sin son brutos, es que a quien le hacen daño es al pueblo, no a los dirigentes del Partido. Esa gente tiene su nivel de vida resuelta por donde están, y no tengo problema con eso, porque eso pasa en todos los países, que los políticos tienen la mejor vida, pero ellos deben acabar de entender que nos están matando”, dijo a El Nuevo Día un vendedor ambulante de vegetales que se identificó como Yuniel y quien asegura también es maestro de profesión.

“La gente es la que sufre las carencias del bloqueo, no el gobierno. Y eso lo que hace es que nos dé rabia, que se crean que están provocando que los queramos, todo lo contrario, lo que hacen es unir al pueblo”, indicó una transeúnte de nombre Sandra Cabrera.

Las empresas estatales cubanas también experimentan esos problemas, pues conseguir insumos se les hace sumamente complejo, dado que las compañías que tengan operaciones en Estados Unidos o produzcan mercancías con, al menos, 10 por ciento de componentes estadounidenses, se exponen a sanciones severas por operar en el mercado cubano.

“No tenemos entrada a los nuevos mercados y si lo hacemos es mediante créditos. Y cuando logramos algún negocio, aparece alguien diciendo que es para Cuba y eso no se puede hacer. Estamos bloqueados y no tenemos acceso al mayor mercado mundial de equipamiento, fertilizantes y de inteligencia agrícola, que es Estados Unidos. Lo peor es que pasa lo mismo con otros países, porque dado que el bloqueo es extraterritorial, muchas empresas temen hacer negocios con nosotros, porque Estados Unidos puede multarlos”, dijo el director técnico de la empresa de cítricos de la provincia de Artemisa, José Piñero.

Ese escenario explicado por ciudadanos comunes y por empleados estatales no se resolverá con una votación a favor de la resolución en la ONU este año, pero la estrategia cubana estriba en seguir persistiendo, de modo que la comunidad internacional decida finalmente comenzar a presionar a Estados Unidos o que, en un mejor resultado, el propio Congreso estadounidense decida poner fin a esta compleja política.


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