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Leydi Laura García Lugo desapareció el sábado, 30 de marzo. (Captura)

La Habana, Cuba- El asesinato de una estudiante de medicina en la provincia de Villa Clara ha sacudido a Cuba y las autoridades policiales han activado un intenso operativo para dar con el paradero de los asesinos de Leydi Laura García Lugo, de 21 años, quien salió de la universidad para regresar a su casa en un viaje que nunca consumó.

En Cuba, los asesinatos ocurren, pero la mayoría suele estar vinculada a reyertas por negocios ilícitos o conflictos entre vecinos o familiares, más que al uso de la violencia para robar o ajustar cuentas personales.

Esa tendencia, sin embargo, ha ido cambiando, y en el último año una serie de casos dados a conocer en medios regionales del país o en las redes sociales han conmocionado a la sociedad cubana, que vivía un tanto ajena a este tipo de delito.

El último de ellos es el de Leydi Laura, quien desapareció el sábado, 30 de marzo, tras salir de su servicio de guardia residente en el hospital ginecobstétrico Mariana Grajales de Santa Clara, en la provincia de Villa Clara, en el centro de Cuba.

Según los reportes de vecinos de la joven en las redes sociales, la estudiante de cuarto año de Medicina salió del hospital para dirigirse hacia su hogar, localizado en el poblado Esperanza del municipio Ranchuelo de Villa Clara. Lo haría “cogiendo botella”, o “cogiendo pon”, como se dice en Puerto Rico, que es una forma de transporte común en Cuba, por ser segura y confiable, dado los bajos índices de violencia viciosa en el país.

Desde allí, llamó a su madre y le dijo que volvía a su casa, pero nunca llegó. Su cuerpo fue encontrado el martes pasado, cuatro días después, a las orillas de la Autopista Nacional, en la misma zona de Ranchuelo, tras una intensa campaña de búsqueda de la policía, sus familiares y sus amigos, quienes invadieron las redes sociales.

El cadáver mostraba “claras señales de violencia extrema”, según reportan varios sitios web especializados en temática cubana.

El caso causó tanto revuelo que el Ministerio del Interior se vio obligado a emitir una nota en la cual sostiene que la búsqueda del asesino o los asesinos es intensa.

“El Ministerio del Interior en la provincia Villa Clara prioriza la investigación de un hecho de asesinato por el que resultó occisa una estudiante que cursaba el cuarto año de la carrera de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas del territorio”, sostiene el documento.

“Desde el pasado sábado, 30 de marzo, comenzó un intenso trabajo al radicarse una denuncia por la ausencia a su domicilio, ubicado en la localidad de Esperanza, del municipio de Ranchuelo, donde era esperada posterior a concluir su servicio de guardia rotativo, en el hospital ginecobstétrico Mariana Grajales de Santa Clara, como parte de su formación como profesional de la Salud. Un equipo especializado del Ministerio del Interior trabaja en el esclarecimiento del hecho, cuyo resultado se informará a través de los medios de comunicación”, agrega.

El caso no ha sido tratado por los medios de comunicación nacionales, pero las redes sociales se han encargado de difundirlo y los pedidos de justicia han comenzado a retumbar de costa a costa de manera inusual, pues el caso de Leydi Laura no es aislado.

El 22 de agosto del año pasado, la joven estudiante de escuela superior Yulismeidys María Loyola Fernández fue asesinada, cuando el individuo que intentó violarla no lo logró y optó por matarla, delito que confesó y por el cual fue juzgado. El incidente violento ocurrió en la provincia de Sancti Spiritus, al centro de Cuba.

En el 2017, otros dos casos de violencia contra mujeres sacudieron la isla.

El primero fue el de Taimara Gómez, una mujer de 29 años residente en Cárdenas, provincia de Matanzas, en el centro-norte de la isla, quien fue asesinada y descuartizada por su pareja a principios de 2017. Luego, en septiembre, tres hombres confesaron que violaron y mataron a Leidy Maura Pacheco Mur, de 18 años, en la provincia de Cienfuegos, al centro-sur de Cuba.

A los casos de las mujeres, se han sumado recientemente dos hechos macabros.

El pasado 16 de marzo, en Sancti Spiritus, se cometió el llamado “asesinato del patinódromo”, pues en esa instalación deportiva se encontró un cadáver que su cara estaba tan desfigurada, que le costó tiempo a la Policía identificarlo.

El occiso era Lázaro Fernández Lumpuy, de 56 años, quien sufrió golpes contundentes en el rostro y la quema de sus genitales. El móvil, según el criminal confesó, fue el robo.

El otro incidente ocurrió en febrero de este año en la provincia oriental de Las Tunas, donde el ciudadano al italiano Raffaele Testagrossa, de 74 años, fue asesinado y descuartizado presuntamente por tres jóvenes del lugar, todos menores de 20 años.

El cadáver de Testagrossa, un artista plástico radicado en Las Tunas desde hace años, fue encontrado desmembrado dentro de una maleta. El móvil fue el robo.

Cuba es uno de los países más seguros de América Latina y uno de los menos violentos del hemisferio, por lo que este tipo de incidentes ha sacudido y tiene preocupada a la población.

El uso de armas de fuego es prácticamente nulo, y la gente suele caminar tranquilamente por las calles sin tomar mayores previsiones que las más obvias, como evitar el hurto por algún carterista o la pérdida de objetos de valor por descuidos.

Las muertes por agresiones no son inusuales, pero tampoco frecuentes. Lo que ha llamado la atención de estas últimas es su nivel de violencia y el hecho de que han salido a la luz, sea por la prensa oficial regional opor las redes sociales.

Según los datos del Anuario Estadístico de Salud correspondiente al 2017, los más recientes disponibles, en Cuba se registraron 572 muertes por agresiones, para una tasa de 4.6 muertes violentas por casa 100,000 habitantes. De esos incidentes, 130 fueron mujeres, para una tasa de 2.3 muertes por cada 100,000 mujeres.

En Cuba hay una población de 11,214,000 personas, 5,584,000 hombres y 5,630,000 mujeres.

No hay registros públicos de las causas específicas de muertes y si esas mujeres murieron, por ejemplo, en escenarios de violencia de pareja.


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