Fanáticos en el cuarto partido de la final de la Serie Nacional de béisbol de Cuba, entre los Azucareros de Villa Clara y los Leñadores de Las Tunas. El partido se jugó en el estadio Sandino de Santa Clara. (semisquare-x3)
Fanáticos en el cuarto partido de la final de la Serie Nacional de béisbol de Cuba, entre los Azucareros de Villa Clara y los Leñadores de Las Tunas. (Benjamín Morales)

Santa Clara, Cuba - Cuando a un cubano se le pide que defina el béisbol, su respuesta es contundente: “el béisbol en Cuba es pasión”, responde sin pensarlo dos veces.

El partido se jugó en el estadio Sandino de Santa Clara. (Benjamín Morales)

“Esto es un país muy pelotero, donde la pelota es pasión, es cubanía, cultura y el mayor espectáculo deportivo y recreativo del país. No hay otra cosa en Cuba que mueva más gente que la pelota”, afirma Normando Hernández, experimentado narrador de la estación CMHW, de Villa Clara.

Y Hernández, un veterano hombre de béisbol, no exagera.

En Cuba se respira un amor por el béisbol que podría ser único en el planeta y por estos días, en que se disputa la final de la Serie Nacional entre los Azucareros de Villa Clara y los Leñadores de Las Tunas, esa pasión está al más alto nivel.

El país entero está pegado a la televisión viendo los partidos de la serie, que el jueves agotaba su quinto encuentro y que daría su primer campeonato a Las Tunas de imponerse como visitante a los Azucareros.

En las casas se discute a profundidad sobre el equipo que ganará, con Las Tunas como amplio favorito, pues el equipo oriental dominó la Serie Nacional desde la primera semana.

Esa pasión es todavía más palpable cuando se visita un estadio provincial. En el parque Sandino de Santa Clara, capital de la provincial central de Villa Clara, el ambiente es particularmente encendido durante la serie final.

Aquello es una fiesta, en la cual ruido es el invitado mayor. A varias cuadras del estadio el escándalo de trompetas, bocinas, metales y tambores delata la presencia de un partido importante.

¡Qué manera de hacer ruido tienen los cubanos! Cualquier cosa con la cual se pueda dar ánimo al equipo es bienvenida y las congas (como se conoce a las batucadas en Cuba) animan sin parar a los jugadores con una energía sólo vista en las famosas hinchadas del fútbol.

“Todo el mundo sabe que la pelota es la gran pasión de los cubanos y disfrutarla por segundo año consecutivo es muy bonito, porque estamos dando un bonito espectáculo. Al pelotero le gusta jugar a estadio lleno para sentir la adrenalina, es una pasión que se siente y que empuja al pelotero y al equipo”, dice Alexander Ayala, jugador de Camagüey que ha reforzado a Las Tunas en la fase de postemporada.

“Esa pasión del aficionado cubano se siente incluso desde que venimos del hotel, por la calles la gente se mete con el equipo, pero es una cosa bonita, es parte de nuestra pelota y de sus pasiones, y hay que adaptarse a eso dentro y fuera del terreno. Estamos ahora viviendo unos buenos momentos dentro del béisbol y los jugadores debemos seguir contribuyendo para mantener esa pasión”, agrega el cuarto bate de los Leñadores, un bateador de fuerza con excelentes credenciales defensivas en el campocorto.

La pasión por el béisbol pasó por un tiempo de crisis hace unos años, cuando el éxodo de las estrellas de la pelota cubana hacia las Grandes Ligas alejó a los fanáticos de los estadios, pues sentían que la calidad del juego había descendido, aunque el amor por el deporte nacional no se perdió.

Con el paso del tiempo y superado el sentimiento de pérdida de ver a sus mejores jugadores instalarse en las Mayores, los fanáticos cubanos pactaron con sus demonios y regresaron al estadio, sobre todo, gracias a que los equipos de las provincias centro-orientales tomaron el control de la tabla de posiciones, así como de la presencia en la postemporada, dando una mirada fresca a un escenario que siempre presentaba a los equipos clásicos, como los Industriales de La Habana, las Avispas de Santiago de Cuba o los Vegueros de Pinar del Río.

Así se provocó una ola de apoyo que comenzó con los dos campeonatos seguidos de los Alazanes de Granma en las últimas dos temporadas. A ello se ha unido que los equipos cubanos no han sido precisamente un bizcochito en la Serie del Caribe, donde juegan sólo con sus nacionales y sin refuerzos extranjeros.

“En Cuba nunca ha dejado de existir la pasión por el béisbol. En algún momento hubo algo de calma, pero desde el pasado año ha crecido y mucha gente se ha sumado. Siempre van a existir los apasionados al béisbol cubano, es nuestra idiosincrasia, parte de la sangre del cubano y hay que disfrutarlo”, señala Pablo Civil, dirigente del equipo de Las Tunas, que repite en la final por segundo año seguido.

Como dice Civil, la gente se ha sumado. Esta final, que podía concluir el jueves a favor de sus Leñadores, es el mejor ejemplo.

La pasión que se ha respirado es a todos los niveles, desde niños y mujeres de todas las edades, hasta ancianos. Los estadios sede no dan abasto para tanto público. El fanatismo es tal, que los partidos de la final se han llenado a capacidad muchas horas antes de comenzar, por lo que las autoridades han tenido que preparar una especie de feria a las afueras del estadio para aquellos que no pueden entrar al parque.

“La afición cubana se distingue por la entrega, solo hay que mirar el estadio este. Esto es una olla presión, y muchos creemos que más intenso que el Latinoamericano, en La Habana, porque hay una bulla aquí que temblaban las gradas, porque los aficionados vienen a apoyar a su equipo aunque estén debajo en la serie”,  expresa Jorge Luis Oliver, de 55 años y organizador de la “peña deportiva” de seguidores de los Leñadores.

El ambiente en el Sandino es especial. El rugido del público asusta, el ruido no para, los agitadores clásicos del béisbol hacen de las suyas y hasta una que otra discusión se calienta y, como en todas partes, provoca que la policía salga al paso.

Los peloteros se entregan con todo, juegan duro, como quien no tienenada que perder, porque saben que son los dueños del espectáculo, los responsables de darle a miles de compatriotas una excusa para alejarse de los problemas del día a día.

“No es secreto que esto se vive con intensidad, y cuando un equipo está en medio de una final, es una de las mejores fiestas populares que pueden suceder en una provincia. El estadio lleno desde temprano y mucha energía positiva en el pueblo, y eso se lo transmite al equipo, que se compromete aun más con ese pueblo y con la provincia”, dice Yulexi La Rosa, receptor de Villa Clara, al explicar sobre cómo se siente jugar una final en Cuba.

“Vivir esto es algo que te dispara bien alto la adrenalina, y es lo más grande que se puede sentir, jugar con un estadio lleno, en tu tierra, pues se convierte en un momento muy especial”, agrega el prometedor jugador villaclareño, como quien quiere llevar el mensaje de que la pasión por el béisbol en Cuba se tomó unas vacaciones, pero ya está de vuelta.


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