Marién Torres, fundadora del grupo Tambuyé, que celebró su aniversario 15 de fundado durante el festejo y cautivó con el típico ritmo de la bomba puertorriqueña. (Suministrada) (semisquare-x3)
Marién Torres, fundadora del grupo Tambuyé, que celebró su aniversario 15 de fundado durante el festejo y cautivó con el típico ritmo de la bomba puertorriqueña. (Suministrada)

Por Leydis Tassé Magaña / Especial para El Nuevo Día

Santiago de Cuba - Como una extraordinaria expresión de hermandad cultural, y muestra de la hospitalidad del pueblo santiaguero, ha acogido la delegación puertorriqueña la edición 38 del Festival del Caribe, dedicado a la nación boricua y que concluyó hoy.

“Ha sido maravillosa la calidez de la gente aquí, cuya forma de comunicarse es similar a la nuestra, hemos recibido un cariño especial, me siento muy agradecida con el pueblo santiaguero”, manifestó Marién Torres, fundadora del grupo Tambuyé, que celebró su aniversario 15 de fundado durante el festejo y cautivó con el típico ritmo de la bomba puertorriqueña.

“Llegamos hasta un poquito antes del Pico Cuba, y fue muy intenso”, comentó Torres, por primera vez en Santiago de Cuba, al tiempo que refirió satisfacción por llegar a ese paraje montañoso de la Sierra Maestra, y a escasos kilómetros del Pico Turquino, punto más elevado de la “Mayor de las Antillas” y ubicado en la Sierra Maestra, a más de 6,400 pies sobre el nivel de mar.

Mientras, Ivonne Rivera, destacada artista de la plástica boricua, celebró la oportunidad de estar nuevamente en la suroriental urbe cubana y traer una copia de “Soldado invicto”, pieza de mosaico que confeccionó en 2016 para obsequiársela al líder de la Revolución cubana Fidel Castro, en ocasión de su cumpleaños 90.

A la delegación provincial del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, declarada “Casa de Puerto Rico” durante el festival, fue llevada la copia de la obra, cuyo original, de unas 50 libras de peso, se exhibe desde julio de 2016 en el Complejo Histórico de Birán, en la provincia de Holguín, donde se encuentra la casa natal del Comandante en Jefe.

“La ciudad santiaguera es maravillosa y su pueblo increíble”, comentó Rivera, quien ha visitado Cuba en más de 10 ocasiones, la primera de ellas a finales de la década de 1980, cuando ya la economía de esta nación comenzaba a resentirse con el llamado “Periodo Especial”.

Fundamentalmente bajo la convocatoria del Comité de Solidaridad con Cuba en Puerto Rico, presidido por Milagros Rivera, casi 300 borinqueños han asistido al festival, también conocido como “Fiesta del Fuego”, y que desde el tres de julio último ha acogido a alrededor de 700 delegados de una veintena de países, presentes a través de diversas expresiones de la cultura popular y tradicional.

Entre la representación boricua al jolgorio, ha sobresalido la presencia del virtuoso intérprete Andy Montañez, quien este domingo, y junto a la popular orquesta santiaguera Los Karachi, ofreció un memorable concierto en la sala principal del Complejo Cultural Heredia, donde hasta el espectador más circunspecto movió, al menos, los pies, ante el contagioso ritmo de la salsa, género proveniente del son nacido en Santiago de Cuba.

Además de la bomba, la sonoridad de la plena puertorriqueña ha llegado a las calles santiagueras, donde la cultura de la Isla del Encanto ha brillado también de la mano de experimentados grupos portadores de la danza tradicional, y  de noveles artistas de la plástica, entre ellos 12 estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas y Diseño de San Juan, que intercambiaron con sus homólogos en la ciudad santiaguera.

“Me siento como en casa”, ha sido expresión recurrente de los boricuas asistentes a la Fiesta del Fuego, evento en cuyo contexto, y este domingo, le fue entregada al “Niño de Trastalleres” la Llave de la Ciudad de Santiago de Cuba, una de las más importantes distinciones que otorga la Asamblea Municipal del Poder Popular (Alcaldía).

“Para venir a esta ciudad no tiene que avisar”, le manifestó a Montañez el presidente de ese órgano local de gobierno, Raúl Fornés Valenciano, en muestra de reconocimiento a quien, obviando las presiones de emporios mediáticos y fuerzas políticas foráneas llenas de odio hacia la mayor de las Antillas,  ha decidido brindar su arte con los cubanos.

La típica “Quema del Diablo” puso el punto final a la edición 38 del Festival. Desde la céntrica Plaza de Marte hasta la Alameda Michaelson, entorno urbano que ofrece una singular vista a la bahía santiaguera, tuvo lugar el llamado “Desfile del Fuego”, que tiene su momento cumbre con la “Quema…”, ceremonia tradicional en la fiesta caribeña, y que consiste en la destrucción de un gran muñeco que encarna al símbolo del mal.

Cientos de personas recorrieron las arterias del casco histórico santiaguero para apreciar ese rito, que marca el colofón de uno de los jolgorios de mayor convocatoria en esta suroriental urbe cubana, considerada por muchos la capital del Caribe.

Previo a la “Quema…”, alrededor de 700 delegados de una veintena de países asistentes a la Fiesta del Fuego protagonizaron la procesión multicolor, con una muestra de sus culturas y tradiciones, esas que reverenciaron todos estos días en el jolgorio, a través de conferencias, talleres y espectáculos ofrecidos en teatros, plazas, instituciones e incluso, barrios del llamado “territorio indómito”.

Históricos estos días de julio en el más caribeño de los festivales; jornadas en las que, parafraseando a Lola Rodríguez de Tió, pudiera decirse que Cuba y Puerto Rico recibieron “flores sobre el mismo corazón”.


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