La mayoría de los accidentes más serios ocurren en las dos arterias que unen al país de oriente a occidente: la Autopista Nacional y la Carretera Central. (Agencia Cubana de Noticias) (horizontal-x3)
La mayoría de los accidentes más serios ocurren en las dos arterias que unen al país de oriente a occidente: la Autopista Nacional y la Carretera Central. (Agencia Cubana de Noticias)

La Habana, Cuba - Los accidentes en las vías públicas se han convertido en un problema de corte mayor en Cuba, donde la pobre infraestructura de las carreteras, los vehículos en mal estado y la negligencia de los conductores se han combinado para matar a casi 4,500 personas en 72 meses, según las estadísticas oficiales.

En Cuba, un promedio de dos personas mueren por accidentes viales, mientras que 22 ciudadanos son heridos diariamente, lo que ha redundado en 4,446 fallecidos y 50,170 lesionados en los pasados seis años, reveló el ministro del Transporte, Adel Yzquierdo Rodríguez, al presentar un informe sobre seguridad vial en el país ante el Consejo de Ministros.

El problema, que se ha convertido en la principal causa de muerte de los jóvenes entre 15 y 29 años, ha llamado la atención de las máximas autoridades, sobre todo, cuando en una semana se registraron dos accidentes masivos que, si bien no registraron tragedias, reportaron decenas de heridos, entre ellos niños.

En su informe periódico ante el presidente Miguel Díaz-Canel, Yzquierdo Rodríguez señaló que las causas para los accidentes son “la escasa percepción sobre los riesgos; las indisciplinas sociales; el ganado suelto en las vías, y el inadecuado completamiento de la señalización”.

Sostuvo que “también influyó en la accidentalidad el deterioro de la infraestructura, unido a la insuficiente capacidad constructiva, en fuerzas y recursos, para dar respuesta a la demanda de los trabajos de conservación y mantenimiento y al desarrollo de nuevas obras viales, y la circulación de vehículos sin la revisión técnica actualizada”.

El propio presidente Díaz-Canel llamó a tomar este tema en serio. “Nos tiene que preocupar a todos, entre otras razones, por la significativa cantidad de muertos y lesionados que provoca, y las consecuentes afectaciones a la economía”, indicó el mandatario cubano a su equipo de trabajo.

El gobierno planifica desarrollar un intensa campaña de concienciación sobre las muertes en las carreteras para enfrentar el problema, pero lo cierto es que poco se logrará sino se atienden temas de fondo más complejos y costosos, empezando por la infraestructura de las carreteras.

En Cuba son pocas las calles o avenidas que están bien pavimentadas, iluminadas y señalalizadas. Fuera de las arterias principales de las ciudades cabecera, lo cierto es que es muy difícil encontrar vías en un estado óptimo.

La mayoría de los accidentes más serios ocurren en las dos arterias que unen al país de oriente a occidente: la Autopista Nacional y la Carretera Central.

La Autopista Nacional discurre en un tramo desdeLa Habana hasta la provincia central de Sancti Spiritus por el oriente, y la ciudad capital con Pinar del Río por el occidente. En su trayecto son comunes los segmentos de pavimento a desnivel o agrietado, la ausencia de iluminación, el tránsito de carretas, motoras eléctricas, bicicletas o gente a pie, así como la presencia de ganado en las vías. Tampoco son comunes las vallas de seguridad.

Entre la provincia de Villa Clara y Sancti Spiritus se da un tramo sumamente peligroso de la Autopista Nacional, pues dado que no acabó de construirse por la falta de materiales que se dio tras la caída del bloque soviético, los ocho carriles (cuatro para ir y cuatro para venir) se transforman en tres (uno para ir, otro para venir y otro en el centro para pasar desde los dos lados). Es por esa zona donde se dan los accidentes más terribles en esa vía.

Mientras, la Carretera Central es la típica ruta de dos carriles en sentido inverso, que es la única conexión con el extremo este de la isla y por donde pululan coches de caballos, carros de bueyes, peatones, bicicletas, guaguas, camiones de todo tipo, carros y cualquier otro medio de transporte posible. Lo extrecho de la vía se junta con su pobre estado para configuar un escenario sumamente peligroso para quienes la usan. 

Si las dos principales carreteras del país están en una condición tan terrible, es lógico imaginar que algo similar ocurre con otras arterias de menos importancia.

Cuando a malas carreteras se le añade el ingrediente de vehículos en muy mal estado, la receta para el desatre está servida.

En Cuba se pone a correr básicamente cualquier cosa que puedan transportar un ser humano. El problema estriba en que importar vehículos es muy complicado y costoso por regulaciones del bloqueo o embargo económico que Estados Unidos mantiene sobre la isla. 

Además, el propio gobierno pone muchas trabas para la importanción de carros, lo que está prohibido al cubano de pie y se limita sólo a entidades del gobierno, embajadas o empresas extranjeras que mantienen ciertas actividades comerciales en Cuba. Corresponsalía periodísticas, por ejemplo, no pueden importar carros al país.

Esa realidad ha causado que los precios de los vehículos existentes dentro de la isla se disparen de manera absurda y que un viejo auto soviético marca Lada, de 1980, pueda llegar a costar hasta $30,000. También ha provocado que circulen carros muy antiguos cuyos motores o sistemas de frenos no están listos para circular a altas velocidades, lo cual usualmente acaba en un accidente.

Es ahí cuando entra el factor de la negligencia de los conductores. No es anormal toparse con choferes de carros o autobuses jugando a las carreras en las vías, pasando de manera irresponsable en zonas de alto peligro o manejando a exceso de velocidad en zonas de carretera en mal estado.

En Cubano hay cultura de disminuir la marcha por los peatones y en la Carretera Central los pelos se ponen de punta cuando dos autobuses de pasajeros se cruzan en dirección contraria, pues los conductores no suelen bajar la marcha ni replegarse en sus carriles.

Encontrar un solución a esa triología de particularidades no es fácil. La primera requiere una inversión en infraestructura que el país no puede hacer por la falta de acceso al mercado internacional de bonos, por las restricciones del embargo y por los problemas de liquidez en la economía.  

Importar nuevos vehículos podría ser una medida para reducir los problemas, pero requiere de una flexibilización del sistema socialista, que tendría que aceptar concesionarios no estatales para que el gobierno no tenga que destinar recursos de sus arcas para atender ese sector.

Mientras, concienciar a los conductores podría ayudar bastante, pero igual quien maneja puede tomar todas las previsiones, pero si un hoyo en la carretera le rompe el tren delantero, le queda poco que hacer, y si encima tiene la mala suerte de toparse con un camión de la era soviética, no es escandaloso decir que la suerte está echada.


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