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El jefe de gobierno español Pedro Sánchez, izquierda, y el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel se dan un apretón de manos en el Palacio de la Revolución en La Habana, Cuba. (AP)

La Hanaba, Cuba.- El presidente español Pedro Sánchez puso hoy, jueves, fin a 32 años sin que un mandatario español hiciese una visita oficial a la isla y fue recibido con honores militares en el emblemático Palacio de la Revolución, estrechó la mano del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y ambos mantuvieron una reunión a puerta cerrada.

Posteriormente, Cuba y España firmaron varios acuerdos. Uno de ellos para impulsar el intercambio cultural normalizando la presencia de artistas en ambos países, y otro acuerdo en materia de consultas intercancillerías, que abarca todas las materias incluso un tema históricamente históricamente delicado como el de los derechos humanos.

Los acuerdos sirven para las relaciones bilaterales, que si bien no se llegaron a romper nunca, sí que vivieron horas bajas, especialmente durante los Gobiernos conservadores de José María Aznar, que impulsó la denominada “Posición Común” que colocó a Cuba en malas migas con la Unión Europea.

La visita tiene una fuerte connotación económica. Sánchez viaja acompañado por el presidente de la patronal española, Antonio Garamendi, y el de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet, junto a un grupo de 24 empresarios de distintos sectores.

Entre septiembre de 2017 y agosto de 2018, las exportaciones españolas a Cuba alcanzaron 912.12 millones de euros, lo que significó un incremento del 5.7 por ciento, y el aumento del superávit del intercambio comercial español frente al cubano en un 14 por ciento.

Este viernes está previsto que el presidente Sánchez participe en un desayuno con el sector empresarial presente en la isla, más de 250 empresas de manera estable, y que se celebre un foro económico bilateral para analizar la situación y el posible crecimiento.

El encuentro empresarial se celebra en el lujoso Hotel Gran Packard de La Habana, gestionado por la cadena española Iberostar, que fue recientemente inaugurado por el presidente cubano y que el pasado 13 de noviembre fue incluido por el Departamento de Estado en la lista de empresas cubanas con las que las compañías estadounidenses no pueden tener relaciones.

La agenda de Sánchez no incluye encuentros con los disidentes cubanos, algo que ha sido fuertemente criticado por la oposición conservadora española, pero que funcionarios españoles defienden que se mantiene la misma línea que tuvieron los entonces cancilleres españoles José Manuel Margallo y Alfonso Dastis, cuando formaban parte del gobierno conservador de Mariano Rajoy.

Está previsto que el presidente español tenga un encuentro más amplio con representantes de la sociedad civil cubana tolerados por las autoridades cubanas, como la firma de modas Clandestina, que recientemente hizo una pasarela con la firma Google, el actor Jorge Perugorría, el escritor Leonardo Padura o periodistas independientes, como Abraham Jiménez Enoa, del digital “El Estornudo”.

En la delegación española también participan el ministro de Exteriores, José Borrell, la responsable de la cartera de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, y el secretario general del Tesoro, Carlos San Basilio.

Y esto es bien  importante. Sánchez viaja a Cuba con representantes de las empresas españolas más importantes que buscan reafirmar o abrir su negocio en la isla. En el avión viajan 24 empresas, entre ellas Telefónica, Iberia, Aena o Air Europa. España es el tercer exportador a Cuba, con 900 millones de euros, y tenemos muchos intereses allí: casi 3 de cada 4 habitaciones hoteleras están gestionadas por una empresa española.


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