El ahora expresidente estadounidense Barack Obama (izq.) visitó Cuba en el 2016 y fue recibido por su contraparte, el también expresidente Raúl Castro Ruz. (AP / Ramón Espinosa) (semisquare-x3)
El ahora expresidente estadounidense Barack Obama (izq.) visitó Cuba en el 2016 y fue recibido por su contraparte, el también expresidente Raúl Castro Ruz. (AP / Ramón Espinosa)

La Habana, Cuba - A cuatro años del anuncio de la reactivación de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, los vínculos entre ambos países se han enfriado, luego de un viaraje por parte de la administración estadounidense, que bajo el comando de Donald Trump, ha decidido reactivar la hostilidad hacia la isla. 

El 17 de diciembre de 2014, los entonces presidentes Barack Obama y Raúl Castro Ruz sorprendieron al mundo con sendos anuncios en los cuales daban a conocer su intención de poner fin a más de medio siglo de hostilidad y reanundar las relaciones diplomáticas quebradas tras el triunfo de la Revolución cubana.

Tras ese anuncio, ambos países se enfrascaron en un proceso de acercamiento histórico, en el cual se lograron acuerdos migratorios y de seguridad, se incrementó el turismo desde Estados Unidos y, entre otras cosas, el flujo de empresarios estadounidenses hacia la isla engordó a niveles sin precedentes desde 1959, cuando triunfó la Revolución.

Así, se reanudaron los vuelos de las líneas aéreas comerciales estadounidenses y los viajes en crucero desde puertos de Estados Unidos, se intensificaron los intercambios culturales y deportivos, y comenzaron a hacerse anuncios de la apertura de operaciones de empresas norteamericanas en suelo cubano.

Los viajes de ciudadanos estadounidenses a Cuba se triplicaron y el propio Obama llegó la isla en una visita que marcó al pueblo cubano como nunca antes.

Todo eso, sin embargo, comenzó a ensombrecerse con la llegada al poder de Trump en noviembre de 2016.

El nuevo presidente, con su política de corte de derecha extrama como norte, retomó la línea de gobiernos anteriores, montado sobre un escándalo que todavía no se resuelve, el de los llamados “ataques sónicos”, una serie de incidentes mediante los cuales 25 funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana sufrieron percances de salud que todavía no han podido ser esclarecidos.

Trump culpa a los cubanos por los incidentes, mientras que ellos lo niegan fervientemente, pero lo cierto es que firmes opositores a la política de Obama, como los senadores cubano-americanos Marco Rubio y Bob Menéndez, se han montado en el barco para intentar poner un retroceso en las relaciones.

El clima de desconfianza no hecho otra cosa que ganar espacio y la Embajada de Estados Unidos en La Habana está casi inoperante, con personal mínimo y en incumplimiento con el procesamiento de visados para los ciudadanos cubanos. 

Las escaramuzas dialécticas crecen cada vez más en el tono y los enfrentamientos ideológicos en terrenos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) son frecuentes.

Temas como los derechos humanos colocan frente a frente a los gobiernos. La ocasión más reciente ocurrió hace pocas semanas, cuando el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, pidió explicaciones a su contraparte cubano por la detención de quienes calificó como “presos políticos”. 

En el marco de la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos,  Pompeo aprovechó para enviar una misiva a su homólogo cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en la cual solicitó explicaciones “sustanciales” sobre las detenciones a las que son sometidas en la isla un grupo de los que calificó como “presos políticos”, encabezado por Yosvany Sánchez Valenciano, de la organización Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), y Martha Sánchez, de las Damas de Blanco.

“Estados Unidos reconoce el derecho soberano de cada Estado para juzgar y condenar a los individuos que violan las leyes criminales, siempre y cuando cuenten con las garantías de un juicio justo por un tribunal independiente e imparcial. Ese principio, sin embargo, no justifica el encarcelamiento de individuos cubanos por el simple ejercicio de derechos humanos y libertades fundamentales, incluida la libertad de religión, expresión, reunión o asociación”, dijo Pompeo en su misiva, la cual Rodríguez Parrilla asegura no ha recibido.

El jefe de la diplomacia estadounidense elaboró una “lista ilustrativa de presos políticos en Cuba” en la cual colocó los nombres de Sánchez Valenciano  y Martha Sánchez, junto con Melkis Faure Echevarria y Yanier Suárez Tamayo, también de UNPACU; Eduardo Cardet Concepción, del Movimiento Cristiano Liberación (MCL); el periodista independiente Yoeni de Jesús Guerra García; y José Rolando Casares Soto y Yamilka Abascal Sánchez, de la Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana.

Estados Unidos afirma que Cuba somete a este grupo de llamados disidentes a hostigamiento constante y a encarcelaciones arbitrarias, mientras el gobierno cubano evita confirmar los hechos y afirma en la trastienda que estos ciudadanos violan constantemente la ley para aliarse con “el enemigo”.

Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, manifestó hoy, en el marco del aniversario, que “la proyección internacional del Estado cubano seguirá fiel al independentismo, ante los retos que emergen en el panorama actual”.

Señaló que luego de cuatro años de los anuncios del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos puede decirse que hasta 2017 hubo cierto progreso.

“En los últimos meses se ha producido un endurecimiento del cerco estadounidense, a lo que se suman medidas que evidencian las intenciones de ciertos sectores de poder en avanzar hacia un enfrentamiento con Cuba”, apuntó.

El miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba dijo que “la misiva está llena de calumnias, pero muestra una pincelada de interés por mantener el diálogo bilateral en materia de derechos humanos, al cual estamos dispuestos pero sin menoscabo de nuestra soberanía”.

Esa tónica de intercambios venenosos es la orden del día a cuatro años de aquel histórico anuncio. Las cosas se enfrían entre Cuba y Estados Unidos, y todo pinta que habrá congelamiento si Trump sigue en la Casa Blanca.


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