Algunos comerciantes reaccionan luego de que el gobierno cubano reactivara el otorgamiento de licencias, un proceso que vendrá cargado de nuevas regulaciones.

La Habana, Cuba - El gobierno cubano reactivará el otorgamiento de licencias para operar negocios privados en Cuba, pero el proceso vendrá cargado de nuevas regulaciones, algunas de ellas obvias en las economías de mercado y que no habían sido puestas en ejecución por el Estado, que se vio agobiado por los actos de corrupción y la evasión fiscal en el sector, al cual están vinculados casi 600,000 personas en el país.

Las nuevas reglas de juego fueron publicadas en la Gaceta Oficial Extraordinaria número 35, que agrupa un catálogo de regulaciones que entrarán en vigor en 150 días naturales (el 7 de diciembre) y que está compuesto por seis normas de rango superior, cinco decretos-leyes, un decreto y 14 resoluciones del Consejo de Estado de la República de Cuba.

Todos los documentos vienen firmados por Raúl Castro Ruz como presidente, lo cual implica que fueron aprobados desde antes del pasado 19 de abril, cuando el general de Ejército dejó el poder.

Los cambios a los que se enfrentarán los cuentapropistas son diversos y los afectan para bien o para mal, dependiendo el crisol con el que se miren. Por ejemplo, de los 201 tipos de trabajo por cuenta propia que se autorizaban hasta hoy, ahora serán 124, pues muchos se consolidaron en una misma categoría, como pasó con oficios relacionados a los salones de belleza.

Otros simplemente desaparecieron, como los vendedores de productos agropecuarios, los operadores de equipos de recreación, los carretilleros (vendedores ambulantes de frutas y vegetales) y el comprador-vendedor de discos (vendían mercancía pirateada), porque el gobierno cubano entiende que se detectaron delitos serios en esos sectores.

La viceministra de Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Marta Feitó, dijo en una rueda de prensa que se reiniciará el otorgamiento de 27 licencias que fueron limitadas desde el pasado año, como las de alquiler de viviendas y de servicios gastronómicos, las más populares en el país.

El primer gran cambio estriba en que los cuentapropistas sólo podrán tener una licencia para una sola actividad privada, contrario a lo que ocurría hasta ahora, que una persona podía contar con diversos permisos para negocios.

Para obtener la licencia, los aspirantes deberán entregar por escrito la descripción del negocio que desea establecer, su sede y la fuente de financiamiento, este último un requisito que no existía y que el gobierno cubano señala como punto fundamental para evitar casos de lavado de dinero. 

Se permite la creación de bares separados de los restaurantes, una categoría que los cuentapropistas pedían a gritos, pues para operar una barra en Cuba era requerido tener menú de comida a manera de restaurante o cafetería mientras el local estuviera abierto. Los bares privados por sí solos eran ilegales.

Otra regulación que traerá polémica y que busca regular el desorden urbano que ha traído el panorama de negocios privados, sobre todo en La Habana, es que se autorizará sólo un negocio gastronómico o bar por domicilio legal. Uno de los mayores problemas que han creado los negocios privados es la vivienda, que es escaza y no es anormal ver cómo una familia alquila toda una casa para captar la renta de varios establecimientos al mismo tiempo.

Los nuevos estatutos establecen que quienes arriendan viviendas podrán hacerlo a personas jurídicas, o sea a empresas, pero aquellos que lo hagan para fines de hospedaje tipo hostal, deberán contar con un menú de alimentos. 

Tras la entrada en vigor de las nuevas normas, los cuentapropistas tendrán hasta 90 días para ajustar su negocio a las nuevas disposiciones, lo que les da casi un año para ponerse al día, si se toma en cuenta que las reglamentaciones arrancan el 7 de diciembre.

Una medida que se prevé provocará amplia discusión es el requerimiento de tener una cuenta de banco para poder operar las licencias de pequeños negocios, una disposición normal en los países capitalistas, pero que no había sido requerida por el gobierno cubano, lo cual hacía fácil la evasión fiscal. Este requerimiento busca limitar las transacciones en efectivo entre los negocios privados, algo normal en la actualidad.

Una de las áreas que, sin mucha fanfarria, ha recibido un duro golpe es la correspondiente a la música urbana, como el reguetón. En Cuba es muy popular que discotecas, bares-restaurantes y en  fiestas privadas se contrate a la amplia camada de reguetoneros que existe en la isla sin intermediarios estatales en el medio.

Las nuevas disposiciones requieren, sin hacer referencia directa al reguetón, que toda presentación artística sea contratada a las entidades adscritas al Ministerio de Cultura autorizadas para esos fines. Muchos de los reguetoneros cubanos no están vinculados a ese tipo de organismos, lo cual los obligará a inscribirse y entrar en el canal oficial.

Igualmente, las disposiciones señalan que los dueños de establecimientos se exponen a perder sus licencias si contratan artistas que difundan “la mu´sica o realice presentaciones arti´sticas en las que se genere violencia con lenguaje sexista, vulgar, discriminatorio y obsceno”.

Las regulaciones son amplias y ocupan casi 200 páginas en la Gaceta, pues incluyen normativas en diversas áreas, incluyendo el transporte, un tema espinoso en el país, y renueva el esquema de tributación y empleo en los negocios privados, los cuales operaban, en general, con pocas normativas estatales.

“El trabajo por cuenta propia está reconocido en los documentos rectores de las transformaciones socioeconómicas en curso, de ahí que sea voluntad del Estado seguir desarrollándolo, máxime cuando ha reportado, entre otros beneficios, un incremento de la calidad de los bienes y servicios, además de facilitar el proceso de reordenamiento laboral”, dijo Feitó.

En las calles, las disposiciones eran digeridas por la población, que las miraba con cautela, ya que muchos todavía no habían tenido oportunidad de revisar con calma el contenido del documento.

“Creo que es una buen noticia para quienes se quedaron muy desencantados cuando pararon la entrega de licencias. Tengo una prima que había invertido bastante en una casa que era de su abuela para alquilarla, y pensó que había gastado tiempo y dinero por gusto. Pero en realidad lo único que sé es las cosas cambiaron, pero no cómo y si en algo me beneficia”, comentó a El Nuevo Día el jubilado de 67 años, Ovidio Rendón.

“Otra vez cambian las cosas, pero es muy rápido saber cómo serán las cosas de ahora en lo adelante. No puedo decirte si es bueno o malo, hay que verlo en la práctica si es negocio o no. Tengo que sacar cuentas todavía”, dijo Yúnior, un joven que maneja un carro público que habitualmente cubre la ruta entre la localidad periférica de Alamar y el centro de La Habana.

“No he tenido tiempo de ver bien qué fue lo que se anunció. Cuando regrese a la casa me van a llevar lo que salió en la Gaceta y me voy a sentar con mi padre, que entiende bastante de leyes, para entender de qué se trata. Pero si a partir de ahora nosotros tenemos obligatoriamente que tener contrato con una agencia del Estado, te puedo decir que eso va a traer problemas. Al menos a mí no me funciona. Yo prefiero seguir siendo libre, trabajar cuando quiero y el tiempo que quiero”, dijo Pachi, un cincuentón quien maneja un clásico descapotable en la zona histórica de La Habana.

“Ya el negocio estaba en baja, porque además de que el turismo ha bajado mucho, cada vez son más los carros que se dedican a esto. Creo que somos demasiados ya y ahora esto de agenciarse, no creo que sea bueno. No sé qué pensará el resto de la gente, pero yo me metí en esto hace cuatro años y siempre hemos tenido problemas con todas las medidas que nos han querido poner. Veremos de que se trata esto ahora, cuando todo esté más claro”, dijo Carlos Ernesto, otro chofer de carro antiguo para paseos de turistas por la ciudad.

El cuentapropismo en Cuba ha crecido vertiginosamente desde octubre de 2010, cuando el estado cubano registró 157,371 personas trabajando por cuenta propia o con un negocio personal. En mayo de 2018, esa cifra andaba por los 591,456. La mayor concentración se da en tres sectores, los relacionados a restaurantes y bases (58,101), al  transporte (57.289) y al arrendamiento de viviendas (37,369).

Los cuentapropistas representan el 13 por ciento de la fuerza trabajadora. El 28 por ciento son jóvenes y el 33 por ciento mujeres, mientras que el 65 por ciento del total se concentra en las provincias de La Habana, Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba, según datos oficiales.

El proyecto de negocios privados fue una iniciativa que puso en ejecución el expresidente Castro Ruz, quien provocó un cambio sustancial al modelo socialista del país, cuando comandó la apertura de la economía cubana a negocios privados.

Castro Ruz ha sido el principal propulsor de este sector, pero también el mayor detractor de las ilegalidades que han surgido, la mayoría por corrupción de funcionarios encargados de las cadenas de suministros o de ejecutar las regulaciones, así como por lavado de dinero por parte de testaferros cubanos de personas extranjeras.

“Quienes apuestan por demonizar, criminalizar y enjuiciar a los trabajadores por cuenta propia, escogieron un camino que, además de mezquino, es risible, por insostenible. Cuba cuenta con ellos como uno de los motores del desarrollo futuro. Y su presencia en el paisaje urbano, inequívocamente, llegó para quedarse”, dijo Castro Ruz el 18 de diciembre de 2010, cuando su proyecto insignia despegaba y se encontraba con la resistencia interna de la dirigencia política cubana.

Hoy ese proyecto sigue evolucionando, aunque no en ruta a mayores libertades de negocio, sino en camino a una mayor regulación. Queda por ver cuál será ese desarrollo futuro que el expresidente vaticinó y cómo queda el “paisaje urbano” tras estas nuevas regulaciones.


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