Al centro, Caroline Soto, presidenta del movimiento “Despliega tu actitud emprendedora”. A la extrema izquierda, su esposo, Kelvin Ortiz. Les acompañan las empresarias Militza Sánchez, Amarylis Vázquez, Jennybert Grullón y Belinda Feliciano. (horizontal-x3)
Al centro, Caroline Soto, presidenta del movimiento “Despliega tu actitud emprendedora”. A la extrema izquierda, su esposo, Kelvin Ortiz. Les acompañan las empresarias Militza Sánchez, Amarylis Vázquez, Jennybert Grullón y Belinda Feliciano. (Carla D. Martínez / Especial para El Nuevo Día)

Orlando, Florida – Por semanas, Caroline Soto planificó y coordinó minuciosamente todos los detalles para ofrecer un taller sobre emprendimiento empresarial. Reservó un cómodo salón en un hotel de la turística avenida International Drive, en Orlando, pero nadie llegó esa mañana.

No vendió ni un boleto. Optó por dejar que la gente entrara gratis; nadie se interesó tampoco. El salón quedó vacío y Soto, llena de frustración.

Se dio cuenta de que las cosas en Florida son diferentes a como funcionan en Puerto Rico o Connecticut, donde vivió y trabajó varios años. Aprendió por la vía dolorosa que este es un mercado muy duro, caracterizado por el individualismo y la desconfianza, y había que abordarlo de otra manera.

Un día, quiso darle un vuelco a su profesión como estratega de negocios y decidió abrir su corazón en las redes sociales para contarle al mundo sus frustraciones profesionales y sus éxitos; sus logros y fracasos. La historia del seminario al que nadie asistió fue una de las que compartió en el ciberespacio.

Para su sorpresa, ese ejercicio se convirtió en un puente para llegar a la gente, y lo capitalizó. “Las personas empezaron a conocerme con mis errores, virtudes, y eso ayudó a conectar con ellos, pues creaba empatía”, comentó.

Luego, le surgió la idea de crear un movimiento de libertad empresarial que denominó “Despliega tu actitud emprendedora”, y comenzó a organizar reuniones el primer sábado de cada mes con personas interesadas en el emprendimiento.

“Mucha gente aquí ya no quiere trabajar en alianzas con otros profesionales, ni en colaboración. Y, aunque muchos aquí hablamos español, es difícil comunicar las ideas de forma efectiva, pues cada cual está en lo suyo”, explicó sobre el mercado floridano.

“¿Qué por qué somos así? Esa falta de apego social es por pasadas malas experiencias y también, porque a los puertorriqueños e hispanos nos gusta ser independientes y que nos reconozcan lo que hacemos. Es algo cultural”, aseveró la mujer, quien en Puerto Rico ofreció servicios de asesoría en recursos humanos a hospitales y cadenas de restaurantes.

Gestora de cambios

Con este movimiento que creó hace casi dos años, Soto siente que las cosas pueden cambiar. Más de 1,200 mujeres en la Florida Central han sido impactadas y 29 han logrado crear sus empresas trabajando en equipo, tejiendo alianzas e, incluso, laborando con empresarios que ofrecen productos y servicios similares.

“Esta es mi aportación a la sociedad. Es una manera diferente de trabajar y, si bien tiene efectos positivos financieros y empresariales, también sirve para llenar un aspecto emocional: todos aquí llegamos dejando atrás a nuestras familias y aquí, al trabajar juntas, hemos llenado ese espacio vacío de la familia que quedó lejos”, explicó.

Destacó que hay personas que tienen una idea de negocio, pero no saben cómo organizarse. Otros quieren ser empresarios, pero no saben qué proyecto lanzar. Para los primeros, hay talleres que ayudan a estructurar la idea y crear un plan de mercadeo. Para los otros, hay herramientas que permiten conocer qué talentos tiene la persona y cuáles son sus intereses.

También, se les enseña a desarrollar modelos de negocios que tengan el “ADN” de la persona, se les educa sobre cómo operar y manejar las redes sociales y también se les ayuda a registrar su negocio y monetizarlo.

En todo el proceso, se provee apoyo individualizado, explicó Soto. Algunos talleres son gratis y otros conllevan un costo.

34 Talentos

“Hay estudios que dicen que todos tenemos 34 talentos y cinco son los dominantes. A través de este proceso, se ayuda a identificar esos dones”, contó la mujer.

Ser empresario no es para todos, pues hay quien prefiere un trabajo corporativo con un horario estructurado. “Lo importante es que las personas amen lo que hacen, sea un empresario o sea un empleado. Cuando a uno le gusta lo que hace, es más feliz y aporta a la sociedad”, comentó.

Según Soto, entre la gente de Florida existe un gran deseo de ser sus propios jefes.

“La magia aquí es colaborar y trabajar juntos, pues hay espacio para todos. El dinero está creado, lo que se necesita es buscar formas creativas para que ese dinero pase del bolsillo equivocado al tuyo”, expresó y soltó una carcajada.

Aunque el proyecto de desarrollo empresarial está enfocado en las mujeres, han llegado caballeros. Uno de ellos fue el puertorriqueño Kelvin Ortiz, quien estudió psicología y su meta profesional era conseguir un trabajo en el gobierno de 40 horas a la semana.

Pero, un día, Ortiz escuchó una charla de Soto y descubrió que podía tratar de alcanzar su sueño profesional con la libertad que permite el empresarismo.

Y no solo se animó en este aspecto. Se entusiasmó tanto con Soto y sus ideas que se casó con ella. Hoy, ambos trabajan en esta iniciativa.

“Es un reto, pero en Florida se puede ser emprendedor y vivir de eso. Querer, creer y hacer es todo lo que necesitas para que las cosas sucedan”, puntualizó Soto.


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