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Jaime Martí y Igraine Hemphill (Carla D. Martínez / Especial GFR Media)

Kissimmee, Florida – Un suculento mofongo boricua relleno de churrasco preparado al estilo argentino rebosa dentro de un pilón de madera. La salsa cremosa de chimichurri, con un leve toque picoso, corona el plato y se desborda sobre un recipiente. Parece una escultura.

Un chillo frito está anclado sobre un plato, abierto en el centro como una flor, y de su interior se asoman enormes camarones, mejillones y calamares en una deliciosa salsa cremosa y blanca. Le acompañan tostones preparados al momento y, por el lado, una ensalada verde…como un eufemismo para los que cuidan la dieta.


Don Pepito Tropical Eatery, -en el 4150 West Vine Street en el corazón de Kissimmee- es el nuevo vecino en el paisaje gastronómico de la Florida Central, lugar donde están floreciendo los ofrecimientos para los comensales y se multiplican con asombrosa rapidez principalmente a causa de empresarios puertorriqueños.

Don Pepito es el proyecto de los puertorriqueños Igraine Hemphill, una exmodelo que laboró por años en el campo de la publicidad y el mercadeo en Puerto Rico, y de su esposo Jaime Martí, un empresario que ya descollaba en el mundo de los negocios desde los 14 años cuando ya tenía una empresa de “disc jockey” llamada “Beats for you” con una respetable cartera de clientes.

Se mudaron a Florida Central hace cuatro años pues la empresa en la que Jaime laboraba -dedicaba a ofrecer servicios de reciclaje de aceites a restaurantes- lo relocalizó en este estado. Igraine vio en la movida una oportunidad para ubicarse en un mejor ambiente para sus hijos a quienes le apasionan los deportes, y dio el visto bueno para que la familia “cruzara el charco”.

Ya viviendo en Kissimmee, Jaime se hizo muy amigo del chef argentino Sebastián Amico, conocido por estar a cargo de los restaurantes de Gloria y Emilio Estefan y por ser el cocinero personal de otras personalidades. Ambos tenían una idea en común: montar su propio negocio. Unieron sueños y abrieron Don Pepito. De este abrazo empresarial nació esa fusión que caracteriza Don Pepito y que es la sumatoria de los procesos más puros en la confección culinaria boricua y caribeña con la argentina.

“El nombre del restaurante es en honor a mi papá”, explicó Jaime al aclarar que la idea de denominar así esta empresa vino de su esposa. Y es que esta pareja combina lo estructurado y metódico de él; con la creatividad explosiva y gran sentido de humor de ella. Esa mezcla se percibe en el amplio espacio del restaurante en donde se combina lo elegante, que no intimida, con los casual que invita a sentirse como en casa.

Abrieron el restaurante el 25 de febrero. La oferta que esta pareja ofrece a sus clientes se extiende más allá de sus sabrosos y bien presentados platos. Estos prometen a sus clientes que no tendrá que esperar mucho en una fila. “Tenemos 5,632 pies cuadrados en un espacio donde podemos acomodar 200 personas sentadas”, explicó el empresario.

El lugar emplea a 25 personas en diversos turnos y requirió una inversión de aproximadamente $150,000.

Junto a la garantía de esperar poco, se suma el juramento de estos empresarios de que siempre tendrá productos frescos en su plato. “Los mariscos los buscamos cada día en una pescadería y utilizamos productos de calidad”, dijo Jaime. “Y todo se hace al momento. Aquí no hay ‘hot tables’ para mantener comida caliente previamente preparada”, aclaró Igraine.

En esencia, este restaurante ofrece una vuelta a lo básico en la cocina y ello no debe confundirse con simpleza. “El mofongo no lo hacemos con mantequilla pues la mantequilla te deja una filmina en la boca que impide que disfrutes otros sabores”, soltó Jaime. “Lo hacemos con aceite”, aclaró.

Al menú se suma el ofrecimiento de una barra completa donde se sirve de todo ya que el establecimiento tiene licencia para dispensar todo tipo de bebidas. Además, en el menú no falta el bisté encebollado, las chuletas cancanes; el lechón asado con cuerito incluido; mofongos, trifongos y paellas. “¡Y nuestros tostones son aplastados en casa!”, intervino Igraine con jocosa picardía.

“Todo esto nos garantiza que podamos ofrecer al cliente una oferta gastronómica diferente”, dijo Jaime quien espera, para finales de este año, abrir otro restaurante en Oviedo y en el 2020 en Tampa. Más adelante, consideran lanzar franquicias de un concepto más pequeño.

“Aquí en Florida hay tantos puertorriqueños y latinos que hay un gran espacio y oportunidad para todos en este tipo de industria. Lo importante es que compitamos en buena lid y nos ayudemos”, afirmó Jaime.


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