Mayra Alvera, madre de una de las víctimas de la masacre de Pulse. (horizontal-x3)
Mayra Alvera, madre de una de las víctimas de la masacre de Pulse. (Carla Martínez / Especial para El Nuevo Día)

Amanda Alvear, una de las víctimas fatales de Pulse, descansa en paz. Es su madre, Mayra, quien revive cada día el infortunio de haber perdido al más pequeño de sus retoños en medio de un evento violento que nunca debió haber ocurrido.

Siniestros como este dejan muchas más víctimas en el mundo de los vivos que en el de los muertos. Son los damnificados emocionales que reviven a diario su martirio al tiempo que buscan cómo mitigar el dolor.

Mayra lo ha hecho involucrándose en grupos activistas LGBTT aun cuando su hija, no pertenecía a esta comunidad. Su lema es promover los abrazos, no el odió; fomentar el amor no el uso de armas. De esta forma, como un tributo permanente, honrará la memoria de Amanda, cuyas fotos inundan las paredes de la casa y en cuyo cuarto quedan los recuerdos de la fatídica noche.

Antes de la tragedia, Mayra vivía la vida usual del boricua que anda por estas tierras: ocuparse de su familia, trabajar y regresar al hogar. Pero eso cambió dramáticamente, al grado que cada uno de los días que han transcurrido tras este violento evento, ha dedicado horas a trabajar, contactar familiares de otras víctimas, reclutar firmas entre quienes se oponen a la proliferación de armas y, entre una cosa y otra, dejar asomar lágrimas por Amanda. Por Amanda y también por Nelson, otro hijo que en el 2001 falleció de cáncer.

Han sido dos golpes contundentes de los que nunca se recuperan los padres. Peor Mayra saca fuerzas de algún lugar. Y allí, en la sala de su casa en Tampa, abrazada a un cojín que con palabra “LOVE”, habló de su hija con temple, pero soltando, de vez en cuando, las lágrimas que denotan la pérdida irremediable de una vida joven. Cuenta que, en mayo, un mes antes de la tragedia, la relación romántica de Amanda con su novio terminó. Ellos, y el fin de su curso académico, a socializar más, cosas que apenas hacía por estar de lleno en sus estudios para convertirse en técnico de farmacia.

“Siempre celebramos el cumpleaños de Nelson, que murió en el 2001. Cumple el 7 de junio. Y ese día, días antes de la tragedia (12 de junio) fuimos a comer. Recuerdo que se hizo una foto, la subió y escribió “Nelson, nos vemos pronto en el portón del cielo”, contó Mayra. Antes de eso, Amanda se había ido de crucero. Como parte de la aventura logró nadar con delfines. Subió una foto en las redes sociales diciendo que esa aventura con el mamífero marino diciendo que esta era una de las cosas que tenía pendiente en su lista de deseos, esa que muchos confeccionan y en la que se enumeran los sueños por lograr antes de morir.

Mayra cuenta estas cosas tratando de explicar sin frases elocuentes que, de alguna manera Amanda, presentía algo. “Así es la vida”, dijo.


💬Ver 0 comentarios