Omar Delgado, expolicía de Eatonville, fue uno de los primeros en llegar a la discoteca Pulse, en Orlando, tras la masacre que se escenificó allí en junio del 2016. (semisquare-x3)
Omar Delgado, expolicía de Eatonville, fue uno de los primeros en llegar a la discoteca Pulse, en Orlando, tras la masacre que se escenificó allí en junio del 2016. (GFR Media)

Orlando, Florida - A más de dos años de la pesadilla en la discoteca Pulse, donde 49 personas fueron asesinadas por un pistolero, el expolicía boricua Omar Delgado -uno de los primeros en atender la escena- logró que le concedieran beneficios por incapacidad tras quedar marcado emocionalmente por ese sangriento suceso.

Al principio de todo, pensé que sería fácil …un, dos y tres. Pero empezaron las dificultades y los cuestionamientos para no darme ese beneficio. Pero, al final, y luego de más de dos años, le gané al sistema”, dijo Delgado ayer a El Nuevo Día.

Explicó que la Junta del Sistema de Retiro de la Policía de Eatonville, cuerpo de seguridad en el que sirvió 10 años, luchó por sostener que el síndrome de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés) que desarrolló tras intervenir en la escena de la masacre era un padecimiento temporal.

Sin embargo, otros tres médicos que han atendido al exoficial por los pasados dos años han establecido que la condición de Delgado es permanente debido a la magnitud de la escena que tuvo que enfrentar aquella noche cuando un pistolero entró a la discoteca Pulse, en Orlando, durante una fiesta Latina, lugar que era frecuentado por personas de las comunidades LGBTT.

El PTSD es una enfermedad que surge tras eventos traumáticos como guerras, huracanes o eventos violentos. Hace que quien lo sufre experimente que el evento está sucediendo nuevamente, produce pesadillas, causa dificultades para dormir, sentimientos de soledad, ira y hasta depresión, entre otros síntomas.

Nueva lucha

Este triunfo es significativo, y Delgado se siente feliz de haberlo logrado. Pero ahora la batalla se encamina por otro flanco. La pensión que se le concedió fue el porcentaje mínimo: un 42% de su salario. Delgado siente que la asistencia debe ser mayor.

“Ese número lo estamos cuestionando”, dijo al afirmar que ello no quita el alivio que siente porque, al fin, su familia tendrá un sustento fijo y permanente.

Este es un cambio del cielo a la tierra, afirmó. Pero lo que no ha variado es la recurrencia de sus pesadillas. Desde ese suceso, el 12 de junio del 2016, hace más de 900 noches que revive el mismo delirio: detonaciones, oscuridad, cuerpos ensangrentados.

Sus propios gritos lo despiertan cada noche luego que aquella madrugada, hace dos años y medio, fue de los primeros policías en llegar a la discoteca Pulse, donde el pistolero Omar Mir Seddique Mateen llegó y abrió fuego, y mató a 49 personas y dejó a 58 heridas.

Aparte de sus terapias semanales, Delgado cuenta con el apoyo de Jediah, un perro de servicio que le obsequió la organización Fairway for Wounded Wariors. Aunque no es un militar, su gesto de salvar a una persona dentro de esa discoteca equivalió a luchar contra el terrorismo y, por eso, esa entidad decidió entregarle esa mascota.

Cuando Jediah percibe que Delgado atraviesa un ataque de pánico, se le acerca, le pega su hocico al cuerpo de manera que el expolicía comience a acariciar al can. Ese gesto baja sus niveles de ansiedad. Lo calma. Le hace pensar en otras cosas. Hace que los fantasmas de la tragedia se desvanezcan.

Como no logró curarse del síndrome de estrés postraumático, lo despidieron de su plaza como policía en el cuartel de Eatonville. Fue el mismo cuartel en el que, en el 2013, le concedieron el premio de “Oficial del Año”.

Como parte de esa terapia, decidió ayudar a otros para así también sanarse a sí. Por eso, creó el National Victim Support Network, a través de la cual enseña a otros como él dónde conseguir servicios de apoyo.


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