Dentro de la barbería "New Concept Barber and Art Gallery", además de recibir el servicio de corte de cabello, también podrás apreciar obras de arte puertirroqueño.

Orlando – Lugares donde cortarse el cabello hay muchos, pero en pocos podrá recibir una buena rasurada, un recorte estilizado o un atractivo peinado mientras sus ojos de desplazan sobre obras de arte pintadas por artistas puertorriqueñas.

Esta es una barbería que al mismo tiempo es una galería. O tal vez es al revés. Lo importante es que ambas dinámicas cohabitan en una relación simbiótica donde una vive de la otra: una embellece el alma y la otra el semblante.

Así, cerca de una silla de barbero y un pequeño estante donde reposa una máquina de recortar, tijeras, navajas y un secador de pelo, hay una obra del reconocido artista boricua ya fallecido Osiris Delgado. En otra esquina, y cerca de una silla similar estaba colgada una xilografía del artista Martín García Rivera titulada “Manos ancestrales”.

Este concepto es la creación de dos jóvenes puertorriqueños, Ángel Iván Rivera y Gabriel Marrero. Ambos laboraban en una barbería, pero decidieron emprender su propio negocio para darle espacio a esta idea que bautizaron con el nombre “New Concept Barber and Art Gallery" y ubica en el 12427 South Orange Blosson Trail, en Orlando.

En Florida no se conocía mucho la aportación del arte puertorriqueño y abrimos aquí hace dos años y medio. Lo que no esperaba era que tantos artistas iban a llegar buscando donde exhibir su trabajo”, dijo Ángel Iván.

“La gente a veces se intimida al ir a un museo o galería, pero todo el mundo necesita ir a una barbería. Así, a través de algo tan común como es arreglarse el pelo, llevo la experiencia del museo o de la galería a la gente”, agregó el hombre quien también es un pintor que se ha concentrado en el arte abstracto y expresionista.

Aunque estudió Humanidades y artes en la Universidad de Puerto Rico, desde los 15 años trabaja como barbero, oficio que le permitía generar ingresos para subsistir, explicó el artista y empresario de 38 años.

Su entusiasmo y pasión por el arte es tal que creó un proyecto llamado “Custodios de la herencia”, que ha permitido exposiciones colectivas en museos en la ciudad de Ocala, Florida y en Chicago. Escucharlo hablar denota de inmediato que Ángel Iván no es un barbero común.  Es en realidad un artista que, de paso, le gusta recortar, y de cuyos labios brotas palabras que evidencian lo que abunda en su corazón, su amor por la patria lejana plasmada a través del arte.

“Somos un pueblo dividido entre las expresiones de los puertorriqueños en la diáspora y los de la Isla, y para conocer nuestra historia tenemos que contar las dos versiones”, explicó al afirmar su deseo de integrar a artistas conocidos y emergentes para interpretar a Puerto Rico a través de las artes plásticas.

En otra pared de salón hay un gran óleo donde se observan unos muchachos sentados. Por allí llegó, tal vez por casualidad, su autor quien venía por un corte de cabello. Don Alejandro de Jesús, un cagüeño de 75 años fue maestro de arte y ha sido pintor toda su vida. Contó que cuando se mudó a Florida llegó cargando con sus pinturas, hasta que conoció a Ángel Iván y éste le pidió exponer este óleo en la barbería/galería.

“Esa pintura es como Puerto Rico y enseña como decía aquella canción, los colores de mi tierra. Fíjate que los muchachos son de todos los colores, desde el más blanquito, el colorao’, hasta el moreno. Así somos”, dijo el hombre quien se ubicó en la silla donde Ángel Iván lo recortó.

Una de las experiencias más dramáticas de esta aventura fue el día que el joven empresario conoció al hijo de un artista puertorriqueño, poco conocido en la Isla, pero cuya obra descolló en el estado de Connecticut, un destino de migrantes boricuas en la década de 1970. Es el trabajo de Valentín Tirado Barreto, un cialeño ya fallecido y cuya propuesta artística trata sobre la cultura, sociedad boricua y cuenta la historia de los puertorriqueños migrantes.

“Un día su hijo llegó con unas fotos de las obras de su padre y cuando las analicé y estudié enseguida detecté influencias de Lorenzo Homar y de Marín y me pareció interesante”, contó. Rescató las obras que estaban depositabas en un sótano en Connecticut y en julio serán las protagonistas de una exposición en este lugar.

Durante el día, aquí le acicalarán el cabello, la cuadrarán las patillas y la barba y a las damas las dejarán regias. Pero en algunas noches, este espacio se transformará. Las luces tendrán un matiz diferente y se enfocarán para destacar las obras colgadas en las paredes.

No se escuchará el chirrido de las rasuradoras, ni el sonido sordo de los secadores de mano pues se impondrá el murmullo de quienes alimentan el alma con el arte, arte de la diáspora puertorriqueña.


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