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Funcionarios de la Oficina del Supervisor de Elecciones en el condado de Broward cuentan papeletas a mano. (AP)

Orlando, Florida - Las denuncias sobre papeletas perdidas, mal identificadas y los careos y demandas entre algunos candidatos harán que las pasadas elecciones de medio término en Florida pasen a la historia como una de las más tumultuosas y que pudieron lacerar la confianza pública en este ejercicio democrático.

A casi dos semanas de los comicios, Florida aún no tiene formalmente un gobernador ni un senador federal y, aunque hay otras candidaturas en el limbo electoral, estas dos son las más importantes.

“Una elección con este nivel de peleas tiene precedente en la elección presidencial de Florida del 2000 (George Bush versus Al Gore), cuando requirió en Florida un recuento que tardó más de un mes en resolverse. Fuera de eso, este tipo de situación no se acostumbra a ver en Florida”, dijo el analista político Jorge Bonilla, abogado manatieño y que vive en Florida Central.

Ayer, se disipó un poco la nube que había sobre la contienda a la gobernación, luego que un recuento de votos a máquina mantuviera al republicano Ron DeSantis en la delantera con 4,075,445 votos sobre el demócrata Andrew Gillum, quien tenía 4,041,762. No será necesario un nuevo recuento manual, pues la diferencia de votos ya no es tan estrecha: 33,683 votos.

De hecho, tras el recuento -que tardó cinco días- Gillum solo agregó un voto adicional a sus números, según los datos de la Oficina del Supervisor de Elecciones de Florida.

Estos resultados se deben certificar por esa oficina el próximo martes 20 de noviembre. Gillum, por su parte, que se mantiene en no conceder el triunfo a DeSantis, tiene hasta el 30 se noviembre para impugnar el resultado, explicó Bonilla.

Pero este no es el caso de la contienda al Senado federal entre el gobernador de Florida, el republicano Rick Scott, y el demócrata Bill Nelson. Esta carrera electoral, que había mantenido cierto nivel de altura y sosiego, se desbordó en insultos, acusaciones y demandas de lado a lado cuando terminó la elección la noche del martes. La estrecha ventaja impidió declarar un ganador aun cuando Scott estaba al frente por pocos cientos de votos.

Un recuento con máquinas electrónicas tampoco resolvió el asunto. La diferencia quedó aún más cerrada y fue necesario activar el siguiente paso: un recuento a mano que apenas inició ayer. Cuando la diferencia entre los candidatos es menor a un .5%, la ley de Florida ordena un recuento utilizando las máquinas. Pero, cuando esa diferencia es menor de un .25% -como es este caso- hay que revisar los votos de forma manual.

La diferencia de votos entre Scott y Nelson quedó en apenas 12,603 votos. En este recuento manual, se analizan las papeletas con problemas. Es decir, aquellas en donde el elector votó mal o hizo marcas inadecuadas, a menos que un juez dictamine que se cuenten todas las más de 8 millones de papeletas, explicó Bonilla, para quien es incierto el tiempo que podrá tomar este recuento manual.

“Los resultados que están ya no van a cambiar y el que perdió ya tiene que aceptarlo, sino se crearán dudas en el electorado y no podemos permitir que se afecte el proceso democrático de un país”, expresó, por su parte, Luis Figueroa, presidente de PODER, la entidad creada en Estados Unidos por el gobierno de Puerto Rico para incentivar el voto puertorriqueño.

Tras las elecciones, hubo informes periodísticos que daban cuenta de papeletas que aparecían abandonadas en salones de clase; fotos de vehículos no autorizados transportando boletas, y denuncias de condados que no cumplían la ley que ordena que se rindan informes periódicos con resultados.

“Son cosas que quizás no fueron ciertas, porque si lo hubieran sido, ya las autoridades hubieran procesado y acusado a alguien”, afirmó Figueroa.

Pero lo cierto es que todo esto creó un ambiente de confusión y desorden en un estado pendular cuyos resultados suelen influenciar el resultado de las elecciones presidenciales. Los condados eje de la controversia mayor fueron los de Broward y Palm City.

“Estos son los condados donde siempre hay problemas, son las axilas de Florida, y lo que allí ha pasado, dista mucho de lo que pasa en otros condados como Orange y Seminole, donde reina el orden y sus supervisores, hasta premios han ganado”, indicó.

En Florida, el proceso electoral lo encabeza el Departamento de Estado, pero cada condado tiene su supervisor de elecciones con cierta autonomía. De hecho, cada condado puede tener papeletas diferentes pues elige sus propios funcionarios y decide aspectos únicos a sus jurisdicciones. Florida tiene 67 condados.

En la tarde de ayer, la campaña de Scott invitó al senador demócrata Nelson a conceder la derrota. “En este punto, parece que la única persona que no está al tanto de que llegó la hora para que Bill Nelson se eche a un lado es el propio Bill Nelson”, declaró Scott en un comunicado de Prensa que circuló.

Nelson, por su parte, no emitió ningún comentario.

Mientras, Gillum publicó en Twitter : “Nuestro camino a seguir es claro: que se cuente cada voto”. Con este mensaje reiteró su postura a no concederle el triunfo a DeSantis.

DeSantis apenas ha entrado en discusiones, pues desde la noche de las elecciones, asumió que ganó y comenzó sus reuniones de transición. Ayer, sin embargo, emitió unas declaraciones indicando que la campaña terminó y ahora toca a todos en Florida trabajar unidos.

“Y, con este fin, invito al alcalde Gillum a unirse a mí en los próximos días en una conversación sobre el futuro de nuestro gran estado. Ambos hemos viajado por el estado y nos encontramos con floridanos de todos los ámbitos de la vida. Creo que compartir estas experiencias nos ayudarán a unir nuestro estado”, dijo DeSantis en declaraciones escritas.


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