José Rojas es un empleado federal que ahora tiene que trabajar doble para su familia.

Apopka, Florida – La apertura temporal del gobierno federal durante tres semanas no ha traído tranquilidad a la vida de Joe Rojas, un puertorriqueño que trabaja como maestro en el Complejo Carcelario Coleman, la prisión federal de alta seguridad más grande en Estados Unidos y que ubica en la ciudad de Wildwood, Florida.

Este cierre sin precedente culminó el viernes luego de 35 días cuando el presidente Donald Trump cedió a la presión de diversos sectores y accedió a promulgar una ley para reanudar las operaciones durante tres semanas dejando a un lado, por el momento, su exigencia para que el Congreso asignara miles de millones de dólares para la construcción de un muro en la frontera con México.

“Es que temo que, luego que pasen esas tres semanas, vuelvan a cerrar el gobierno”, dijo Rojas. “Aún estoy nervioso. No confío en el gobierno. Esto no ha acabado”, dijo quien imparte clases en esa prisión y está a cargo de administrar los exámenes para la obtención del diploma de escuela superior.

Esta suspensión de operaciones gubernamentales, la más larga en la historia, le ha pasado factura a él y a su familia, residentes en Apopka, a 30 minutos al noroeste de Orlando.

Tuvo que estar trabajando todos los días jornadas de 10 horas sin recibir un solo centavo. Y como no devengaba dinero, tras terminar esas 10 horas, abordaba su movía al área del aeropuerto de Orlando.

“Luego de salir de la cárcel, trabajo cinco horas diarias en Uber llevando y trayendo turistas”, dijo el hombre. “Y aunque el gobierno abrirá por tres semanas, no dejaré Uber porque no sé qué va a pasar”, agregó.

Su turno inicia a las 6:00 a.m., pero debe levantarse más temprano ya que debe guiar cerca de 50 minutos para llegar al trabajo. Sale a 4:00 p.m., regresa a su casa a preparar comida para su familia y a las 6:00 p.m. se va a trabajar como conductor de Uber hasta eso de las 10:00 p.m.

Aunque se habla de que le pagarán su salario retroactivamente, los más de 30 días de trabajo extenuante sin paga crearon una crisis en su situación económica familiar pues a los pagos regulares de agua y electricidad, se sumó la compra de una nueva vivienda hace poco más de un año. Por suerte, su esposa trabaja, y si bien no es suficiente, es un ingreso que ayuda a alivianar la carga.

La opción de trabajar como conductor de Uber era la alternativa más rápida para traer más dinero a la casa. “A veces atiendo entre 10 y 15 clientes y eso me ha ayudado. Con eso pago las cuentas…el agua, la luz. Pero el cable lo voy a quitar y ya cancelé el servicio del jardinero”, dijo.

Las compras de alimentos ya no son como antes. “Ya no compramos tanta carne. Ahora tenemos que comprar muchas cosas de lata pues son más económicas y se pueden guardar. Hemos dejado de salir a pasear y comer fuera, algo que hacíamos con frecuencia en familia”, agregó, el hombre quien ha trabajado en esta instalación federal por 24 años.

“Me siento exhausto mentalmente y físicamente. Y lo peor es que cuando me acuesto a descansar, apenas puedo dormir pensando en todo esto”, agregó.

Rojas también es el representante sindical en Florida de los empleados del Negociado de Empleados Federales de Prisiones, que agrupa a cerca de 1,000 trabajadores.

Contó que algunos de sus colegas están en una situación peor que la suya pues hay parejas de matrimonio que ambos son empleados federales. Otros son padres solteros que han tenido que dejar de ir a sus centros de trabajo pues no pueden costear los centros de cuido para sus hijos. Al menos en Florida, el costo por el cuido de un niño puede ser de $1,000 al mes por cada menor.

“Hay compañeros que ante esta inestabilidad van a renunciar para buscar otro empleo. Vamos a estar pendiente mucho ‘staff’. Somos clase media. No somos ricos”, afirmó.


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