El trabajo de la diáspora ha tomado ahora una ruta de apoderamiento social enfocado en el tema político (semisquare-x3)
El trabajo de la diáspora ha tomado ahora una ruta de apoderamiento social enfocado en el tema político. ( Especial el nuevo día / Carla D. Martínez )

Orlando, Florida - Ese otro Puerto Rico, integrado por casi cinco millones de personas y que vive desparramado entre diversas ciudades de Estados Unidos, logró aglutinarse rápidamente tras el paso del huracán María para desbordarse en ayuda humanitaria a favor de los damnificados.

Y ahora, a un año del azote del poderoso huracán, ese junte de la llamada diáspora se ha ido transformando.

En la medida que Puerto Rico vuelve a la normalidad, el liderato comunitario ha aprovechado el “momentum” boricua para alinear ese avivamiento en otras vías.

Esa gran aglutinación de la diáspora y su gran fuerza muestra ahora una ruta de política pública para dar a Puerto Rico apoyo político, moral y social, para hacer ver y hacer valer su fuerza dentro de la política de Estados Unidos”, expuso el doctor en psicología y rector de la Universidad Carlos Albizu, Julio Santana.

Tras el paso del huracán, miles de puertorriqueños en estados como Florida, Pensilvania, Connecticut, Nueva York, Nueva Jersey, Carolina del Norte, Nevada y Texas, entre otros, se integraron en un esfuerzo humanitario que se convirtió en el auxilio a la isla, en momentos en que la ayuda de los gobiernos estatales y federales lucía descoordinada o no llegaba con rapidez.

Desde la diáspora, las comunidades recaudaron dinero, fletaron aviones para enviar ayuda o sacar a personas con serios problemas de salud; arrendaron contenedores en cuyo interior se transportaron miles de libras de alimento, ropa y artículos de primera necesidad; y hubo médicos, psicólogos y otros profesionales de la salud que se trasladaron a la isla, por mencionar algunos ejemplos de esa expresión humanitaria.

Al mismo tiempo, y por la magnitud del desastre, Puerto Rico se hizo visible en los medios noticiosos nacionales. El tema de la isla era, y aún es, noticia de primera plana en los medios nacionales y, en poco tiempo, Estados Unidos aprendió que los boricuas son ciudadanos americanos desde 1917, cuando el Congreso aprobó la Ley Jones.

Muchos políticos de Estados Unidos, así como gobernantes, alcaldes y congresistas, tuvieron que incluir a la isla en su agenda, no solo porque era un tema de tendencia mundial, sino porque esa masa humana de puertorriqueños en la diáspora se revelaba numéricamente y eso, en lenguaje político, significa votos.

Así, ya no era un mito que los boricuas en ciertos estados de Estados Unidos podían influenciar las elecciones. Eso quedó demostrado en las pasadas primarias donde, al menos en Florida, se reportó una participación electoral sin precedente, cosa que se atribuye a la militancia hispana y a la conciencia que el puertorriqueño adquirió sobre todo a raíz de las movilizaciones públicas post-María.

“Había un activismo entre la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos, pero era más cultural enfocado en las paradas y en realzar los valores puertorriqueños, pero nada fuerte”, dijo Julio López Varona, portavoz de varias coaliciones de organizaciones puertorriqueñas en Connecticut, Pensilvania, Nueva York, Nueva Jersey, Nevada y Carolina del Norte, entre otros, y quien es portavoz de la organización Centro para la Democracia Popular.

“Había luchas comunitarias en diversas ciudades. Los primeros meses fue para que FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) diera las ayudas a los puertorriqueños. Luego, comenzó la batalla contra esa agencia cuando amenazaban con terminar el programa de refugios”, indicó.

“Y entonces, se comenzó a pensar políticamente pues también comenzaban a asignarse recursos económicos de sindicatos y fundaciones comunitarias para que organizaciones cívicas empezaran a inscribir electores hispanos. El huracán generó un ciclón social en un momento político que apuntaba al impacto del voto puertorriqueño en lugares como Florida, Carolina del Norte y Pensilvania por la cantidad de boricuas que estaban llegando tras María”, dijo.

Esa respuesta de ayuda tras el huracán fue la reacción típica de un familiar que ve a un pariente atravesando una emergencia, sostuvo Jimmy Torres Vélez, líder comunitario boricua en la Florida Central y quien, tras el paso del huracán, se convirtió en el agente aglutinador de la comunidad puertorriqueña en esta zona.

Antes de eso, las comunidades boricuas en Florida lucían desvinculadas. Cada cual se agrupaba según sus ideas, convicciones y necesidades. El huracán eliminó esas murallas, al menos temporalmente, resaltó.

“Nos perdonamos, nos olvidamos de las diferencias y dejamos que el cariño floreciera. Eso lo vivimos las primeras semanas. Luego, empezaron a salir las diferencias sobre cómo se debieron hacer las cosas, y se acentuó cuando comenzamos a criticar la lenta respuesta de las agencias federales hacia Puerto Rico”, dijo Torres Vélez.

“El partidismo comenzó a nublar los sentidos”, agregó, al narrar cómo este junte comunitario ha comenzado a mostrar señales de debilitamiento debido a la política partidista.

¿No cree que estamos siendo muy duros con nosotros mismos?, se le preguntó.

“Tenemos que ser duros con nosotros mismos para aprender. Pero, por otro lado, este esfuerzo sí ha ayudado a potenciar el tema electoral. Cuando nos damos la oportunidad de conocernos mejor, podemos trabajar de forma unida aun con nuestras diferencias políticas. María nos dio esa oportunidad”, respondió.

La intervención de la diáspora también dejó una lección importante: que las ayudas que se envíen en un futuro deben ser coordinadas con comunidades, iglesias y líderes ciudadanos, no con alcaldes, políticos o entes gubernamentales, destacó Torres Vélez. “Frustra ver que alguna de la ayuda que se pudo haber enviado desde acá apareciera en vagones, perdidas en Puerto Rico”, dijo.

La misión de Torres Vélez es aprovechar la visibilidad que esta crisis ha dado a Puerto Rico para destacar la importancia que tiene en este momento histórico el voto de los puertorriqueños en Estados Unidos. Suestrategia es evitar que el tema del estatus político isleño se infiltre en la discusión y, en su lugar, apostar a identificar quiénes han sido buenos administradores y amigos de la isla.

“La forma de hacer esto no es hablando ideológicamente. Tenemos que exigir que los ciudadanos americanos de Puerto Rico tengan los mismos derechos que el resto de los ciudadanos. Y si el Congreso no puede hacer esto, pues que no los diga para que tomemos una decisión. Pero esta es una conversación que la tenemos que tener acá en Estados Unidos”, dijo el líder comunitario.

“Tenemos que organizarnos para negarle el voto a quienes nos dieron la espalda y así es que vamos a cambiar el juego. Eso lo hacen los judíos con el tema de Israel y los cubanos con el tema de Cuba. Pero los boricuas le hemos dejado esto a los políticos y tenemos que quitárselo”, afirmó.

Religiosos

El sector religioso de la diáspora boricua también mostró un rol vital con los puertorriqueños más allá de la función de sanación espiritual, al menos en Florida.

Cuando terminó el programa de refugio temporero de FEMA, fue el sector religioso, junto a una alianza de comunidades, quien encaminó un plan para que las familias desplazadas no quedaran en la calle.

Al momento, coordinan la búsqueda de viviendas a bajo costo en la zona de Ocala (fuera de Orlando). También, han ayudado económicamente a los refugiados.

“Hemos estado haciendo el trabajo que no ha hecho el gobierno de Florida. De hecho, el gobierno local ha abandonado a los ciudadanos americanos puertorriqueños”, dijo el padre José Rodríguez, sacerdote de la iglesia episcopal Jesús de Nazaret.

Mientras, el sector cristiano protestante se concentró en enviar generadores de emergencia a Puerto Rico, así como alimentos y artículos de primera necesidad.

“Ahora lo que nos atañe es transmitir que Puerto Rico tiene que luchar por levantarse y mantener al país de pie y de mantenernos conectados los puertorriqueños de aquí y de allá”, dijo el reverendo puertorriqueño Ángel Marcial, obispo de Latinoamérica de la Iglesia de Dios.

Despertar

Para el sociólogo y catedrático de la Universidad de la Florida Central (UCF), el puertorriqueño Fernando Rivera, la interacción entre los boricuas en Estados Unidos con los de la isla despertó una conciencia de integración que estaba dormida.

En esta relación, los boricuas en la isla tuvieron un reconocimiento del valor de ese otro Puerto Rico que vive en Estados Unidos, mientras que la diáspora se apoderó de su rol como un instrumento de auxilio, así como de presión al gobierno de Estados Unidos respecto a las necesidades en los municipios, explicó.

“Es la diáspora boricua la que tiene derecho al voto acá. Es el brazo de poder que podría tener un impacto en el futuro de la Puerto Rico”, dijo Rivera.


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