Frances Santiago, residente de Rolling Hills Estates en Kissimmee y quien está en una disputa con el consejo residencial de su urbanización por tener una bandera de Puerto Rico ondeando frente a su residencia. ( Especial El Nuevo Día / Carla D. Martínez)

Kissimmee - Orgullosa de sus ejecutorias militares en el Ejército, Frances Santiago tuvo por un año ondeando frente a su casa la bandera de Estados Unidos - Lo hizo a mucha honra pues sirvió en ese cuerpo militar, fue veterana de la Guerra de Irak, y levantar la insignia de 50 estrellas era una forma de consignar el sueño de la libertad.

La erigió en la vivienda que compró junto a su esposo -Efraín- hace dos años en la urbanización Rolling Hills Estates, en Kissimme, una comunidad de un centenar de casas aunque la mayoría de ellas son viviendas vacacionales las cuales sus dueños ocupan sólo por algunas mese al año y desaparecen. De la casa de algunos vecinos también se asomaba el estandarte norteamericana.

Pero cuando en la Isla comenzó un levantamiento pacífico ciudadano que provocó la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló, la pareja decidió sustituirla por la bandera de Puerto Rico.

A las tres semanas, recibió un aviso de que la monoestrellada violaba las reglas de la asociación de residentes, cosa que extrañó a Santiago. Comenzó a rebuscar las reglas de convivencia de la comunidad y para su sorpresa encontró que el inciso 25 del reglamente de su urbanización prohíbe todo tipo de banderas, a menos que medie una autorización de la asociación de residentes.

La asociación de residentes en Rolling Hills Estates es manejada por una empresa privada que se llama Property Solutions Unlimited. No tiene presencia física en la comunidad. Cuando la veterana los contactó, le informaron que hubo una enmienda años atrás para permitir la bandera de Estados Unidos, militares y banderas deportivas durante eventos deportivos.

Santiago pidió el texto de tal enmienda, pero hasta ayer el escrito no ha aparecido. “Al parecer fue un cambio verbal. Pero para que sea una regla real tiene que estar escrito y debió haberse comunicado a todos los vecinos. Aquí mucha gente tiene banderas. Sí me lo prohíben a mí, tienen que prohibírselo a todos. Más que un ‘issue’ por una bandera, esto tiene que ver con tratar igual a todos”, dijo.

“Si me dan ese estatuto, no tengo problemas en quitar mi bandera. Si no, tienen que permitir que la deje. Si no, que clarifiquen que está prohibida, pero tienen que tienen que prohibírselo a todos. No solamente a mí. Me siento discriminada”, indicó la mujer.

En una breve declaración a los medios, Norma McNerney, quien funge como presidente de la asociación de residentes envió las siguientes declaraciones escritas: “Nosotros tratamos a todos los propietarios de la misma manera. Si usted recorre nuestra comunidad, verá las banderas que están permitidas”.

El Nuevo Día recorrió algunas calles de esa urbanización y se observaron algunas banderas de Estados Unidos, aunque se divisó una con las 50 estrellas y las 13 franjas, pero en lugar de tener los colores oficiales, era negra blanca y azul.

“Esto se trata de una controversia sobre las cláusulas restrictivas de esa urbanización, pero por lo visto, no está escrito y se trata más bien de un acuerdo verbal. En ese sentido, (Santiago) tendría el derecho de ponerla, aunque este asunto en realidad activa toda una serie de fuerzas más profundas que tienen como telón de fondo el tema del nacionalismo americano y el clima contra los emigrantes”, dijo el sociólogo y antropólogo Jorge Duany.

Duany, quien es profesor en el Departamento de Estudios Globales y Socioculturales de la Universidad Internacional de Florida, señaló que para los puertorriqueños el acto de sacar la bandera es uno de afirmación de su identidad que se vuelve más fuerte cuando se vive fuera de la Isla por el factor melancólico.

“Hay una especie de nacionalismo diaspórico, ese sentimiento que se activa cuando se vive fuera de la Isla, que es fuerte y a veces hasta parece exagerado. La distancia intensifica la añoranza y en ese sentido eso lleva a una manifestación firme de lo que es ser puertorriqueño, y la bandera es el principal icono”, agregó.

Pero lo que llama la atención del experto es que estas manifestaciones de oposición a estos elementos de identidad broten en la zona central de Florida donde hay una pujante y visible comunidad boricua. “No me sorprendería que, por ejemplo, pasara en Utah, pero ¿en el área de Orlando? Y fíjate que pasó igual en Miami con la bandera pintada en el restaurante que es algo que no se ha resuelto pues la bandera sigue ahí”, agregó el catedrático.


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