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Nancy Hernández, puertorriqueña fundadora del Ministerio Mujeres Restauradas por Dios en Tampa. (horizontal-x3)
Nancy Hernández, puertorriqueña fundadora del Ministerio Mujeres Restauradas por Dios en Tampa. (José Javier Pérez)

Tampa, Florida – Cuando salió de Bayamón a los 18 años de edad, llego a vivir con su abuela y se fue a ayudarla en un colmado que operaba en Nueva York, conoció a un hombre que marcó su vida de tal manera que aun lleva en su cuerpo las marcas del pasado intenso que vivió.

Se casó con él, y él la prostituyó, la introdujo al bajo mundo y la convirtió en una “mula”. “Me introducía la droga dentro de mi cuerpo y viajaba el mundo para entregarla. Sufrí violencia y vi muchas cosas”, dijo Nancy Hernández, natural de Bayamón, Puerto Rico.

Sus transacciones la llevaron a Las Vegas y a la frontera entre Texas y México, y luego se estableció en el área de la Bahía de Tampa donde, junto a ese hombre, estableció clubes nudistas, casas de masajes, y negocios de prostitución donde también se traficaba droga. Las disputas del bajo mundo la llevaron incluso a huir por semanas para escapar por su vida.

“Pero un día, de tanta droga que me escondía dentro de mí, me dio cáncer. Por la situación me removieron todos los implantes de silicón que tenía en mi cuerpo, porque la mujer que ves ahora no se parece en nada a la mujer que era, y me sometí a un tratamiento contra el cáncer que tomó dos años. Al final de eso, me dijeron que me quedaban seis meses de vida, y la noticia llevó al que era mi esposo a quitarse la vida”, dijo Nancy, quien, al narrar su testimonio, parece caer en un trance que la transporta a esa etapa tortuosa de su vida.

En medio de esa crisis conoce a un hombre de fe llamado Anthony Hernández a través de quien tuvo un encuentro espiritual que le cambió la vida. Más tarde, se casó con él.

“Mi cáncer desapareció y ya no soy la misma persona”, afirmó al explicar el evento en su vida que la llevó a establecer en el año 2007 una entidad sin fines de lucro para ayudar a las mujeres maltratadas llamado "Ministerio Mujeres Restauradas por Dios'', y que es una de las organizaciones no gubernamentales bajo la sombrilla de Underground Networks, una de las entidades de servicio comunitario más grande de Estados Unidos.

“Yo soy un testimonio vivo pues debería estar muerta y Dios me dio una oportunidad. Tengo misericordia con los demás pues Dios la tuvo conmigo”, declaró.

Desde aquí ha ayudado a mujeres que son objeto de trata humana, violencia doméstica, que están en el vicio de las drogas y el alcohol. Su trabajo la llevó a oídos de otras entidades, de políticos, alcaldes, comisionados y gobernantes.

Entonces, el huracán María devastó Puerto Rico y Nancy decidió dedicar todo el esfuerzo de su organización para ayudar a las miles de familias puertorriqueñas que comenzaron a llegar como una avalancha. En seis meses, 2,800 personas han recibido todo tipo de asistencia, desde ropa, alimentos; servicios médicos, muebles, algunos han logrado ser ubicados en empleos, y otros han establecido sus propios negocios.

Queremos que la gente, al llegar, pueda vivir una vida plena y sacarlos de la mentalidad de vivir del gobierno para que sean gente productiva”, dijo.

Hernández dijo que en la zona de Tampa hay 1,600 familias que viven en hoteles, que hay muchos profesionales que han tenido que irse a trabajar en tiendas por no saber inglés y, para ellos, se abrirán cursos de inglés. Explicó que ahora están en la etapa de aprender a preparar propuestas para solicitar ayuda económica de manera que puedan continuar ofreciendo sus servicios.

“Sabemos que cuando se acaben las clases en Puerto Rico, habrá otra ola de personas mudándose para acá y queremos estar preparados para ayudarlos”, agregó.

Nancy interrumpe la conversación. Una llamada desde la oficina del gobernador de Florida. Conversaban sobre unas amas. Colgó. “Necesitamos tantas cosas…computadoras, artículos de primera necesidad y dinero para pagar los servicios”, continuó.

“Cuando estuve en los negocios de ‘strippers’, casas de masaje y droga tuve mucho poder en esta ciudad. Pero ahora quiero usar ese poder para ayudar”, dijo la mujer.


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