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Bernardo Figueroa, aquí pasando el balón ante la defensa del difunto Fico López, ganó campeonatos con los Indios de Canóvanas y luego con los Mets de Guaynabo. (horizontal-x3)
Bernardo Figueroa, aquí pasando el balón ante la defensa del difunto Fico López, ganó campeonatos con los Indios de Canóvanas y luego con los Mets de Guaynabo. (Archivo / GFR Media)

Cuando la línea de los tres puntos llegó al básquet boricua en la temporada 1981 del Baloncesto Superior Nacional, Bernando Figueroa fue uno de los primeros que despuntó con su fina puntería con los Indios de Canóvanas. 

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Era una época en que había que tener largo alcance, pues era la vieja línea, a 23 pies del canasto, por lo que no todos dominaban el tiro al principio.

Figueroa, natural del Barrio San Antón de Carolina, será recordado como uno de los grandes encestadores de su época, en la década de los 80, cuando formó parte de la breve dinastía de los Indios, quienes ganaron dos campeonatos del BSN en 1983 y 1984 con figuras de primer orden como Charlie Bermúdez, Angelo Cruz, Héctor Olivencia, Félix Rivera, Richiek Declet, Ramón Ramos y otros.

Con los Indios, con quienes jugó de 1978 a 1988, fue a tres series finales (regresó en 1988, perdiendo contra Bayamón), y tras su cambio a los Mets de Guaynabo, uno de los grandes rivales de Canóvanas, participó en dos clásicos más y ganó el cetro de 1989.

Figueroa, de 57 años y residente aún en su natal Carolina, conversó con El Nuevo Día de sus vivencias en 17 temporadas de carrera.

Figueroa asegura que la década de los 80 fue buena, porque estuvo en cinco finales y ganó tres.
Figueroa asegura que la década de los 80 fue buena, porque estuvo en cinco finales y ganó tres. (Suministrada)

Perteneciste a un equipo bien recordado de Canóvanas, con una cepa interesante de jugadores.

—El tiempo mío no fue fácil, porque fue del tiempo de cuando los Santos de San Juan pasaron a Canóvanas en 1978, y yo era un chamaquito, con 18 años. Empecé categorías menores en Canóvanas y gracias a Dios me dieron la oportunidad en Superior. Cuando llegué al equipo, estaba ese trabuco con Charlie Bermúdez, Angelo Cruz, José París, Frank Cortés, Bobby Álvarez… yo dije, ‘eah diablo, aquí tengo que trabajar duro para poder estar en ese equipo’. Gracias a Dios, Tuto Marchand fue quien me dio la oportunidad. Fue mi primer apoderado en 1978, cuando yo empecé a los 18 años. Él fue el que me firmó. Del 78 al 80 yo no jugaba mucho, pero cuando los 80 llegaron, me empezaron a dar la oportunidad y me quedé con la posición de ‘second guard’.

¿Cuán significativo fue pertenecer a ese equipo que aún es recordado a pesar de que desapareció la franquicia?

—Para mí fue bien significativo, en grande, porque me dije, ‘tengo la oportunidad de pertenecer a ese equipo’. Desde chamaquito los veía jugando en TV y me motivé por el baloncesto. Me dediqué a trabajar duro para lograr eso. Jugué en categorías menores, me destaqué en ellas, hasta que llegó el equipo de Superior a Canóvanas, desde San Juan, y me dije, ‘ahora es que tengo que aprovechar esta oportunidad, para verme en la TV como yo quería verme’. Gracias a Dios me salió.

¿Qué recuerdas de esa época de los 80?

—Estuve en cinco finales y gané tres. Esa década de los 80 fue buena. Recuerdo esos años siempre. Tengo ahí DVDs y los veo de vez en cuando para recordar esos momentos. Se los compré a una persona que es coleccionista y tiene vídeos de todas las finales.

Aunque saliste del equipo en un cambio con Guaynabo en 1989, ¿cuánto pesó para ustedes la desaparición de esa franquicia de Canóvanas?

—El equipo tuvo buenos equipos, ganamos campeonatos y estuvimos yendo a los playoffs, y siempre habían problemas económicos. El problema era ese. A veces los chavitos se tardaban en llegar. Pero seguíamos jugando. Es triste cuando uno está en un equipo y a uno le gustaría seguir, y a lo mejor retirarse ahí, pero no se pudo. Yo no pedí el cambio. Me cambiaron ellos. Yo quería seguir en mi equipo, que estaba ganando.

¿Con qué compañero de los Indios te llevabas mejor?

—Teníamos una familia, todo el mundo alegre. Después cayó Héctor Olivencia en el equipo, que lo tenía que gardear yo cuando jugaba con Caguas, y era sucio difícil. Gracias a Dios cayó en nuestro equipo. Tremenda persona. Con todos me llevaba bien. Charlie Bermúdez era el capitán y había que hacer las cosas como había que hacerlas, porque era un tipo exigente. Por ese tipo yo aprendí a jugar defensa. Era un tipo fajón. Ramón Ramos aprendió mucho con él también. Y con Félix Rivera también me llevaba. Jugábamos y viajábamos juntos afuera.

Te conociste por ser un gran tirador a distancia, desde la línea de tres puntos. ¿Qué recuerdas de eso?

—Practicaba mucho desde chamaquito. Era mi mentalidad, para cuando me tocara la oportunidad de jugar, saber tirar. La línea era lejos, pero yo practicaba el tiro de más lejos todavía, para cuando llegara el juego, el ‘range’ fuera más cómodo. Y no solo era en la práctica Canóvanas, sino también por acá en la cancha del barrio mío.

¿A qué te dedicas ahora?

—Trabajo en la empresas de Econo, aquí en la (Avenida) Campo Rico, en el almacén, en el área de recibo. Yo trabajé desde el 90 hasta el 2010 con Cordero Badillo, pero como se fue a quiebra, conseguí este trabajo con Econo. Desde el 90 estoy trabajando, mientras jugaba todavía Superior (BSN). Estoy en el área de recibo descargando vagones, entrando la mercancía para que la cuadren y la pasen al área de almacén. Es un trabajo fuerte pero para mí es cómodo, porque como llevo tiempo haciendo eso, desde los 90, ya el trabajo se me hace fácil.

A tus 57 años, ¿sigues ligado al deporte en alguna capacidad?

—Ahora mismo no estoy en nada. Pero cuando me llaman para dar clínicas o cosas así estoy dispuesto. Aunque hace tiempo que no doy clínicas.


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