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Tatuaje de Michael Jordan (vertical-x1)
Las razones por las que la mujer de 30 años permitió que el artista Joey García tatuara en su pierna derecha una impresionante imagen de Michael Jordan, trascienden de un mero capricho e intentan contar una dolorosa historia. (David Villafañe)

Para una persona no conocedora del arte de los tatuajes, una gigantesca imagen de Michael Jordan en una pierna podría parecer una imagen burda, ramplona y exagerada. No para Selenia Pérez Torres.

“Es como el ave fénix, cenizas y volviste, se rompió todo y seguiste”.  Así describió Selenia su más reciente experiencia con las agujas y la tinta, comparándola con un suceso que cambió su vida por completo.

Las razones por las que la mujer de 30 años permitió que el artista Joey García tatuara en su pierna derecha una impresionante imagen de Michael Jordan, trascienden de un mero capricho e intentan contar una dolorosa historia.  Desde que Selenia tuvo un aparatoso accidente de motora que por poco le cobra la vida en el 2007, decidió canalizar el dolor emocional con lo que muchos podrían considerar dolor físico.

“Ese mismo ‘feeling’ que le pueden llamar dolor, que es sanación del tatuaje, es lo mismo que sientes cuando te caes de una motora porque tienes la piel mutilada y la recuperación es casi la misma.  Te bañas con jabón antibacterial la cascara, es más o menos lo mismo (que un tatuaje) pero en mayores proporciones porque esto se va a tardar muchísimo menos en sanar. La piel muerta se va y viene algo nuevo”, explicó la fémina sobre su más reciente adquisición realizada en Skin Graphics Tattoo en Levittown.

Selenia admitió que iba a 85 millas por hora al momento de perder el control de su motora y estrellarse sobre gravilla. Las fracturas requirieron una intervención quirúrgica para colocarle un tornillo en su codo. Las heridas tardaron un año en sanarse y la obligaron a abandonar el baloncesto, deporte que practicó durante sus años de estudio en la Academia Montessori en Cupey.

“En ese momento yo lo que decía es eso no es mío y yo no lo quiero, y salí adelante. Fue un accidente que mucha gente me dice que estoy viva de milagro”, relató mientras miraba con detenimiento su tatuaje en proceso de curación.

El tatuaje tuvo un costo de $1,300 y tomó nueve horas de realización. (David Villafañe)

Jordan como inspiración

Para Selenia, el seis veces campeón de la NBA es su ejemplo a seguir. Su deseo de triunfar en todo lo que se propone al igual que lo hizo la estrella de los Bulls de Chicago durante su brillante carrera en el baloncesto, la motivó a tatuarse la complicada pieza que requirió nueve horas de elaboración.

“A mí me llama mucho la atención como una persona (Jordan) ha llegado a ese nivel y que ha sido y todavía es el mejor de todos los tiempos por simple y sencillamente confiar en sí mismo”, sostuvo Pérez quien cataloga el proceso de tatuarse el cuerpo como una forma de “querer marcar encima del pasado”.

La pieza requirió un total de nueve máquinas y tres diferentes marcas de tinta. (David Villafañe)

“Estamos en el 2015 y yo veo el tatuaje como que vienen cosas grandes y estamos con las manos abiertas a lo que Dios nos quiera enviar, estamos dispuestos a aceptarlo y que nada que no provenga de él que ni se nos acerque”, enfatizó la mujer quien no ve diferencia alguna entre la tinta en el cuerpo de un hombre y en el suyo.

El realismo como expresión artística

El tatuaje de Jordan es la más reciente obra de realismo que el artista Joey García realiza, estilo que ha adoptado como su especialidad.

“Yo decidí hacer el estilo de realismo porque es el más difícil.  Siempre que voy a hacer algo me gusta pasar mucho trabajo y que la mente se meta en el arte como tal.  No puedo hacer un trabajo sencillo porque me quedo mirando para el lado”. El cuerpo es el canvas y a veces empiezas con algo y terminas con algo que no lo esperabas”, comentó el artista quien tuvo que emplearse al máximo para lograr la complicada obra del cinco veces Jugador Más Valioso.

PIIF saturday, portrait, starbrite inks !!!!

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La complejidad del trabajo de Michael Jordan, que tuvo un costo de $1,300 dólares, superó cualquier otra pieza confeccionada por el tatuador, quien ha recibido numerosos premios a nivel nacional a lo largo de sus 21 años de trayectoria.

Para lograr la obra, se empleó un total de nueve máquinas marca FK Irons, una de las más reconocidas en el mercado por su construcción liviana en aluminio número 13 y la ventaja de que no se calienta como otros aparatos para tatuar. Además, se utilizaron agujas especiales marca “Bug – Pin” con una punta redonda para no maltratar la piel del cliente.

@fkirons in BEAST MODE !!!

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Tiene que haber un ‘click’

Aparte de todo detalle técnico, es necesario que exista un factor adicional que quizás sobrepasan las destrezas artísticas de un tatuador, para lograr una obra tan compleja como la de Michael Jordan.

“Tiene que haber un ‘click’ porque si no se convierte en un trabajo. Hacer arte y trabajar son dos cosas diferentes. Cuando tú estás haciendo un tatuaje y te estas disfrutando lo que estás haciendo, no es lo mismo como cuando estás trabajando. En este caso la clienta y yo tuvimos más o menos la misma experiencia, nos caímos de una motora y todas esas cosas y logramos hacer una conexión”,  confesó el artista.

Durante el proceso artístico, no solamente participó el tatuador. El cliente fue indispensable para lograr el resultado de la pieza que aún le resta añadirle la firma de Jordan y el memorable número 23 en la parte inferior del retrato.

Es esencial la comunicación entre el tatuador y el cliente durante el proceso de creación de un tatuaje que requiere largas horas. (David Villafañe)

“Ella me cuenta y yo le cuento y ahí voy viendo y entiendo su situación porque también lo pasé y lo que quiero es tratar de complementar o rellenar lo que ella perdió de un lado, yo por este otro lado tratar de ponerlo. Es como una pieza que a ella se le cayó y yo como artista se la estoy volviendo a poner”, trató de explicar Vázquez al tiempo que su mirada se perdía en los meticulosos detalles del balón de baloncesto.

“Cuando haces una pieza de arte así y tienes esa química, ese tatuaje no lo vas a olvidar porque seconvierte en una de tus obras como si hubieses hecho un cuadro y ese cuadro ahora está en un museo. Ahora esa pieza la lleva una persona y siempre se queda en la mente y en el corazón de uno”, concluyó.


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