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Andrés Rodríguez guarda en su hogar las camisetas de los equipos para los que ha jugado. (Juan Luis Martínez Pérez)

En su residencia, Andrés Rodríguez guarda la mayoría de los uniformes que ha utilizado desde su carrera universitaria en el 1999.

Es una colección interesante debido a la diversidad de camisetas. Hay una de la Universidad de Louisville (solo estuvo un año); del club Obradoiro (Blusens Monbus); del Donetsk; de Caguas; de Arecibo; y varias del Equipo Nacional, entre otras.

“Siempre he tratado de traerme un uniforme de los sitios donde voy a jugar. Donde no me dejaron traer una camiseta fue del Caja Laboral. Esa gente es muy estricta”, dice.

Este año a la colección le sumó una camiseta del Fuenlabrada y otra de los Vaqueros de Bayamón en el BSN.

Rodríguez no está seguro que vaya a agregarle más camisetas a su colección. Él anda con los pies bien puestos sobre la tierra, y, a su juicio, su retiro como baloncelista está a la vuelta de la esquina. Sus rodillas le han restado ‘vida’ baloncelística.

“Como mucho un año más. No más de eso. No puedo seguir dándole a las rodillas. Quiero tenerlas bien para poder jugar con mis hijos”, dice Rodríguez, padre de un varón y quien está a la espera del nacimiento de una hija.

Con 34 años sería muy temprano para pensar en enganchar las zapatillas. Pero las rodillas, especialmente la izquierda, ya no responden como antes y Rodríguez lo reconoce.

“No me voy a explotar una rodilla”, apunta con la mente en el futuro.

Rodríguez habla con serenidad acerca del retiro. No hay preocupación en sus palabras. Sin mucho ruido, el experimentado armador registró una buena carrera en Europa y la aprovechó al máximo en el aspecto económico, según dijo, como para poder descansar un tiempo, antes de pensar cuál sería el próximo paso en su vida.

“Gracias a Dios me fue bien económicamente. Era los de que guardaba mucho y al final de mi carrera he podido sacarle todo lo que he querido. Puedo retirarme tranquilo y sin esa presión de pensar que voy a hacer rápidamente, luego de que me retire”, compartió Rodríguez, quien posee un bachillerato en Finanzas de American University en Washington.

Hoy día, Rodríguez mira su resumé y siento orgullo de lo alcanzado. Acumuló siete temporadas en distintas ligas de Europa, a la vez que ha logrado tres campeonatos en el BSN.

Tras culminar su carrera colegial, Rodríguez emprendió un viaje como baloncelista profesional sin una idea clara de lo que alcanzaría.

“Estaba inclinado a trabajar en algo de Finanzas o seguir estudiando, pero surgió la oferta de Eslovenia y me fui para ver cómo me iba”, dijo Rodríguez a El Nuevo Día.

El club Olimpia fue el primero en Europa en la temporada del 2004-05. La experiencia le gustó y ya lucía definido a seguir en el baloncesto. Luego vino una lesión en una rodilla y un reposo de una campaña. La ruta de Rodríguez por Europa continuó en el 2006 en Polonia con dos campañas con el club Turow.

Después de Polonia, Rodríguez empacó y se marchó a Ucrania, donde recibió una atractiva oferta del Donetsk.

Su paso por Ucrania fue unos años antes de que se desatara la guerra civil. “Jugué en Donetsk donde está el conflicto. Ahora mismo ningún estadounidense va a jugar a la liga. En el año que jugué vi que la gente era bien buena. Había más rusos que ucranianos. Era un pueblo bien trabajador con contrastes en los edificios; unos nuevos y otros viejos. Me gustó la experiencia pese al frío”, cuenta.

El juego de Rodríguez llamó la atención en España y llegó al reconocido club Caja Laboral con un contrato de 30 días. La experiencia le sirvió para jugar bajo la tutela de uno de los principales técnicos de Europa, Dusko Ivanovic. Y de allí, el boricua tiene una anécdota.

“Recuerdo que el primer día me dio un ‘pen drive’ con un documento que contenía 60 jugadas ofensivas. Y me las tuve que aprender en un solo día. Al otro día me dio el balón para ver si me las sabía y vio que me las aprendí todas”, dijo Rodríguez al precisar que en el BSN ha tenido dirigentes con cinco o seis jugadas ofensivas, y a otros como Paco Olmos y Rolando Hourruitiner con 20 o más.

Segunda casa

Aunque la experiencia con Caja Laboral fue breve, España se convirtió en la segunda casa de Rodríguez en los años siguientes. Fichó con Obraidoro en la liga de segunda división y la ayudó a ascender a la ACB. Y en la ACB estuvo dos años con el Obradoiro, incluyendo la temporada del 2012-13 en la que finalizó como el líder de asistencias del torneo regular con un promedio de 6.0 por juego.

También fue la campaña que vio a nacer su hijo Antóneo Andrés, después de un partido.

“Era un día de juego, y mi esposa me dijo que la llevara al hospital y lo hice. En el hospital me dijeron que me fuera al juego, que me avisaban si ocurría algo. Finalizó el juego y a los 10 minutos de llegar al hospital, fue que nació nuestro hijo. Pude estar con ella y todo salió bien”.

Rodríguez parecía atravesar el mejor momento de su carrera, pero los problemas con la rodilla izquierda empezaron y lo dejaron sin contrato en la campaña 2013-14.

No fue hasta este año que regresó a España para jugar tres meses con el Fuenlabrada para poner a prueba la rodilla, después de someterse a un tratamiento especial en Alemania.

En Europa, ciertamente, el estilo de Rodríguez ha encajado mejor en comparación al del BSN.

“Mi juego siempre se ha inclinado más al europeo. Mi primer dirigente en Eslovenia fue un serbio y allí me di cuenta que tenía el ADN del juego de allá. He tenido la oportunidad de lucir más allá que acá. He encajado mejor a la filosofía del juego europeo”, dice.

Debutó en Caguas

Aquí en el BSN, Rodríguez inició su carrera en el 1999 con los Criollos de Caguas. Fue parte del equipo campeón en el 2006. Posteriormente pasó a Arecibo y sumó dos campeonatos (2010-11), antes de ser canjeado en la pasada temporada a Santurce por Walter Hodge. Jugó un año con Santurce y esta temporada acordó con los Vaqueros.

“En el comienzo con Caguas tenía la oportunidad de jugar aquí y en la NCAA a la misma vez, y fue algo que me ayudó. Con Arecibo fui a tres finales corridas con dos campeonatos y la experiencia con Santurce fue buena porque me gustó jugar en el Roberto Clemente. Y ahora con Bayamón esperamos ganar el campeonato”, dijo.

Uniforme favorito

De todos los uniformes, los favoritos de Rodríguez son los del Equipo Nacional. Debutó en el 2006 en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena, y regresó en el 2011 en el Preolímpico de Argentina.

“Recuerdo que para Cartagena, Carlos Arroyo me permitió usar el número 7 y me dijo que tenía que lucirlo. Siempre fue un orgullo vestir el uniforme de Puerto Rico. Fue un sueño en mi carrera y lo logré. Lo usas una vez y no te lo quieres quitar”, asegura Rodríguez, a quien en el futuro le gustaría laborar con jóvenes para guiarlos a combinar una carrera universitaria con el baloncesto.

“Me gustaría que vieran más opciones y no solo la del baloncesto”.


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