Rafael Hernández Colón, exgobernador de Puerto Rico, en un partido de cuartos de finales del BSN en el Pachín Vicens de Ponce, tan reciente como en 2013. (vertical-x1)
Rafael Hernández Colón, exgobernador de Puerto Rico, en un partido de cuartos de finales del BSN en el Pachín Vicens de Ponce, tan reciente como en 2013. (GFR Media)

El exgobernador Rafael Hernández Colón, aparte de político, fue un acérrimo fanático de los Leones de su ciudad de Ponce en el Baloncesto Superior Nacional y utilizó su afición por el básquet como una válvula de escape a las presiones que suponía su cargo.

Así lo recordó Julio Toro, dirigente de los Leones a principios de la década de 1990, y quien fue testigo de la perenne presencia de Hernández Colón en el auditorio Juan “Pachín” Vicens.

Tras una sequía de 24 años sin ganar un campeonato del BSN, los Leones regresaron al trono en 1990, justo cuando el exgobernador recién comenzaba su último término en La Fortaleza.

Y allí en el Pachín Vicens, en plena gestión como primer ejecutivo del país, estuvo sentado incontables ocasiones junto a su compueblano y entonces alcalde de la Ciudad Señorial, Rafael Cordero Santiago, “Churumba”.

Toro recordó también que la afición de Hernández Colón con el baloncesto se trasladó a la Selección Nacional.

“La visualización que tengo de don Rafael Hernández Colón es que siempre fue pro causa con el deporte como tal. Y con especialidad en el baloncesto. Fueron varias veces que nos recibió en La Fortaleza para felicitarnos y demostrar su aprecio por gestas que se lograban en un momento dado de su larga carrera política”, dijo Toro, otrora técnico del Equipo Nacional, así como de varios equipos del BSN.

“Y siempre que tenía oportunidad en una agenda que siempre fue extensa, una de sus válvulas de escape era el básquet. Y siempre decía presente para apoyar su causa”.

Hernández Colón, quien fue gobernador de Puerto Rico durante tres términos, disfrutó durante su último cuatrienio (1989-1992) de dos campeonatos de los Leones en 1990 y 1992, y un subcampeonato (1989). Toro fue el piloto del equipo cuando ganó en 1992 el primero de dos títulos consecutivos con Ponce.

Después de su salida de Fortaleza, Hernández Colón continuó asistiendo con más frecuencia a los partidos, como recordó el narrador de los partidos en las transmisiones radiales de los Leones, Héctor Meléndez.

“Sí, recuerdo que era consecuente en ir a los juegos. Tenía buena relación con los jugadores y con las administraciones (de los Leones). Aplaudía y siempre apoyaba al equipo. Inclusive se movilizaba con el equipo durante las series (de postemporada) y se le veía en el coliseo Roberto Clemente”, dijo Meléndez, quien suma alrededor de 30 temporadas laborando en las transmisiones de radio del equipo.

“Era más tranquilo que Churumba, pero se disfrutaba los juegos”, añadió Meléndez riendo, recordando la fogosidad del entonces alcalde ponceño.

Toro coincidió por separado. El técnico señaló que el exgobernador, habiendo peleado tantas batallas políticas, y teniendo ante sí tantas decisiones trascendentales para el país, podía mantenerse ecuánime en momentos de tensión deportiva.

“Siempre era gustoso mirar para donde estaban sentados (Hernández Colón y Churumba). Él iba a pasarla bien. Y una de las formas en que la pasaba bien, era el ritmo de él... la melodía de él era Alpha, relajación. Transmitía paz”, dijo Toro.

Meléndez, por su lado, recordó también la relación que tenía Hernández Colón con los jugadores del equipo, quienes siempre se acercaban a saludarle, incluyendo a dos querendones de la ciudad en ese entonces, el armador Javier Antonio “Toñito” Colón y el escolta Charlie Lanauze, que fueron producto del programa de categorías menores de baloncesto en Ponce y, por ende, dos de los que más vitoreaba la afición y el primer mandatario.

El narrador también contó que era común ver sentados junto a Hernández Colón durante los partidos en el Pachín Vicens, especialmente en época de playoffs, a figuras legendarias del deporte ponceño y otras figuras públicas y de la política.

“Va a haber un vacío. La silla de Agustín (Díaz, fenecido exapoderado de los Leones), la silla de Churumba y la silla de Hernández Colón, van a dejar un vacío. Se va a sentir (su ausencia) en el coliseo”, manifestó Meléndez.

Nunca escondió su fanatismo

Otro que recordó la pasión de Hernández Colón por los Leones, fue el licenciado César Vivaldi, sobrino político de quien fue el apoderado de los Leones durante su hegemonía en los 90, Agustín Díaz, fallecido en 2017.

“El gobernador nunca lo escondió (que era seguidor de los Leones). Ahí estuvo todo el tiempo, al lado de Churumba. Yo era pequeño pero recuerdo que cuando llamaba tarde (para confirmar su asistencia) había que buscarle acomodo”, relató Vivaldi, sobrino de la viuda de Agustín Díaz, doña Maybeth Vivaldi.

El licenciado Vivaldi estuvo ligado al equipo primero como mascota, y luego en la directiva. Ahora es coapoderado de los Atléticos de San Germán.

“Que pena que tío no esté para contar las anéctodas. Pero sí recuerdo que él y Hernández Colón hablaban mucho, y él le daba mucho input a Agustín, de a quién traer, a quién no traer (jugadores). Básicamente quería darle input de cómo correr el equipo. Era una persona bien fanático y superdecente”.

Su tía Maybeth, viuda de Agustín Díaz, recordó que esas conversaciones entre el entonces apoderado de los Leones y el gobernador, eran casi diarias durante la temporada del BSN.

“Todos los días que había juego en Ponce, Cuchin llamaba a Agustín. Siempre gustosamente se le dejaban sus dos sillitas en la cancha. También iba a los juegos afuera. Hasta en el último (campeonato de Ponce en 2015) contra Arecibo él estaba, y ya Agustín no estaba (de apoderado). Siempre tuvieron una buena relación”, agregó doña Maybeth.

Esta recordó que la amistad de ambos venía de mucho tiempo atrás, pues el padre de su fenecido esposo, y el propio Hernández Colón fueron socios en el único cine Drive-In que hubo en Ponce.


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