Brayan Hernández, a la derecha junto a Kevin Maldonado durante el Torneo de la Excelencia antes de ser escogido en la ronda 18 por los Gigantes de San Francisco. (semisquare-x3)
Brayan Hernández, a la derecha junto a Kevin Maldonado durante el Torneo de la Excelencia antes de ser escogido en la ronda 18 por los Gigantes de San Francisco.

El jardinero del residencial Monte Park en Río Piedras, y egresado de Leadership Christian Academy, Brayan Hernández, se convirtió ayer en el jugador de la Clase 2018 mejor bonificado, entre los peloteros desarrollados en la isla que fueron elegibles al sorteo de novatos de este año en Grandes Ligas.

Hernández, un patrullero de 6’2” de estatura, estampó su firma para convertirse en pelotero profesional con la organización de los Gigantes de San Francisco, por una bonificación de $290,000, algo fuera de lo común considerando la ronda tardía en la que fue seleccionado durante el draft a principios del mes pasado.

Hernández, quien era una de las promesas del patio que perfilaba para irse en alguna de las rondas tempranas del sorteo, no fue escogido hasta la ronda 18 por los Gigantes, en el turno global 526.

Y de acuerdo a su agente, Francis Márquez, la razón por la que no fue seleccionado antes fue precisamente por la cantidad que estaba pidiendo el riopedrense para firmar.

Así las cosas, Hernández estaba resuelto irse a estudiar al Chipola College y jugar béisbol colegial para continuar puliendo sus destrezas. El martes, sin embargo, recibió la llamada sorpresa de Márquez, anunciándole que los Gigantes había decidido darle prácticamente la bonificación que reclamaba Hernández, quien aspiraba a unos $300,000. San Francisco solo le rebajó $10,000 al hacer la oferta y Hernández aceptó.

Previo a esta firma de Hernández, el lanzador zurdo de 6’5” Gabriel Cotto había sido el bonificado más alto de 2018 entre los peloteros puertorriqueños desarrollados en la isla, cuando pactó por $270,000 con los Filis de Filadelfia, quienes lo seleccionaron en la séptima ronda.

“Me siento superorgulloso porque en realidad uno trabaja para esto”, dijo Hernández a El Nuevo Día este miércoles, previo a abordar un avión que lo llevará a Phoenix, a donde le avisaron que tiene que reportarse antes de iniciar en la Rookie League. Hernández se refirió así a que su sueño siempre fue firmar para jugar profesional.

“Pero Francis y yo teníamos un plan. Si no se daba, me iba a college a estudiar y a fortalecer lo que me faltaba”, agregó el jugador.

Hernández dice que su fuerte es la ofensiva pero aceptó que no tuvo un buen año con el bate previo al sorteo, y por eso su empeño era ir a colegio luego de ser seleccionado en una ronda tan tarde como la 18. Simplemente, según dijeron él y su agente, era cuestión de darse a respetar y demostrar en colegio que realmente vale lo que estaba pidiendo.

Pero en lugar de montarse en el avión el 15 de agosto, fecha en la que estaba previsto marcharse para reportarse en Chipola College en Florida, el vuelo tuvo que adelantarse con un destino nuevo, rumbo a Arizona. Chipola College no es un programa de béisbol cualquiera, pues el equipo de dicha institución ha sido dos veces campeón en las últimas dos campañas a nivel de la NJCAA, que es el organismo rector deportivo en universidades de dos años en Estados Unidos.

“Yo estaba familiarizado ya con el draft, y estaba decidido irme a estudiar. Cuando me dijeron lo que ofrecían por la ronda 18, que eran unos $125,000, dije que no, que me iba a dar a respetar e irme a estudiar. En LCA (Leadership Christian Academy) también me aconsejaron”, agregó Hernández.

El jardinero dice que todo ocurrió tan repentinamente, pues de haber recibido la llamada de su agente ayer, tuvo que cambiar de planes nuevametne y hoy miércoles tuvo que montarse en el avión.

“Cuando abracé a mami fue que se me salieron las lágrimas porque, como que no me dio tiempo a prepararme. Fue de un día para otro. Lo que me motivó firmar y jugar es mi mamá, que tiene algunas condiciones de salud, y mi hermana, que diagnosticaron con cáncer”, agregó Hernández, quien estuvo residiendo hasta ahora en Barrio Obrero en Santurce, junto a su madre.

“Brayan hubiera drafteado más alto”, dijo por su parte Márquez, de la agencia de representación de atletas Magnus Sports. “Probablemente el jugador con las mejores herramientas entre los jugadores de Puerto Rico (de la Clase 2018) y con el bate consistente. En talento, probablemente debió draftear de la sexta a séptima ronda”.

Márquez fue quien indicó que el bono al que aspiraba el joven pelotero fue lo que evitó que lo seleccionaran antes, pero lo utilizó como ejemplo a seguir por los jugadores del patio, en el sentido de que deben darse a respetar.

Márquez ha sido defensor de que si el jugador realmente tiene el talento, no debe ver la firma como profesional como la única y última opción, sino una carrera universitaria en la que pueda continuar su desarrollo y aumentar su valor en un sorteo posterior. Ya ha tenido casos que así lo demuestran como el del campocorto Kevin Santiago y el del jardinero ReynaldoRivera, quienes multiplicaron su valor por esperar unos años y hoy día están en el béisbol profesional.

Santiago firmó en 2016 con Tampa Bay por $300,000, el triple de lo que le ofrecieron ($100,000) en 2015 los Rojos de Cincinnati. Y eso que los Rays los seleccionaron en la ronda 20. Pero antes, Santiago optó por irse a jugar como colegial a Miami Dade, luego del sorteo de 2015, y allí se pulió y aumentó su valor.

En el caso de Rivera, ahijado del exjugador de Grandes Ligas, Juan "Igor" González, este no fue escogido por ningún equipo en el draft de 2015. Decidió marcharse a Chipolla College. Entonces, el sorteo de 2016 fue igual de frustrante pues los Cachorros de Chicago lo seleccionaron en la ronda 24. Optó por quedarse un segundo año estudiando y jugando béisbol colegial, y en 2017 fue reclamado por los Tigres de Detroit en la segunda ronda, turno global 57, y le extendieron una bonificación de $850,000, que se tradujeron en $700,000 más de lo que Chicago le ofreció un año antes ($150,000).


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