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(Vanessa Serra Díaz)

Caguas - La euforia y el orgullo que provoca el dirigente de los Medias Rojas de Boston, el cagueño Álex Cora, en los puertorriqueños fue canalizada este sábado cuando cientos de personas llegaron hasta el Paseo de las Artes de la Ciudad Criolla para recibirlo y agradecerle su gesta como piloto de esa novena.

Desafiando los pronósticos del clima y las nubes que se posaron sobre el área de la celebración desde temprano en el día, los ciudadanos comenzaron a llegar -algunos para montar sus kioskos y otros para ser testigos de la ceremonia- poco a poco. Todos estaban henchidos de satisfaccción.

“Álex es un orgullo boricua”, expresó Mayra Cortés, quien expuso que es prima de Ramón Vázquez y manejadora de las estadísticas de los Medias Rojas.

“Fue criado y desarrollado aquí, aparte de que vi todos los juegos y me amanecí con el juego de las 18 entradas. A la verdad que nos sentimos bien orgullosos”, agregó la mujer que lucía una bandana con la imagen de Cora.

Por su parte, Manuel Báez Rivera también utilizó la palabra “orgullo” al referirse a Cora. El hombre, seguidor de Boston, llegó desde Comerío con su esposa y sus amistades. “Cora es un orgullo no solamente de Boston, sino de Puerto Rico”, apuntó con una sonrisa antes de confundirse con el resto de las personas esperaban al dirigente de Boston.

La fiesta no se apaga

La algarabía continuó con la música de “Voz del Solar”, un tributo a Rubén Blades, y Pleneálo. De hecho, este último grupo recibió a Cora y algunos miembros del equipo en la tarima a ritmo de plena. “Qué linda es”, en referencia a la bandera de Puerto Rico, era lo que escuchaba cuando los jugadores llegaron al Paseo de las Artes a bordo de una guagua descapotada desde la que mostraban el trofeo que obtuvo Boston tras vencer en cinco juegos a los Dodgers de Los Ángeles en el Clásico de Otono.

En ese momento en que llegaron, el público se movió hasta ese vehículo para saludar al piloto y a los jugadores, entre ellos el boricua Christian Vázquez. Como suele suceder, todos tenían sus celulares en las manos para captar ese momento sublime que tendría su epítome cuando Cora se dirigiera al público.


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