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Brayan Hernández es una excepción. Fue escogido en una ronda tardía y los Gigantes le dieron un bono de $290,000. (horizontal-x3)
Brayan Hernández es una excepción. Fue escogido en una ronda tardía y los Gigantes le dieron un bono de $290,000. (GFR Media)

Si la tendencia no cambia en un futuro cercano, la mayoría de los jóvenes puertorriqueños que ya firmaron como peloteros profesionales tras ser seleccionados directo de escuela superior en alguna ronda después de las primeras 10 del sorteo de novatos de principios de junio, podrían quedarse sin trabajo en el béisbol organizado dentro de dos o tres temporadas.

Hoy, viernes, vence el plazo para que los peloteros que fueron escogidos en el pasado draft de Grandes Ligas, decidan si firmarán un contrato para convertirse en profesionales, o si tomarán otro camino, como los estudios.

Por pesimista que suene el panorama, la dura realidad es que entre 2010 y 2015, el porcentaje mayor de los jugadores salidos de escuela superior y seleccionados a partir de la ronda 11, están hoy día fuera del béisbol profesional de Estados Unidos, y ni se acercaron tan siquiera a su sueño de llegar a las Grandes Ligas.

Para ser más precisos, un estudio del agente de peloteros y abogado puertorriqueño Francis Márquez, de la agencia Magnus Sports en Estados Unidos, reflejó que de 59 peloteros que salieron de escuelas superiores del país y que firmaron durante ese periodo de seis años tras ser escogidos desde la ronda 11 en adelante, el 63% está fuera del béisbol organizado. En otras palabras, ni siquiera están jugando en liga menor.

Ese 63% se traduce en 37 de 59 peloteros. Solo 22 siguen activos, y según el análisis de la data realizado por Márquez, la vasta mayoría de los que continúan jugando no están muy adelantados en el sistema de ligas menores.

Otro dato relevante del estudio, es que de 59 jugadores escogidos desde la ronda 11 en adelante, en ese lapso de 2010-2015, solo tres llegaron a las Grandes Ligas. Eso no llega ni siquiera a un 2%.

El lanzador Álex Claudio, seleccionado por Texas en la ronda 27 del sorteo de 2010, el también serpentinero Yacksel Ríos, selección de Filadelfia en la vuelta 12 en 2011, y el jardinero Noel Cuevas, escogido por Colorado en la ronda 21 del draft de 2010, fueron los tres en llegar al ‘Big Show’, en ese mismo orden, en 2014, 2017 y 2018, respectivamente.

Álex Claudio, relevista de los Vigilantes de Texas, llegó a Grandes Ligas en su lapso de estudio. (AP)

Historias de éxito fuera del draft

¿Representa esto el fin del sueño para cualquier joven que aspira a llegar al béisbol organizado? La data numérica y fría podría ser un disuasivo para no intentarlo, pero la historia y testimonios de otros jugadores que lograron su objetivo escogiendo otro camino, en apariencia más largo, llevan un mensaje de que sí se puede.

Márquez apuntó los repetidos casos de jugadores que tras ser seleccionados en una ronda tardía del draft, o que ni siquiera fueron escogidos en su año del sorteo, se convirtieron en profesionales del béisbol de todos modos, tras una carrera universitaria estudiando y jugando pelota colegial.

Un caso es el recién ocurrido esta semana, cuando los Gigantes de San Francisco le ofrecieron una bonificación de $290,000 al jardinero Brayan Hernández, a pesar de que lo escogieron este año en una ronda tardía del sorteo: la 18.

En esa ronda la bonificación estimada era de alrededor de $125,000, pero Hernández aseguró que se daría a respetar, por lo que optó irse a jugar pelota colegial. Ya tenía compromiso con Chipola College en Florida, pero entonces los Gigantes se convencieron y le ofrecieron muy cerca de los $300,000 que pedía el patrullero, quien aceptó $10,000 menos y firmó.

En su caso no tuvo que ejecutar el plan B de irse a estudiar, pero esa fue una excepción inmediata que no requirió tiempo de espera. En otras instancias, jugar béisbol colegial ha sido la mejor opción.

Y hay sobrados casos de los que logran llegar al profesionalismo con mejores condiciones que si se hubieran apresurado a firmar un contrato para entrar directo a la liga de novatos en las menores, acabando de salir de escuela superior.

El campocorto Kevin Santiago en 2016, y el jardinero y primera base Reynaldo Rivera en 2017, son ejemplos que hablan por sí solos, pues ambos multiplicaron su valor en el mercado tras declinar firmar en su primera oportunidad en el sorteo.

Kevin Santiago firmó en 2016 por $300,000. (Suministrada)

El bono determina la prioridad que darán al jugador

 “Cuando les hablo de valor a los padres e hijos, les estoy hablando de dos cosas. Primero, del desarrollo del pelotero, de cómo yo creo que se va a desarrollar si lo coloco en el programa universitario correcto. Y si eso va a resultar en una mejor posición y mejor bonificación en el sorteo”, dijo el agente Francis Márquez en entrevista con El Nuevo Día.

Lo segundo es el valor de la bonificación per se. Cuánto dinero va a recibir. ¿Por qué? La realidad del béisbol profesional es que la bonificación que un jugador recibe, equivale a la prioridad que le van a dar al jugador una vez entre al sistema de liga menor”.

Márquez explicó, como bien han dicho anteriormente cazatalentos de Grandes Ligas y otros agentes de jugadores, que si un equipo invierte varios cientos de miles de dólares en un jugador, o uno o más millones, la organización que lo firmó le brindará todas las oportunidades que pueda para desarrollarlo. Mientras que el que recibe una bonificación ínfima de solo varios miles, apenas recibirá oportunidad de juego, pues el equipo le dará mayor atención a los peloteros en que más dinero haya invertido.

Es ahí cuando ni siquiera poseer el talento es suficiente, si los coaches no le dan la oportunidad de demostrarlo en el terreno.

“Un punto importante que el estudio demuestra es la oportunidad. ¿Cómo mides la oportunidad que recibe un pelotero firmado en Puerto Rico? Una de las varias maneras en que yo lo mido, es viendo los jugadores que han despedido o dejado libre. ¿Cuánto tiempo se le dio a ellos para poder desarrollarse? Cuando ves un jugador que lo que le dieron fueron dos o quizás tres temporadas, eso para mí no es una oportunidad”.

Por esta y otras razones, Márquez se dio a la tarea de preparar el estudio, con miras a orientar a los padres y jugadores desde antes de llegar al sorteo. Y les hace saber que si la oferta no es buena, la mejor opción será estudiar y jugar béisbol colegial.

Márquez está consciente que no todo pelotero que sale de escuela superior tiene el interés de continuar estudios universitarios. Pero su interés es que cada jugador y sus padres tomen la decisión que deseen, pero debidamente informados.

De $300,000 a $400,000 es una oferta razonable

Márquez señaló que no hay un estándar definido de lo que es una buena oferta, pues hay que estudiar caso a caso, pero considera que si un pelotero no recibe una oferta de $300,000 a $400,000 (el equivalente a entre la cuarta y quinta rondas del sorteo), no es mucho el esfuerzo que harán las organizaciones por desarrollarlos. Un poco por debajo de los $300,000, como los $250,000 que recibieron varios prospectos este año, puede ser una cantidad considerable. Márquez dijo que hay que tomar en cuenta qué tipo de organización. Si es una de mercado pequeño, esa inversión de $250,000 es seria, considerando que no tiene el mismo poder económico de grandes plazas como Nueva York o Los Ángeles.

Dicho de otro modo, la cantidad del bono sí es importante, pero no por el mero hecho de que el jugador tendrá mucho dinero al momento de firmar, sino porque será muestra de que la organización sí está interesada en desarrollarlo y darle oportunidad para que vaya progresando.

En el caso del campocorto Kevin Santiago, este firmó en 2016 con Tampa Bay por $300,000, el triple de lo que le ofrecieron($100,000) en 2015 los Rojos de Cincinnati. Y eso que los Rays lo seleccionaron en la ronda 20. Pero antes, Santiago optó por irse a jugar como colegial a Miami Dade, luego del sorteo de 2015, y allí se pulió y aumentó su valor.

Reynaldo Rivera pactó con Detroit en 2017 y recibió un bono de $850,000. (Suministrada)

Por su parte Reynaldo Rivera, ahijado del exjugador de Grandes Ligas, Juan "Igor" González, no fue escogido por ningún equipo en el draft de 2015. Decidió marcharse a Chipolla College. Entonces, el sorteo de 2016 fue igual de frustrante pues los Cachorros de Chicago lo seleccionaron en la ronda 24. Optó por quedarse un segundo año estudiando y jugando béisbol colegial, y en 2017 fue reclamado por los Tigres de Detroit en la segunda ronda, turno global 57, y le extendieron una bonificación de $850,000. Ese bono significó unos $700,000 más de lo que Chicago le ofreció un año antes ($150,000).

El objetivo del estudio de Márquez es demostrar precisamente que si no hay una inversión seria en el pelotero, no llegará a Grandes Ligas en la mayoría de los casos, por falta de oportunidades.

“El otro punto (que demuestra el estudio) es lo rápido que los dejan libres”, dijo Márquez. “Por ejemplo, de los que firmaron en 2014 (tras ser escogidos de la ronda 11 en adelante), el último año que jugaron fue en 2016. O sea que lo que estuvieron activos (en liga menor) fueron tres temporadas”.

Rezago en el desarrollo físico

Yo prefiero enviar al muchacho a estudiar y que se desarrolle, porque físicamente no están listos para el béisbol profesional”, dijo Márquez sobre la realidad de muchos jugadores de Puerto Rico al concluir su escuela superior. En otras palabras, no es un asunto de falta de talento, sino que muchos no han madurado físicamente al llegar al sorteo.

El agente hizo otra advertencia, y es que los peloteros y sus familiares no deben cegarse con decir que van a estudiar a Estados Unidos sin evaluar bien las opciones. Dijo que no todo programa de béisbol universitario en Estados Unidos desarrolla peloteros, por lo que se debe hacer una búsqueda minuciosa y fijarse en el historial de cada universidad.


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