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Carmelo Martínez, a la derecha, fue quien alentó a Edgar a firmar. (GFR Media)

Edgar Martínez, sin duda, fue una ganga para la organización de los Marineros de Seattle.

Posiblemente, el doradeño entrará este año a Cooperstown con una de las bonificaciones más bajas —a la hora de firmar como novato— entre los jugadores de su generación que ya están exaltados en este recinto de inmortales.

A finales de 1982 —cuando trabajaba en una farmacéutica y era estudiante de American College con 19 años—, Edgar Martínez acordó firmar por tan solo $4,000 con los Marineros.

El escucha cubano Marty Martínez fue el responsable de su firma en Dorado.

“Recuerdo que la primera vez que hablaron fue en casa de mi mamá. Yo estuve allí”, recordó Carmelo Martínez, primo de Edgar y exjugador de las Mayores.

“Edgar no quería firmar. Estudiaba de día y trabajaba de noche, y no quería firmar. Le estuve hablando hasta que lo convencí y firmó. No le dieron mucho dinero”, contó Carmelo a El Nuevo Día.

¿Así que fuiste su primer agente?, se le preguntó. “Más o menos… no le pedí ninguna comisión”, contestó riendo.

Jugó con los Maceteros

Antes de firmar con los Marineros, Edgar Martínez jugó en el torneo de béisbol Doble A con los Maceteros de Vega Alta en la temporada de ese mismo año.

Fue seleccionado como Novato del Año en la sección Norte, recordó el exdirigente de los Arenosos de Camuy, Luis Rivera Toledo, cuyo equipo lo enfrentó en cuatro ocasiones durante la fase regular. Y Rivera Toledo lo recuerda muy bien. “Pienso que su desempeño en la Doble A le abrió los ojos a los escuchas. Era un jovencito dando líneas ante lanzadores veteranos. Era un bateador de líneas. Era lo que le caracterizaba. Recuerdo verlo batear de manera tranquila. Le gustaba halar la bola para el jardín izquierdo”, contó Rivera Toledo. “Y defensivamente era bueno con el guante. Lo único que le faltaba era alcance. Nunca fue muy rápido, pero era inteligente corriendo las bases. Fue un honor verlo jugar”.


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