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La parada de celebración de los Medias Rojas. (Agencia EFE)

Boston - Lograda la hazaña del campeonato, a los Medias Rojas de Boston les tocó hoy, miércoles, devolver a su ciudad el entusiasmo entregado durante más de ocho meses de un béisbol casi perfecto.

Esta vez, se invirtió el rito, y en lugar de los fanáticos abarrotar el parque más antiguo del béisbol de Grandes Ligas, fueron los peloteros quienes salieron del Fenway Park para encontrarse en las calles con sus seguidores y celebrar la culminación de un sueño que el boricua Alex Cora se atrevió a imaginar a principios de año, con la candidez de un novato.

“Lo he venido diciendo desde el primer día: esto es de locos, esto es una locura”, dijo Cora. “Es por eso que son campeones”, agregó Cora, quien se convirtió en el primer dirigente puertorriqueño en ganar un título del Clásico de Otoño al eliminar a los Dodgers de Los Ángeles en cinco juegos.

El piloto boricua, quien llevará el sábado el trofeo de campeonato a Puerto Rico, se paseaba hoy en un “duck boat” en el que también se encontraba su hija adolescente, Camila, quien no dudó en enarbolar una bandera puertorriqueña mientras gritaba junto a la concurrencia.

No se trataba de la primera parada de este tipo en la que participa el cagüeño. En 2007, como un jugador que salía del banco, Cora recorrió estas calles tras obtener el campeonato de las Mayores para los Medias Rojas.

Pero, en esta ocasión, su figura ocupa un lugar destacado.

Cora viajaba en uno de los primeros transportes sobre los que se desperdigó el equipo que, con 108, estableció el récord del mayor número de victorias en una temporada regular para esta franquicia histórica. “Yo creo que es un dirigente excelente”, dijo Barri Levine, una fanática de toda la vida de los Medias Rojas, quien recorrió la zona del parque Boston Common junto a su amiga Sandra Twaalfhoven, para celebrar con su equipo, y aprovechar la ocasión para comerse un “hot dog”.

Para Levine ha sido especial, aunque, aun con el récord ganador, ella nunca se confió. “Uno siempre tiene la esperanza, pero uno nunca debe celebrar antes de tiempo”, aseguró.

Cora no era el único boricua entre los integrantes del equipo. El receptor Christian Vázquez y el coach Ramón Vázquez también disfrutaron en la parada.

Otra fiesta en las calles

En esta ciudad todavía se recuerda la extensa sequía que mantuvo a los Medias Rojas sin campeonatos por 86 años, pero, con el de este año, ya son cuatro las Series Mundiales que conquistan desde 2004, y los fanáticos han ganado experiencia en esto de esperar a su equipo a lo largo del trayecto.

Los padres acomodaban a sus hijos pequeños en los rincones que aseguraban eran ideales para ver de cerca a los peloteros, que atravesarían el centro de la ciudad repartidos en “duck boats”, esas embarcaciones anfibias que se estrenaron en esta ciudad y que ahora transportan turistas en diversos puntos del planeta.

La parada de celebración estaba pautada para salir del estadio a las 11:00 de la mañana, pero, una hora antes, ya la calle Tremont, en uno de los tramos finales del trayecto, estaba abarrotada.

En la conglomeración, destacaban los adolescentes y universitarios que aprovecharon la celebración para arrancar un peculiar Halloween, en el que, más que disfraces, abundaban las camisetas beisboleras.

Faltaban unas tres horas hasta que la parada alcanzara esta zona de la ciudad, pero los presentes no esperaron para entonar el himno extraoficial de los Medias Rojas, el clásico “Sweet Caroline” de Neil Diamond, al que, cada cierto tiempo, reemplazaban con otro cántico igualmente habitual entre los pasillos de Fenway: los potentes y repetitivos “Yankees suck!”. Ni en la más dulce de las victorias olvidan los Medias Rojas a sus archirrivales.

Una edición especial

“Este es el mejor equipo en la historia (de los Medias Rojas)”, decretó Tom, quien viajó desde New Hampshire hasta Boston para celebrar con el equipo al que ha seguido con pasión desde que tenía siete años, cuando su padre, fanático de los Dodgers, le dio permiso para escoger cualquier equipo que quisiera, “siempre y cuando no fueran los Yankees”.

Esta es la segunda vez que Tom, quien no quiso ofrecer su apellido, acude a una parada de este tipo. La primera, para celebrar el campeonato de los Medias Rojas de 2007, estuvo un poco más concurrida, asegura, pero añade que el entusiasmo este año es el mismo. “Debe ser porque es día de semana”, estimó.

Los fanáticos aún estaban tomándose fotos y “selfies” para constatar que allí estaban, presenciando la historia de esta ciudad que vibra por el deporte, cuando, al fondo, por la calle Boylston, se intuía una nube de confeti rojo, azul y blanco. 

La parada se abría paso con un convoy de seguridad que incluía agentes del SWAT y el FBI, y un convoy antiexplosivos. Pero, tras su paso desconcertante, llegó una banda que, encaramada sobre una carroza, tocaba música en vivo y anticipaba el ambiente de fiesta que la perseguía.

No faltó mucho para que comenzara el desfile de “duck boats” y, de repente, los gritos emocionados de los seguidores anunciaron quién se acercaba: “¡Alex Cora”!


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