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El exjugador de las Grandes Ligas, Orlando “Peruchín” Cepeda, pasa sus días en un centro de cuidado en la ciudad de San Francisco en compañía de su esposa, después de sufrir un infarto cardíaco en febrero pasado. (GFR Media)

Bajo cuidados especiales en la ciudad de San Francisco, el puertorriqueño Orlando “Peruchín” Cepeda continúa experimentando una mejoría en su condición de salud, luego de sufrir un infarto cardíaco y una peligrosa caída que lo tuvo al borde de la muerte en febrero pasado.

Hace unos días, el expelotero de los Gigantes de San Francisco y de los Cardenales de San Luis disfrutó del triunfo de su compatriota Alex Cora en la Serie Mundial como dirigente de los Medias Rojas de Boston, a la vez que celebró el 51 aniversario de su premio como Jugador Más Valioso de la Liga Nacional.

El exinicialista, quien fue el Novato del Año de la Liga Nacional en 1958 y participó en 11 Juegos de Estrellas en 17 temporadas, dijo que sigue disfrutando del béisbol y de la compañía de sus seres queridos.

El pasado 19 de febrero, Cepeda, apodado Baby Bull, se desmayó tras salir de un gimnasio cerca de su hogar en Fairfield. Al caer se golpeó la cabeza con el pavimento, teniendo que ser llevado de emergencia al hospital Bay Area.

Allí tuvo que ser entubado en la unidad de cuidado intensivo y se informó que su condición era delicada. Luego de rigurosos exámenes médicos se determinó que la caída fue producto de un infarto cardíaco.

Cepeda, miembro del Salón de la Fama y de 81 años, se recuperó y fue dado de alta a mediados de marzo. Actualmente, reside en un centro de cuidado, donde su condición de salud continúa progresando, según dijo. En pasados días, Cepeda conversó con El Nuevo Día desde San Francisco.

A casi nueve meses de ocurrir el incidente que por poco te cuesta la vida, ¿cómo te sientes?

—Me siento bien en este momento, pero estuve bien malo. Fue dura la batalla, pero hasta ahora me siento bien y mejorando. Estoy con cuidado, tú sabes. No hacer de más. Fue un wake up call. Esto fue como un cantazo para que abriera los ojos. Fue duro, duro, duro.

¿Recuerdas algo antes de la caída?

—Voy mucho al gimnasio. Ese día me metí en el jacuzzi, pero al salir (del gimnasio) me maree y me fui de espalda y me di un cantazo en la cabeza debido al ataque del corazón que me dio. Allí estaba (Juan) Marichal. Suerte que yo andaba con dos médicos y me dieron primeros auxilios. La vi dura. ¡Dura! Estuve cuatro horas ido (inconsciente) completamente.

¿Experimentaste algún miedo o temor tras sufrir ese percance? ¿Pensaste en lo peor?

—Miedo no. Tú sabes que nunca he tenido miedo a la vida. Fui exitoso como pelotero, pero cuando vine a Estados Unidos me encontré con el racismo, prejuicio y nunca le tuve miedo a nada. Ahora tengo que tomar esto con más precaución. Uno se pone alerta y abre más los ojos. Ahora uno tiene más cuidado.

¿Cómo ha ido mejorando tu salud en los últimos meses?

—Mucho, mucho. Lo del corazón viene de familia. De mi abuela y de mi mamá. Tuve también arritmia. Me decían que tenía que tener cuidado con el corazón, pero uno no hace caso porque crees que eres de acero, pero ahora uno tiene que tener más cuidado. Uno se cuida más que antes.

Dentro de todos los ajustes que has experimentado en tu estilo de vida, ¿cómo has podido bregar con los cambios en los hábitos alimenticios?

—Seguro que he tenido que cambiar, aunque yo siempre he sido naturista. He estado pendiente a no comer mucha carne. Pero sabes que en Puerto Rico nos gusta el lechón asado y morcilla. Creo que eso va a ser duro dejarlo (ríe). A mí me encanta el lechón asado.

¿Cuando fue la última vez que comiste lechón?

—Fue cuando fui a Puerto Rico en las pasadas Navidades. Fue cuando mandé a asar uno en Yabucoa. Despúes de eso comí morcilla, pero después paré y no he vuelto a comer nada más hasta este momento. Pero cuando vaya para allá en Navidades, voy a comer. El doctor me dijo que no me convenía viajar todavía a Puerto Rico, pero voy a ir si Dios quiere en Navidades.

En estos momentos, ¿estás en tu casa o en algún centro de cuido?

—Estoy en un lugar donde tengo supervisión de los médicos durante 24 horas. Están cuidando de mí en las comidas, y vigilando la dieta y los medicamentos. Es un sitio bien bueno. Recibo visitas. Estoy mejor que en mi casa. Aquí está mi esposa y vienen mis hijos.

¿Sabías que el pueblo de Puerto Rico estuvo muy preocupado por tu salud y pendiente a todo el proceso desde el accidente hasta el proceso de recuperación?

—Me enteré. Estuvieron orando. Hicieron una misa en Camuy y me dijeron que fue mucha gente. Uno lo siente. Y como te dije, fue un momento duro, pero estoy mejorando cada día más.

¿Qué te pareció la gesta de Alex Cora al llevar a los Medias Rojas de Boston al título de la Serie Mundial?

—Tremendo. He disfrutado eso como si me hubiese pasado a mí. Yo estuve con él en Boston este año. Siento una gran alegría porque es una cosa grande. Eso le abre las puertas a muchos más latinos porque el trabajo que hizo fue una cosa extraordinaria. Yo vi el homenaje por televisión y me lo disfruté. Yo conocí a su papá (José Manuel, “Macuco”). Lo conocí de muchacho en Guayama.

Recientemente, se cumplieron 51 años de que ganaras el premio de Jugador Más Valioso en la Liga Nacional con los Cardenales de San Luis. ¿Qué recuerdas de ese momento histórico?

—Son cosas que cuando pasan lo recibes, pero ahora (al pensarlo) después de 51 años se me paran los pelos. Le doy las gracias a San Luis, que me sacó de los Gigantes y me dio esa oportunidad. Fue el año después de que los Gigantes me cambiaron a San Luis. Mis compañeros allí me aceptaron. Fue un año extraordinario. Fue un honor bien grande. Fue increíble. Tuve un tremendo recibimiento en el Sixto Escobar.

Los Cangrejeros de Santurce en el béisbol invernal te dedican esta temporada. ¿Cómo te sientes con este homenaje?

—Me cogen de sorpresa y me hace tambalear un poco, pero uno lo agradece. Es un honor. Estoy más que agradecido.

Hace unos días el mundo del béisbol sufrió la partida de Willie McCovey, quien fue compañero tuyo en San Francisco y amigo personal. Imagino que sería una noticia muy dura para ti.

—¡Horrible! Yo estaba aquí en mi casa y vino mi yerna y yo veía que ella quería decirme algo. Hasta que me dijo: ‘Tengo algo que decirte Orlando y me dijo esa cosa tremenda (entre sollozos).


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