Protagonistas de ese encuentro hablan del partido que se celebró hace 25 años

La Habana, Cuba.- Omar Ajete no olvida aquel jonrón que Javi López le conectó hace 25 años, pues ese batazo que puso el punto final a un histórico partido entre los Senadores de San Juan y el Equipo Nacional de Cuba lo ha marcado de tal forma, que es recordado como el momento más dramático de su brillante carrera como lanzador en la pelota cubana.

El veloz tirador zurdo, que lanzaba consistentemente sobre las 90 millas por hora y contaba con un variado repertorio de pitcheos, acumuló impresionantes números en el torneo nacional cubano.

Tuvo marca de 179-96 en 16 temporadas con el equipo de Pinar del Río. Su registro de efectividad fue de 3.29, en una era en que en Cuba, como pasaba a nivel internacional, se bateaba con aluminio. Promedió siete ponches por cada nueve entradas y apareció en la friolera de 449 encuentros. Todo eso cuando en Cuba pululaban bateadores del calibre de Orestes Kindelán, Víctor Mesa, Germán Mesa, Lourdes Gurriel, Javier Méndez, Antonio Pacheco, Omar Linares, entre muchos otros, todos con talento para jugar en las Mayores.

Pero todos esos logros y estadísticas, hoy, 25 años después de aquel 1 de diciembre de 1993, siguen a la sombra de aquel lanzamiento que López encajó con Ryan Thompson en base para dejar sobre el terreno a Cuba, 4-3, y quebrar una la racha de 100 victorias seguidas de la novena cubana en la arena internacional.

Ajete, quien se mantiene en tremenda forma física y trabaja en el desarrollo del béisbol en su provincia de Pinar del Río (en la punta oeste de Cuba), recuerda muy bien ese instante. Lo hace sin pena ni vergüenza, al contrario, se lo toma de buen ánimo, como quien aprende que de limones se hace limonada.

“Fue muy emocionante aquel partido, pero el recuerdo que me queda es el jonrón que me dio Javier López. Desde que yo le hice el lanzamiento, que vi la conexión y la parábola de la bola, ya sabía que no estaba adentro. Víctor (Mesa), que era el left field, no hizo ni el intento de salir a capturar la conexión, sólo vino corriendo para el dugout porque nos habían dejado al campo”, recordó Ajete en entrevista con El Nuevo Día en el estadio provincial pinareño Capitán San Luis, donde lució por casi dos décadas el uniforme verde y amarillo de los Vegueros.

“Aquello fue lo más emocionante, lo nunca visto para mí. Después que se acabó el partido estuvimos dos horas para salir y cuando pensamos que ya se había dispersado la afición, el estadio seguía como si fuese a comenzar el partido”, agregó.

Ajete contó que tras el final del juego, que Cuba perdió en la novena entrada tras dominarlo, 3-2, con una excelente labor del derecho iniciador Lázaro Valle y un oportuno batazo del legendario tercera base Omar Linares, se dio un intercambio fraternal entre los dos equipos y López le pidió que le firmara la pelota, lo cual hizo, pero a cambio de respuestas a varias preguntas.

“Después que se acabó el partido estuvimos casi dos horas en el clubhouse. Allí, Carlos Baerga, que era el segunda base de los Senadores, estaba hablando con Omar Linares y Javier López se acercó al clubhouse para que yo le firmara la pelota, pero ya andaba sin la camisa y yo no lo reconocía. Entonces Carlos Baerga me dice: ‘zurdo, no le firmes la pelota que él fue el que te dio el jonrón’”, dijo Ajete sonriente.

“Entonces yo le dije a Javier si le podía hacer una pregunta y me respondió que sí. Le dije:  ‘¿tú estabas preparado para la bola rápida o para el lanzamiento movido?’. Me contestó que estaba preparado para la bola rápida, porque ya tenían información de que Lázaro Valle, que iba a ser el abridor, y yo, dependíamos de la buena velocidad. Entonces le dije: “¿cómo se entiende que si estabas preparado para la bola rápida y yo te tiré slider, diste la conexión? Si te hubiese tirado recta hubiese caído la pelota a un kilómetro entonces’. Me contestó que ‘hiciste el lanzamiento, yo preparé el swing, lo ejecuté e hice contacto y salió la conexión’”.

¿Qué te pasó por la mente justo cuando salió el batazo?, le preguntó El Nuevo Día al pintoresco exlanzador.

Javier López, con 23 años, fue el héroe en el triunfo de su novena ante Cuba en el partido de exhibición. (Archivo)

“Cuando salió la conexión, sentí que no quería regresar aquí, porque sabía que el Comandante (Fidel Castro Ruz) nos estaba esperando. Tuvimos el encuentro con el Comandante y yo estaba medio limitado, cosa de que él no me viera. Pero preguntó por mí y (Antonio ) Pacheco (segunda base) que estaba al lado mío, me dijo: ‘te cogió’. Cuando él preguntó y dijo ‘¿dónde está Ajete?’, yo contesté: ‘diga Comandante’. Recuerdo que me dijo ‘levanta la cabeza, por qué estás así. Es un partido, es la primera vez que nos enfrentamos y hay que prepararse para la otra, pero bastantes triunfos le has dado al deporte. Lo que hay que seguir es adelante con más fervor y emoción para otros encuentros”, respondió.

Ajete salió “ileso” de su encuentro con Castro Ruz, pero no puede decir lo mismo de sus amigos en Pinar del Río o del diverso clan que compone la pelota cubana. Cuenta muerto de la risa cómo lo recibieron y cómo le recuerdan aquel batazo a la menos provocación.

“Desde que llegué al aeropuerto me decían: ‘oye, Javier López te manda saludos’. Roberto Pacheco, el comentarista de Radio Rebelde, me hizo en una ocasión una entrevista y me pregunta: ‘¿Cuál ha sido el momento más emocionante en tu vida’ y le dije que fueron varios, sobre todo las victorias, en los Panamericanos de 1987 cuando con 21 años le gané a Estados Unidos y en 1992 cuando le di 17 ponchados de relevo en Barcelona. Entonces me pregunta por el más triste y él mismo se respondió cuando me dijo: ‘cuando Javier López te dio el jonrón en el juego contra los Senadores de San Juan?’…y le dije: ‘no, el más triste fue cuando me dieron baja del equipo Pinar del Río’ (risas). Qué le iba a decir, si él mismo se respondió”, expresó.

“Aquí hay un periodista que le dicen Kitín, que yo le digo cuando lo veo Kitín Cabrera y en verdad su apellido es Rodríguez. Y cuando yo le digo Kitín Cabrera, él me dice Javy López (más risas)... En la calle, los que vieron aquel partido, que ya hace tantos años, cuando nos plantamos a conversar me dicen… ‘oye tú fuiste tremendo lanzador, pero el batazo de Javier López no se olvida todavía’”, añadió.

Aquel partido tuvo muchos matices que lo hicieron particular e histórico. Para comenzar, era la primera vez que un equipo cubano se enfrentaba a una novena con jugadores establecidos en las Mayores o que eventualmente serían estrellas, como Baerga, Carmelo Martínez, López, Thompson, entre otros.

A pesar de que Cuba había topado con equipos profesionales japoneses, no se trataba del mismo nivel, y el juego en un Hiram Bithorn lleno a capacidad, era el escaparate correcto para mostrar al mundo que los peloteros cubanos tenían talento y que sus 100 victorias seguidas a nivel internacional no eran casualidad.

Cuba quería plantar bandera con la calidad de su béisbol, que era cuestionada porque su participación se daba con combinados aficionados, ya que en aquel entonces el béisbol internacional todavía no aceptaba profesionales en sus torneos.

A ello se sumaba el factor político. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Ponce recién acababan y dejaron una estela de decenas de deserciones en la delegación cubana tras una fuerte campaña del comunidad en el exilio que invitaba a atletas y funcionarios a quedarse en Estados Unidos. El ambiente que generó el juego fue tenso, con manifestaciones políticas a favor y en contra de Cuba en las gradas, y escuchas de equipos de las Grandes Ligas gritando ofertas a viva voz a los jugadores cubanos para que se quedaran y firmaran con ellos.

“Hablaron con nosotros en el hotel y nos pidieron mucha concentración en el partido y que lo otro (lo político) era secundario. Esa fue una de las razones por las que estuvimos como dos horas en el clubhouse después que se terminó el partido. De ahí recuerdo que salimos escoltados por oficiales de la policía directo al transporte y para el hotel. Al otro día regresamos a Cuba”, afirmó Ajete al referirse a la tensión que generó el encuentro, al cual asistieron miles de cubanos en el exilio. “Todos los cubanos de Puerto Rico fueron a ese juego”, agregó.

El clima que generó aquel partido fue único, sólo comparable con el desafío entre Cuba y Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol de 2006, cuando los cubanos eliminaron al combinado boricua en la segunda ronda y tomaron venganza de aquella derrota en 1993.

Lázaro Valle fue el lanzador iniciador del encuentro, un derecho con una excelente bola rápida que -según él- rondaba las 95 millas y buenos recursos de lanzamientos, todos ellos controlados en la zona del strike. Es hoy entrenador en el equipo Industriales de La Habana y recuerda a la perfección cuando se paró sobre la loma del Bithorn.

“Fue un juego verdaderamente histórico. Me recuerdo de una anécdota que hay por ahí famosa, cuando un periodista me pregunta el día antes ‘¿qué se siente un lanzador amateur que va a pitchearle a una constelación de estrellas de Grandes Ligas?’. Yo le dije: ‘bueno, mañana yo te voy a contestar eso’”, relató Valle a El Nuevo Día en el Estadio Latinoamericano de La Habana.

“Todo el mundo vio el resultado, y no es que me crea el mejor pitcher, pero traté de hacer mi trabajo y creo que sí lo hice… Había grandes expectativas porque se le había hecho mucha propaganda a ese juego. Yo me dije: ‘bueno, yo me voy a fajar con ellos’. Y así mismo fue y creo que fue algo muy bonito, una experiencia muy linda”, sostuvo el derecho, quien acumuló registro de 138-74 en 15 años como lanzador en Cuba.

Hubo miembros de la delegación cubana que vieron el partido desde otra perspectiva, fuera del terreno de juego, como fue el caso del narrador Roberto Pacheco, de la emisora Radio Rebelde, quien relató el partido para la televisión y la radio junto a su compañero Héctor Rodríguez, hoy fenecido.

“No me tocó narrar la parte triste, para el caso de los cubanos, que no nos gusta perder en nada, que fue el jonrón. Le tocó a Héctor, quien lo hizo de una manera muy profesional”, dijo Pacheco a El Nuevo Día en su residencia del barrio habanero de Miramar. “Fue un partido muy bonito, con el estadio lleno. Es el tipo de intercambio que debería tomarse anualmente, un tope entre Cuba y Puerto Rico, como se hace con Estados Unidos”, agregó.

Pacheco, un veterano comentarista radial que ha acompañado al béisbol cubano en prácticamente todos los escenarios posibles en más de 30 años de carrera, quiso arrojar luz sobre un debate que por años rodeó el batazo de Javi López: ¿fue con bate de aluminio o de madera?

“Fue con bate de aluminio. Recuerdo el sonido del bate, que el de aluminio es particular. Se había establecido que se podía usar cualquiera de los dos bates. Cuba optó por el aluminio, que era a lo que estaba acostumbrado. Pero el jonrón de Javy López fue con aluminio”, afirmó Pacheco, una impresión que se confirma cuando se mira el vídeo del partido, en el cual López tiene un bate de la marca “Easton”.

Bate de aluminio o de madera, lo cierto es que el jonrón de Javi López ante Omar Ajete marcó al béisbol cubano para siempre, sobre todo para bien, porque desde ese momento los peloteros antillanos confirmaron que tenía el talento de pelear de tú a tú con los profesionales, lo que fue la mayor de sus victorias a pesar de la derrota.


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