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Iván Calderón evade un golpe de Hugo Cázares durante la segunda pelea que ambos protagonizaron en el 2008. (Archivo)

La grandeza boxística de Iván Calderón yace principalmente en que, a pesar de su baja estatura de cinco pies, logró conquistar títulos mundiales en dos divisiones y convertirse en uno de los más populares púgiles boricuas de las pasadas dos décadas.

Sobre el cuadrilátero, Calderón siempre jugó el rol de David ante Goliat, enfrentando a rivales más altos, más fuertes y más pesados a los que superaba con técnica, táctica y, sobre todo, maña.

No poseía gran velocidad de manos ni era pegador. Pero su gran defensa junto a su instinto de contragolpista temerario lo convertían en un acertijo con guantes de boxeo.

Con esas herramientas,  forjó una impresionante carrera, debutando como profesional tras participar en las Olimpiadas del 2000, convirtiéndose en campeón mundial de dos divisiones (105 y 108 libras), lo que le ganó el décimo puesto de las Leyendas Boricuas del Ring. Su récord fue de 35-3-1, con seis victorias por la vía del nocaut.

Esas tres derrotas llegaron en sus últimas cuatro peleas.

“Me gusta porque es como un Willie Pep moderno, en miniatura”, le dijo a El Nuevo Día  el veteranísimo cronista boxístico Michael Katz, mientras observaba la pelea en la que Calderón conquistó la corona de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) en las 105 libras.

Fue el 3 de mayo de 2003 ante Eduardo Rey Márquez en Las Vegas, Nevada. El otrora campeón peso pluma Pep es considerado uno de los mejores peleadores técnicos de todos los tiempos.

Luego de superar al nica Márquez por la faja peso mini mosca (105 libras), Calderón defendió esa corona en una docena de ocasiones, superando a excampeones de la talla del ponceño Alex Sánchez, el colombiano Daniel Reyes, así como los mexicanos Roberto “Mako” Leyva, Isaac Bustos, y Edgard “Tun Tun” Cárdenas.


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