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Prichard tiene ambos pies enyesados para intentar evitar que se le atrofien debido al largo periodo comatoso. (GFR Media) (horizontal-x3)
Prichard tiene ambos pies enyesados para intentar evitar que se le atrofien debido al largo periodo comatoso. (GFR Media)

Hace 41 días que Prichard Colón Meléndez cayó en coma tras su combate con Terrel Williams en Fairfax, Virginia. Su padre Richard ha recibido y despedido cada uno de esos días con una plegaria, y ha dedicado todo el tiempo entre oraciones a apoyar en lo posible la recuperación de su vástago.

Ayer, durante su sesión de terapias en el Centro Shepperd de Atlanta, Georgia, Prichard dio señales de leve mejoría.

“Hizo el trabajo físico y luego la terapia de estiramiento. Él está mongo (flácido debido al coma), pero en las terapias intentó mantener la cabeza derecha (por esfuerzo propio)”, describió Richard.

“Y esta mañana lo pusieron al 50 por ciento de la posición vertical. Superó el 30 por ciento. Estamos tratando de llevarlo a 90 grados. Durante ese proceso le chequean la presión y todo a ver como lo está asimilando. Ya están hablando de que está habiendo una mejoría”.

Aún tomando en cuenta esa mejoría, es un proceso cuesta arriba. El joven de 23 años de edad encara otra cirugía craneal, para reponerle el hueso que fue removido cuando fue operado de emergencia en el Inova Hospital de Fairfax, inmediatamente tras la pelea. La intervención detuvo sangrado cerebral y disminuyó la inflamación intracraneal que sufría Colón. La cirugía fue exitosa, sin embargo, Prichard continúa en coma.

No ha sido fácil, para Richard, la madre de Prichard, Nieve, y los demás seres queridos. Los gastos médicos son astronómicos y las horas de trabajo interminables. Es una carga difícil para los hombros del militar retirado y el resto de su familia.

“Estamos todo el día en talleres, aprendiendo cómo funcionan las maquinarias (utilizadas para atender a Prichard), con la intención de que uno comience a operarlas cuando se sienta cómodo”, explicó Richard. “Van preparando a uno para la eventualidad de que tengamos que llevarnos a Prichard para la casa”.

“Ya la decisión se tomó. Él va para la casa de la mamá (en Orlando, Florida) que es acá en los Estados (Unidos). Queda en Orlando, más cerca de este hospital. Yo no tuve ningún tipo de objeción ahí, aunque no es fácil”, explicó el progenitor quien reside en Orocovis.

“Todo depende de cuándo a Prichard se le pueda poner el hueso que se le quitó (en la cirugía de emergencia), ya sea uno de plástico o el original de él”, agregó el padre. “Estamos esperando porque él tiene una condición que causa que genere un líquido en el cerebro, que si el cuerpo no lo absorbe, tienen que ponerle una manguita en el cerebro que baja por el cuello y llega al estómago para que allí el cuerpo absorba el líquido”.

“Hoy (ayer) le están haciendo un CT Scan (tomografía computarizada) para ver el líquido de la cabeza. Es muy probable que le tengan que hacer el drenaje”, agregó el padre.

Agregó que al momento Prichard tiene ambos pies enyesados, para intentar evitar que se le atrofien debido al largo periodo comatoso.

El programa de rehabilitación en el Shepperd Center tiene una duración de aproximadamente 50 días. “Independientemente esté o no en coma al final del periodo, vamos para casa de su mamá”, explicó Richard. “No hay fecha exacta, pero es muy probable que Prichard pueda llegar a su casa en Orlando en enero, aunque esté en coma. Porque ellos (los expertos en el centro) nos dicen que incluso así (en coma) los pacientes pueden percibir que están en un ambiente familiar. Y si despierta en la casa, volvemos al hospital para continuar la terapia física”.

La mudanza a Orlando requerirá una inversión en equipo especializado para atender al púgil herido.

“Nos dijeron varias compañías para comprar el equipo. Hay que conseguir una silla de ruedas hecha a la medida, una cama de posiciones, y la máquina, que es como un gato hidráulico para levantarlo en una hamaca, que lo sienta en la silla de ruedas. El baño también tiene que ser especial. Son muchas cosas”, dijo Richard.

La carga emocional de los pasados 41 días ha hecho mella en Richard y el resto de la familia.

“Yo no sé si es que no lo he asimilado todavía. Yo trato de ser fuerte. A veces hago mis chistes y alguna gente se molesta. Pero no es que las coja de vacilón, es que no sé cómo reaccionar”, confesó el padre, con su tono de voz sonando apesumbrado, cansado. “A veces, cuando estás nervioso o con miedo, lo que haces es reírte”.


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