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Manny Siaca ha trabajado con una treintena de campeones mundiales, y es de los pocos entrenadores puertorriqueños reconocidos a nivel mundial como de los mejores en su clase. (Archivo/ GFR Media)

Nota del editor: Primera de dos partes de un reportaje sobre la desproporción entre boxeadores y entrenadores boricuas de calibre mundial.

Cuando se habla de grandes púgiles puertorriqueños, una plétora de nombres afloran de inmediato en la conversación.

Wilfredo Gómez, Tito Trinidad, Miguel Cotto, Wilfredo Benítez, Héctor Camacho, etcétera.

Pero si el tema es grandes entrenadores, pocos podrían mencionar figuras del patio con ese grado de reconocimiento.

Si Puerto Rico ha tenido 55 campeones mundiales reconocidos por al menos uno de los cuatro organismos rectores del boxeo, ¿por qué cuenta con tan pocas esquinas consideradas grandes dentro de la comunidad boxística internacional?

“Hacer a un campeón mundial es jod… No es fácil”, dijo al respecto Manuel Alejandro Siaca, padre, de los pocos entrenadores puertorriqueños reconocidos a nivel mundial como de los mejores en su clase.

Siaca ha trabajado con una treintena de campeones mundiales, desde puertorriqueños y venezolanos hasta japoneses. Pero su principal mérito dentro de la industria es que desarrolló desde sus comienzos a cuatro campeones mundiales boricuas: Edwin “Chapo” Rosario, Juan Nazario, Wilfredo Vázquez y a su propio hijo, Manny Siaca Jr. 

Aparte de Siaca, padre, pocos entrenadores boricuas han desarrollado y coronado a más de un campeón mundial.

“Yo siempre he dicho que el boxeador hace al entrenador. Por eso ha habido muchos entrenadores que no estaban al nivel de sus campeones. Ahora mismo hay varios”, dijo al respecto el excampeón Víctor “Luvy” Callejas, excampeón mundial 122 libras, quien entrenó bajo Siaca y otro inmortal jefe de esquina puertorriqueño, Enrique “Quique” Carrión.

La naturaleza anárquica del boxeo es una de las muchas razones por las que en la Isla hay tal desproporción entre campeones mundiales y entrenadores de calibre mundial, indicaron varios de los entrenadores entrevistados por este diario en relación al tema. Debido a que el boxeo no está constituido bajo una liga como el béisbol o el baloncesto, los entrenadores de menor calibre o incluso neófitos pueden subir a las ligas mayores del pugilismo con facilidad, siempre y cuando trabajen la esquina de un peleador de gran talento o relieve mediático.

Por el contrario, en el béisbol o el baloncesto organizado, cuando un prospecto amateur firma como profesional, la franquicia que lo contrata no se lleva también a su entrenador, sino que lo une al programa que ya tienen establecido, con entrenadores y técnicos probados y que siguen una estructura preestablecida.

“No solo eso, hay ocasiones que son los mismos padres o tíos, que nunca han entrenado a nadie, los que se convierten en entrenadores. Y ya tú ves cómo termina eso”, dijo Orlando “Empanadilla” Rodríguez, por más de dos décadas entrenador de la Selección Nacional de boxeo y quien ha trabajado con todos los grandes peleadores aficionados boricuas durante esa época: desde Daniel Santos y Miguel Cotto hasta José Pedraza y McJoe Arroyo. “La inmensa mayoría de los boxeadores son fieles a sus entrenadores de base”.

“Es el caso de muchos campeones hoy por hoy. Pero se ve en muchas partes y es un caso de boxeador a boxeador”, sostuvo por su parte el argentino radicado en Las Vegas, Miguel Díaz, otro técnico de renombre internacional. “El caso de los Trinidad fue uno de los pocos en los que la dinámica de padre e hijo funcionó, y de gran manera”, agregó Díaz en referencia a don Félix Trinidad Rodríguez y su hijo, el pentacampeón mundial Tito Trinidad.

Clave la experiencia

Trinidad Rodríguez, sin embargo, fue peleador profesional y campeón nacional peso pluma. Aunque no tuvo relieve internacional como púgil, don Félix entrenó bajo dos de los más reconocidos entrenadores en la historia del boxeo boricua, el previamente mentado “Quique” Carrión y Gregorio “Goyo” Benítez.

Hoy día retirado de la industria, el otrora peleador, entrenador y manejador de Cupey también es de la filosofía que el boxeador hace al entrenador y no viceversa. Pero el mayor de los Trinidad entiende que la realidad no es que Puerto Rico no haya dado grandes entrenadores, sino que estos no han recibido el favor de las grandes telecadenas y promotores, que a menudo son quienes hilvanan el hilo narrativo de las grandes peleas y hasta de las carreras de muchos peleadores.

¿Bueno o reconocido?

“Aquí han habido muy buenos entrenadores y todavía los hay. Lo que pasa es que en el boxeo, como en todas las industrias, hay una gente que gobierna. Y en el boxeo es la televisión”, dijo Trinidad Rodríguez, único puertorriqueño en ganar el premio al Entrenador del Año que entrega la revista The Ring. Lo recibió en el 2000. Trinidad también es el único boricua galardonado con el Premio The Eddie Futch-John F.X. Condon Award que otorga la Asociación de Cronistas Boxisticos de América (BWAA, por sus siglas en inglés). Ese lo ganó en dos ocasiones: 1995 y 2000. “La televisión coge a los (personajes) que ellos quieren. La televisión ya tiene escrito un libreto y lo va llevando poco a poco a escena. Si tú le haces sombra a alguien que ellos escogieron, te ponen piedras en el camino”.

“Yo he sido privilegiado porque a mí la televisión me cubrió. Pero fue porque tenía a un supercampeón, que era Tito”. Don Félix agregó que esa dinámica también le puede salir cara al entrenador que gracias a la televisión gana fama.

“Esto ha pasado con grandes boxeadores. Cuando tienen problemas, que son derrotados, la culpa es de los entrenadores y no de los boxeadores. Y el ser entrenador entonces se convierte en una carrera de relevo”, planteó don Félix. “Porque para vender la próxima pelea, lo cambian por otro (entrenador conocido gracias a las telecadenas), y le echan un ‘bacalao’, un rival sin mérito para que gane y luzca impresionante. Y el entrenador que estaba antes, que era el querendón, se fue al fondo del barril”.


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