Antes de que el Hiram Bithorn se construyera en 1962, en el estadio Sixto Escobar se celebraban eventos deportivos de mayor envergadura. En la imagen, la fachada con la estatua de Sixto Escobar.  (Archivo) (semisquare-x3)
Antes de que el Hiram Bithorn se construyera en 1962, en el estadio Sixto Escobar se celebraban eventos deportivos de mayor envergadura. En la imagen, la fachada con la estatua de Sixto Escobar. (Archivo)

Aunque ya había sido campeón mundial peso gallo en dos ocasiones y tenía 52 combates en su hoja profesional, a Sixto Escobar le quedaba gasolina en el tanque.

Así lo demostró el 20 de febrero de 1938 en el parque de béisbol del Escambrón, el cual actualmente lleva su nombre.

La cancha local le favoreció en sobremanera al boricua. Ante 12,000 sonoros fanáticos, “El Gallito de Barceloneta" derribó a Harry Jeffra dos veces en el undécimo asalto y una más en el round 14 para sellar una victoria por decisión unánime.

Fue su victoria más importante y su único triunfo en cinco encuentros con su némesis.

Para entonces, Escobar era un ídolo sin igual en la isla. Pero El Padre Tiempo no perdona a nadie, y su cuerpo comenzó a mostrar los estragos que causa el ganarse la vida dando y recibiendo golpes.

En 1940 abandonó la corona gallo al no poder bajar al peso máximo permitido, 118 libras.

Tras una última pelea con Jeffra, el 2 de diciembre de 1940 en Baltimore, Escobar colgó los guantes.

Puerto Rico tuvo que esperar casi 20 años para ver a otro hijo de la isla —Carlos Ortiz— coronarse campeón mundial.

Poco después de abandonar el cuadrilátero, Sixto se unió al Ejército estadounidense, para entonces enfrascado en la Segunda Guerra Mundial.

Sixto pasó sus últimos años en Barceloneta, a pesar de que era dueño de varias propiedades en Santurce. Falleció el 17 de noviembre de 1977 en su ciudad natal. Tenía 66 años.

El estadio del Escambrón, donde peleó en varias ocasiones, lleva su nombre, reconocimiento que pudo disfrutarse en vida.

El 9 de junio de 2002, Escobar se convirtió en el quinto boricua exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en Canastota, otro reconocimiento que contribuye a la inmortalidad de “El Gallito de Barceloneta", hoy día recordado no solo como el primero, sino como uno de los mejores campeones que ha dado Puerto Rico.


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