Sixto Escobar y Harry Jeffra posan antes de una de las cinco peleas que ambos protagonizaron.  (Foto del Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Puerto Rico) (semisquare-x3)
Sixto Escobar y Harry Jeffra posan antes de una de las cinco peleas que ambos protagonizaron. (Foto del Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Puerto Rico)

Durante su segundo reinado en el peso gallo, Sixto Escobar fue coestelarista de uno de los primeros megaeventos boxísticos del pasado siglo, cuando formó parte de la alineación de un cartel en Nueva York que contó con la friolera de cuatro peleas de campeonato mundial.

Esto sucedió cuando en el boxeo solo se reconocía a un campeón por cada una de las ocho divisiones boxísticas. Hoy día, hay al menos cuatro campeones en cada una de las 17 divisiones reconocidas.

La velada, titulada Carnaval de Campeones por su organizador, el promotor Mike Jacobs, paralizó el boxeo mundial el jueves 23 de septiembre de 1937.

Escobar defendía su corona peso gallo ante Harry Jeffra, mientras que “El Torito de Cayey", Pedro Montañez retó al campeón ligero Lou Ambers, a quien había vencido por decisión en una cita no titular a principios de año.

Además, Barney Ross expuso su faja peso welter ante el filipino Ceferino García. Por último, Fred Apostoli puso en juego su fajín peso mediano ante Marcel Thil, de Francia.

El histórico cartel tuvo como sede el legendario Polo Grounds, hogar de los Gigantes de las Grandes Ligas y del football de la NFL.

La asistencia oficial fue 32,600, duplicando la asistencia de los megaeventos que hoy día suben a escena en Las Vegas y Nueva York. Uno de ellos, en las gradas, fue un joven fanático de boxeo llamado Mario Rivera Martinó, quien para entonces era el limpiabotas de Escobar y de Montañez frente al Madison Square Garden.

“¡Muchacho! Ver esas cuatro peleas el mismo día en el mismo evento era algo espectacular”, recordó Rivera Martinó durante una entrevista con El Nuevo Día poco antes de fallecer el 12 de septiembre del 2017.

“Básicamente, casi la mitad de todos los campeones mundiales de ese momento estaban peleando en la misma cartelera”, dijo.

Rivera Martinó, quien de adulto se convirtió en uno de los principales cronistas boxísticos de América, mantuvo una cercana amistad con Escobar y con Montañez hasta el fallecimiento de los reconocidos peleadores.

Don Mario relataba a menudo que pudo ver esa histórica cartelera gracias a Montañez, quien logró “colarlo” al estadio.

“Me dijo que pasara por una de las puertas traseras del estadio y dijera mi nombre. Yo fui y cuando dije mi nombre, me dejaron pasar”, contó Rivera Martinó.

Fue una mala noche para los boricuas, que eran favoritos para ganar sus respectivos combates. Escobar cayó por decisión unánime, mientras que Montañez, quien había vencido a Ambers con relativa facilidad a principios de año, en la revancha cayó en por decisión mayoritaria.

Desafortunadamente, y a pesar de que pelearon a menudo frente a las cámaras, el único pietaje de Escobar o Montañez en el cuadrilátero es de esta velada, en la que ambos perdieron. Para entonces, los promotores grababan los combates para transmitirlos esa misma semana en los cines.


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