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Wilfredo Vázquez comenzó a boxear tras el fallecimiento de su padre, quien era un gran fanático del deporte. (Archivo)

Wilfredo Vázquez Olivera no nació para ser boxeador profesional, mucho menos campeón mundial en tres divisiones. Como aficionado, el apodado “Wi” apenas hizo 17 peleas, perdiendo tres. También perdió en su debut profesional. Para muchos, esto sería suficiente razón para colgar los guantes y buscar otra manera de ganarse la vida.

Pero Vázquez es tenaz y no se da por vencido así de sencillo. Y la memoria de su padre fue combustible de alto octanaje en su larga e improbable carrera boxística que lo vio ganar campeonatos mundiales en tres divisiones, y agenciarse el octavo  puesto en la lista de las Leyendas Boricuas del Ring.

Su padre, Juan Vázquez Velázquez, era un hombre corpulento y fajón. Se dedicaba al recogido y reciclaje de metales. Wi lo admiraba y comenzó a trabajar con él desde muy chico, tras abandonar la escuela después del tercer grado.

“Mi papá era bien fanático de Wilfredo Gómez”, recordó recientemente el excampeón bayamonés en entrevista con El Nuevo Día.  “A él le encantaba el boxeo y Gómez era su favorito”.

Don Juan estaba listo para ver en persona la primera megapelea del Bazooka, su duelo con el mexicano Carlos Zárate el 28 de octubre de 1978 en el coliseo Roberto Clemente de Hato Rey.

El día antes, don Juan sufrió un accidente laboral serio, cuando un bloque de motor le cayó en el pecho. La lesión lo dejó encamado y le privó asistir a la pelea de su boxeador favorito.

“El mismo sábado por la noche él se levantó y preguntó quién había ganado. Yo le dije que Gómez lo noqueó en cinco asaltos”, relató Wi.

Un día después, don Juan murió.

Dos semanas más tarde y aún afligido por la muerte de su padre, Wilfredo fue a un gimnasio de boxeo por primera vez.

“Yo lo que quería era darle un homenaje a mi papá que era tan fanático de Wilfredo Gómez. Yo quería hacer lo mismo que él (Gómez)”, dijo Vázquez. “Ese era mi pensamiento”.


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