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El presidente de Rusia Vladimir Putin, a la derecha, y el primer ministro ruso Dmitry Medvedev, ven el campo durante el duelo entre Rusia y Arabia Saudí que dio inicio al Mundial de fútbol 2018 en el estadio Luzhinski en Moscú, Rusia (horizontal-x3)
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, ven el campo durante el duelo entre Rusia y Arabia Saudí que dio inicio al Mundial de fútbol 2018 en el estadio Luzhinski en Moscú, Rusia. (AP)

Moscú - El presidente ruso Vladimir Putin afirma que el fútbol y la política no están relacionados. Pero la Copa Mundial que se inauguró el jueves va mucho más allá del deporte.

Es sobre demostrarle al mundo que Rusia es un protagonista en el escenario mundial y no un desterrado, que es una nación abierta, confiada y generosa — y no un lugar aislado y represivo mermado por las sanciones. 

Y el contundente triunfo 5-0 del asediado conjunto ruso en el encuentro inaugural ante Arabia Saudí fue justo lo que necesitaba Putin para subrayar su clamor de que Rusia va nuevamente en ascenso. No tardó en llamar personalmente al entrenador de la selección nacional para felicitarlo por su inesperada victoria. 

Dejando de lado las profundas divisiones entre la postura de hombre rígido que proyecta al mundo que va en contra de lo que predican muchas de las naciones occidentales, Putin dio la bienvenida a los aficionados a su “hospitalaria” nación al invitarlos a “hacer nuevos amigos con las personas que comparten sus mismos valores”. 

Pero los detractores temen que el Mundial otorgue legitimidad a las políticas autócratas de Putin en casa y a los actos de Rusia en el extranjero, desde la supuesta interferencia en los comicios presidenciales de Estados Unidos, a la anexión de la península de Crimea de Ucrania y el supuesto ataque con neurotoxinas en Gran Bretaña. Moscú rechaza con vehemencia cualquier injerencia en las votaciones estadounidenses o cualquier participación en el ataque de un ex espía soviético en Salisbury. 

El racismo, la homofobia y los conflictos en torno a Siria y Ucrania — “todos esos reproches no tienen relación con el Mundial”, dijo el jueves su portavoz, Dmitry Peskov. “Hoy en día la dimensión del fútbol es la más importante”. 

La Copa del Mundo también es un intento de Putin por demostrarles a sus compatriotas que es tanto su mejor enviado global, como también un hombre de pueblo que trajo el evento deportivo más visto del mundo a los aficionados comunes al fútbol en 11 ciudades del territorio ruso. 

Eso es particularmente importante para un país que se enorgullece de sus proezas deportivas pero cuyo último evento deportivo a gran escala — los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014 — quedaron irremediablemente manchados por las revelaciones de un dopaje tan extenso que se prohibió la participación de Rusia en la justa de este año. 

“Es importante que Rusia tenga este (torneo), podemos demostrar que somos protagonistas del fútbol a nivel mundial”, dijo Dmitry Finapetov, un aficionado de Moscú con el rostro pintado con los colores de la bandera rusa y quien casi derrama su cerveza por la emoción debido a la excelente presentación de su equipo en el Estadio Luzhniki. 

“Cuando viajaba al extranjero solía pensar, ¿Por qué no puede ser así en casa?” se preguntó. “Pero ahora viajo y veo que las cosas están mejorando aquí. Y ahora los extranjeros también podrán darse cuenta de eso”.


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