Paul Pogba, mediocampista de la ahora campeona Francia ,nació en un suburbio, el de Lagny-Sur-Marne y solía jugar al fútbol en la calle. (AP) (semisquare-x3)
Paul Pogba, mediocampista de la ahora campeona Francia, nació en un suburbio, el de Lagny-Sur-Marne y solía jugar al fútbol en la calle. (AP)

Hoy son grandes estrellas del fútbol y llegaron a lo más alto del Mundial donde se disputaron la final de la copa, pero la vida de varios jugadores de Francia y Croacia tuvieron infancias difíciles marcadas por la marginalidad o el horror de la guerra. 

En Croacia, Luka Modric, que hoy se llevó el Balón de Oro al mejor jugador del Mundial, tuvo una niñez dura marcada por una vida sacrificada en la que tuvo que ayudar a su padre a pastorear cabras. Un video que se conoció recientemente y muestra detalles de esa vida se ha vuelto viral. 

Pero no es esa experiencia la que marcó a Luka sino la Guerra de los Balcanes. Nacido en la ciudad de Zadar, ubicada en la ex Yugoslavia, su familia se vio obligada a huir de allí por el conflicto convirtiendo al mediocampista de Croacia en un desplazado. Eso no es todo, su abuelo, también llamado Luka Modric, fue ejecutado por rebeldes serbios en diciembre de 1991. 

A pesar del horror que vivieron, al volver a su ciudad, sus padres Rodojka y Stipe, decidieron apoyar lo que vislumbraban podía ser su futuro: el fútbol. Y con solo 16 años, en el 2002, Luka firmó un contrato con el Dínamo Zagreb para el que jugaría por seis años y que sería el comienzo de su exitosa carrera que hoy logró el subcampeonato del mundo. 

Vedran Corluka nació en Bosnia-Herzegovina, pero la Guerra de los Balcanes, originada por los conflictos étnicos entre los pueblos de la ex Yugoslavia, principalmente entre los serbios por un lado y los croatas, bosnios y albaneses por el otro,obligó a su familia a mudarse a Zagreb, la capital de Croacia, en 1992. Vedran fue criado por un ingeniero y una jueza pero en agradecimiento al país que lo recibió en medio del horror hoy juega con la camiseta del vatreni.

Dejan Lovren tiene marcada a fuego la guerra en los Balcanes. Aunque solo tenía 3 años, en un documental recordó la noche en la que sus padres, Silvia y Sasa, lo subieron a un auto junto con unos familiares y guiaron durante 17 horas hasta llegar a Alemania. “Me asustaban las bombas”, confesó y contó que un hermano de su tío fue masacrado durante el conflicto. Es hijo de croatas, pero como Corluka, nació en el territorio que hoy ocupa Bosnia-Herzegovina. Cuando cumplió 10 años y la guerra acabó, las autoridades alemanas los obligaron a dejar el país y su familia regresó a Croacia donde empezó otra odisea para Dejan. El chico no sabía hablar croata. "Tuve problemas en el colegio. Algo dentro de mí no le permitía a la gente reírse de mí y tuve peleas de colegio. Para ser sincero, la única cosa mía de la que no se reían era de mi fútbol. Creo que es por lo que la gente empezó a respetarme".

Ivan Rakitic nació en Suiza porque sus padres, un croata y una bosnia, decidieron huir de la férrea vida detrás de la cortina de hierro y, en especial, del dictador de Yugoslovia Josip Broz, conocido como el mariscal Tito. Marcado por la historia familiar, aunque llegó a representar a Suiza en el Sub 17, Ivan optó por ponerse la camiseta croata en el 2006 inspirado por el debut de la selección de sus padres que en 1998 tuvo una participación histórica y llegó a quedar tercera en el Mundial de Francia.

Mario Mandzukic también tuvo que refugiarse, junto con su familia en Alemania. Nacido en Slavonski Brod, una ciudad croata que limita con Bosnia, cuando estalló la guerra, su padre Mato decidió llevárselo al exilio. “Lo único que me importaba era la seguridad de mi familia. Estaban matando a la gente frente a la puerta de nuestra cosa, No podíamos quedarnos más tiempo”, dijo el hombre citado por la Bundesliga. 

Amante y jugador de fútbol, Mato estimuló a Mario que comenzó con solo seis años en el TSF Ditzingen. Pero ese sueño se truncó cuando las autoridades germanas le negaron la extensión de su permiso de estadía en 1996. Con las hostilidades entre Bosnia y Croacia terminadas en 1994, la familia volvió a casa y en 1998 Mario comenzó a jugar en el Dínamo Zagreb, el equipo más importante del fútbol croata con el que salió campeón tres veces. Las paradojas de la vida lo volverían a llevar a Alemania en 2010 cuando el Wolfsburgo lo contrató por dos temporadas. Croacia llegó a la final del Mundial gracias a él que puso el 2-1 frente a Inglaterra a los 4 minutos del segundo tiempo suplementario, cuando las esperanzas croatas comenzaban a apagarse. Y en la final, puso en empate a Croacia, pero también fue el autor del gol en contra con el que Francia había abierto el marcador a los 18 minutos de juego. 

En tanto, en Francia, las infancias de algunas estrellas de la selección tampoco han sido sencillas. 

Kylian Mbappé se enamoró de la pelota cuando era niño. Y la pelota de él. La comunión entre los dos fue tal que cualquiera que lo haya visto jugar desde pequeño sabría que llegaría alto en el fútbol si la oportunidad se presentaba. Y se presentó. Nació en Bondy, en las afueras de París, en 1998, el año en que Francia fue anfitriona del Mundial de fútbol. Su destino estaba marcado. Su padre Wilfried había logrado escapar de Camerún como refugiado y se instaló en Bondy, en los suburbios parisinos donde viven las comunidades obreras y donde los disturbios y conflictos socialesson moneda corriente. 

Pero su talento, heredado de Wilfried, entrenador de fútbol, y su madre Fayza, jugadora de handball, supo brillar por encima de la marginalidad y a una velocidad meteórica lo llevó a ser campeón de la Liga francesa, a convertirse en uno de los jugadores más caros del mundo y el delantero con el que Francia apostó a ganar la final del Mundial de Rusia. Marcó el gol que llevó al partido 4-1 para los galos. Su padre, que tiene también raíces nigerianas, le puso como segundo nombre Adesanmi, que en yoruba quiere decir “al que le queda la corona”. 


El mediocampista N’Golo Kanté nació en Suresnes, una comuna de clase baja y trabajadora que se levanta sobre la orilla izquierda del río Sena. Cuando era pequeño, con solo 7 años, se ganaba la vida recorriendo las calles de París, junto a su padre, oriundo de Mali, recogiendo basura para luego enviarla a una planta de reciclaje. Con la muerte de su padre, el joven Kanté sintió que tenía que hacer algo para sacar a su familia del círculo de pobreza y apostó por el fútbol. Pero su baja estatura, 5 pies y 6 pulgadas, le jugaban en contra. Hasta que, con una humildad y dedicación absolutas al deporte, logró que el club S.M. Caen se fijara en él y pasó de recoger basura a “barrer la cancha”. 

Paul Pogba, mediocampista, también nació en un suburbio, el de Lagny-Sur-Marne. Solía jugar al fútbol en la calle. Su madre, Yeo Moriba, de origen congoleño, tenía que gritarle por la ventana que dejara de molestar a los vecinos cuando la pelota terminaba contra un cristal. Sus hermanos mayores Florentin y Mathías, que son gemelos, juegan para el Saint-Étienne y la selección nacional de Guinea, de donde era su padre, respectivamente. Paul comenzó a los 6 años en el US Roissy-en-Brie, donde se mantuvo siete temporadas hasta que tuvo un pase al US Torcy, donde fue capitán del club en la categoría sub-13. Luego vendría el Le Havre AC y más tarde el Manchester United y la fama internacional. 

El marcador central del Barcelona, Blaise Matuidi, lleva la camiseta de Francia por haber nacido Toulouse y haberse criado en el suburbio parisino de Fontenay-sous-Bois. Hijo de angoleños, fue víctima de insultos racistas durante un partido de la serie A cuando jugaba para la Juventus contra el Cagliari por su origen africano. Aunque nació en Francia, declaró en una ocasión que su verdadera patria es Angola, de donde su familia tuvo que huir por la guerra civil ocurrida entre 1975 y 2002, para instalarse en Zaire, hoy República Democrática del Congo. A los 12 años fue reclutado por la academia Clairefontaine, que lo llevó a debutar en la máxima categoría del fútbol francés que le haría desembarcar en el Troyes a los 18 años y lograr dejar atrás la marginalidad que lo rodeó en la infancia. 

Steven Nzonzi, nació en Francia en 1988, de padre congoleño y madre francesa. A los 11 años se incorporó a las inferiores del Paris Saint Germain para debutar profesionalmente en el 2007. Es otro de los hijos de los llamados banlieues, una palabra con la que, hace siglos, se nombraba al "lugar prohibido" o "lugar del destierro". Así, llamaban a los suburbios de París, a donde los nobles franceses enviaban a quienes consideraban delincuentes y mendigos.En el año 2011, fue convocado por la selección de la República Democrática del Congo, pero aunque dijo que no en ese entonces motivado por problemas administrativos del seleccionado, no descartó jugar con la camiseta celeste y roja.  Juega en el Sevilla, en la liga española, y en el partido de hoy, entró en el segundo tiempo para reforzar la victoria francesa. 

Vidas y destinos similares tienen los suplentes Benjamin Mendy, criado en la comuna de Longjumeau; el arquero Alphonse Areola, de origen filipino; el defensor Presnel Kimpembede padre congoleño y madre hatiana. 

Desde la cancha o en el banco, lo cierto es que todos estos jóvenes llegaron hasta allí porque lograron brillar entre las sombras que rodean a la Ciudad Luz. Los entrenadores lo saben y envían a cazatalentos a los campos de juego y clubes comunitarios de los suburbios a fichar jovencitos estrella. Según el diario The New York Times, hay unos 30,000 entrenadores en los banlieues para 235,000 jugadores registrados. 

“El fútbol en Francia significa clases trabajadoras, que significa banlieues, que implica rufianes”, dijo Stéphane Beaud, profesor de sociología en la Universidad de Poitiers, autor de trabajos sobre los vínculos entre la selección francesa y la migración.

Refugiados, desplazadas, inmigrantes, hijos de inmigrantes o cercados por la marginalidad y los prejuicios, hoy volvieron a demostrar que vencieron a la adversidad y que son un ejemplo a seguir y que, como dijo Dejan Lovren, todos ellos tienen algo que aportar y pueden llegar lejos:  “Yo pasé por ello. Denles una oportunidad”. Y, como desmotraron, podrán conquistar el mundo. 


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