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México perdió 3-0 frente a Suecia, pero el país pasó a los octavos de la Copa Mundial debido a la derrota de Alemania.

Cuidad de México  — Durante 90 minutos, los mexicanos se olvidaron de las elecciones presidenciales del próximo domingo, las preocupaciones por la economía o los sonados casos de corrupción y se dispusieron a trasladar sus emociones a la ciudad rusa de Ekaterimburgo, para alentar a la selección de su país en el Mundial.

Pero hacia el final del partido del miércoles, cuando quedó claro que el Tri no conseguiría siquiera el empate, todo México le fue a Corea del Sur.

Aunque la selección mexicana perdió contra Suecia por 3-0, los aficionados salieron a las calles a festejar el triunfo de los surcoreanos por 2-0 ante Alemania. Ese resultado sorpresivo dejó eliminados a los alemanes, campeones vigentes, y de paso permitió que el equipo azteca se colara a los octavos de final en la Copa del Mundo.

En zonas estratégicas y donde son habituales las concentraciones de la capital se instalaron pantallas gigantes y se desplegaron policías uniformados y antimotines, así como bomberos y puestos de asistencia sanitaria. Fue el caso de la plaza principal de la ciudad, conocida como Zócalo, frente al palacio presidencial, y del monumento a la Independencia, que los mexicanos llaman simplemente “El Ángel”, en la emblemática avenida del Paseo de la Reforma

Grupos musicales amenizaban a la multitud frente al Ángel. Los seguidores de México agitaron banderas, mostraron carteles, se ciñeron coronas y pintaron sus caras con el verde, el blanco y el rojo de su insignia nacional.

“Pasé muchos nervios porque no anotamos ningún gol y estábamos a punto de quedar afuera”, dijo a The Associated Press, Palmira Pantlán, un ama de casa de 60 años que se calificó a sí misma como una apasionada de corazón. “Hoy aquí somos todos México-coreanos”, bromeó.

Acompañaron a los fanáticos perros disfrazados con camisetas tricolores, máscaras y los infaltables vendedores ambulantes de suvenires mundialistas, desde tazas y collares hasta pelotas.

“Seguí el partido muy emocionado pero preocupado, depender de otro país para que clasifique y pase a octavos de final México no es bueno”, reflexionó Filiberto Lavanderos, un joven empleado de 23 años que vive en el Estado de México, las afueras de la capital pero que vino a ver el partido hasta el Ángel.

En los altavoces junto a los tradicionales “Viva México” se escuchaba la banda de turno. Resonaron las trompetas y violines de los mariachis, mientras los aficionados coreaban “Sigo siendo el rey”, la conocida canción que expresaba para muchos el resultado agridulce de la jornada.

A las 9 de la mañana, hora local, comenzó el partido y el país prácticamente se paralizó.

Algunos no fueron a sus oficinas. Otros lo hicieron vestidos de verde para enviar un mensaje de solidaridad con su escuadra.

En el entretiempo se pusieron en los zapatos del seleccionador Juan Carlos Osorio, discutían sobre la alineación, el éxito o no de sus habituales rotaciones, pero cuando Suecia comenzó a marcar goles y tomó una ventaja claramente irremontable, la mayoría de los televisores se cambiaron a la señal del partido de Alemania con Corea del Sur que les renovó la esperanza.

Dos goles en la agonía del encuentro definieron el grupo y la clasificación de México.

 Ante Suecia, México buscaba completar una primera ronda perfecta en una Copa del Mundo por primera vez en su historia. Al menos llegó a los octavos de final por séptimo torneo consecutivo.

Y sus seguidores se hermanaron con Corea.


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