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Franklin Gómez, Gran Entrevista (horizontal-x3)
Después de todo, la vida del luchador ha tratado sobre eso: de superar difíciles episodios desde su niñez. (Ramón “Tonito” Zayas)

Hace 24 años, Franklin Gómez recibió el primer abrazo de Puerto Rico cuando llegó desde República Dominicana junto a su progenitora Margarita Matos y sus dos hermanos sin, prácticamente, nada en las manos. Aquí se formó como persona y como un atleta de alto rendimiento, y él lo agradece.

Hace dos semanas, Franklin, ahora como un hijo de esta tierra, volvió a experimentar otro gran abrazo cuando llegó a la Isla desde Río de Janeiro sin una medalla colgando en su cuello, después de sufrir una polémica derrota en la acción de la lucha en los pasados Juegos Olímpicos.

El pueblo puertorriqueño pareció sentir el dolor de Franklin al ver la injusticia cometida en su contra en el combate ante el uzbeko Ikhtiyor Navruzov –al perder por final de 8-5 en los cuartos de final de los 65 kilos por una decisión errónea de los tres oficiales al negarle cuatro puntos a su favor y luego concederle dos puntos a su rival en los segundos finales para definir el pleito– y se desbordó en muestras de cariño hacia él.

Los mensajes de apoyo explotaron en las redes sociales y en la caravana de recibimiento de la delegación olímpica fue uno de los más aplaudidos junto con la tenista Mónica Puig y el vallista Javier Culson. Ante los ojos del pueblo, Franklin lucía como un medallista olímpico.

“Fue algo que me impactó. No lo esperaba”, compartió Franklin al hablar del apoyo de sus compatriotas y al asegurar que este agrio suceso no lo detendrá hasta alcanzar su propósito de vida.

Después de todo, la vida del luchador ha tratado sobre eso: de superar difíciles episodios desde su niñez.

Nacido en la provincia de Puerto Plata en República Dominicana, con apenas cinco años de edad, Franklin sufrió la muerte de su progenitor Eugenio en medio de una cirugía.  Fue un momento trágico para la familia. Eugenio era el único responsable de llevar el sustento a la humilde residencia –construida de madera con techo de zinc y la mitad del piso en tierra–. “Mi papá era pescador y mi mamá era ama de casa”, recordó Franklin.

La muerte de Eugenio impulsó a Margarita a mudarse a Puerto Rico con la ayuda de una amiga en la búsqueda de un mejor bienestar para sus hijos. Y al año siguiente, Franklin pisó por primera vez esta tierra. “La primera ocasión que vi un baño fue en Puerto Rico. En Dominicana teníamos una letrina. Éramos una familia de escasos recursos, pero nunca nos faltaron los alimentos”, contó.

La vida de él tomó un giro a los 12 años. Después de jugar béisbol y baloncesto “de calle” junto a sus amigos, Franklin tuvo su primer contacto con la lucha.

A esa edad aprendió este deporte en la antigua instalación del club Sparta, en San Juan, para levantar vuelo y alcanzar cosas que jamás imaginó, como estudiar en las prestigiosas universidades de Michigan State y Penn State; ser campeón nacional en la NCAA  en la división de 133 libras en 2009; ser seleccionado como el Atleta del Año en Michigan State en 2009; conquistar un subcampeonato en el Mundial de Lucha 2011; lograr una medalla de oro en los Panamericanos de Guadalajara 2011; sumar otra presea dorada en los Juegos Centroamericanos de Veracruz 2014, y tener dos apariciones en los Juegos Olímpicos: Londres 2012 y Río de Janeiro 2016.

Gracias a la lucha, el nombre de Franklin aparece en los libros de la historia del deporte puertorriqueño al convertirse en el primer boricua en alcanzar una medalla en un Mundial y ser el primero en conquistar una presea de oro en los Panamericanos. Franklin y su amigo Jaime Espinal han sido los responsables de colocar la lucha en el mapa deportivo del País.

Gómez nunca olvidó ese primer abrazo de Puerto Rico y decidió representar al País en torneos internacionales pese al acercamiento de la Federación de Lucha de Estados Unidos para que integrara su programa en unas mejores condiciones.

El boricua había llamado la atención de la federación estadounidense por su brillante desempeño a nivel colegial en Michigan State. Gómez no lo pensó dos veces para rechazar la oferta hace seis años.

“Probablemente me iban a dar más dinero, pero para mí no era lo importante. Puerto Rico me abrió las puertas y tenía que ser agradecido por todo lo que hizo por mí y por mi familia”, señaló.

Con un bachillerato en Recursos Humanos y con una concentración menor en Psicología en Michigan State y con una maestría en Administración de Empresas en Penn State, el destacado atleta está seguro de que utilizará su experiencia en la lucha para ayudar a los niños y jóvenes que se levantan en este deporte. Y no solo en lo deportivo, sino también en lo moral y educativo.

Recientemente, El Nuevo Día conversó con Franklin en el nuevo espacio del club Sparta.

A dos semanas de tu polémico revés en los pasados Juegos Olímpicos en los cuartos de final, ¿ya has botado el golpe de lo acontecido o todavía no lo asimilas?

Pienso que he podido botar casi todo el golpe. En la forma que el pueblo de Puerto Rico nos recibió fue muy bonita. No esperaba que todo el mundo estuviera viendo lo que pasó (en el combate) y entendiera que fue una injusticia. Me han dado mucho cariño y amor.

Incluso, antes de entrar al gimnasio y comenzar esta entrevista, una persona te saludó y te exhortó a seguir adelante a pesar de lo sucedido en Río de Janeiro.

Me sorprende. La mayoría de la gente no sabe del deporte de la lucha ni de las reglas, pero en ese momento no se necesitaba saber tanto de lucha, porque lo que sucedió fue bien obvio. El cariño de la gente me ha sorprendido.

¿Recibiste algún comentario de una personalidad del deporte, del ambiente artístico o político que te llamara la atención?

Algo específico de un artista o político no creo. No soy persona de estar metida en las redes sociales. Solo tengo Facebook, pero sí me sorprendió un comentario de una persona que me dijo: ‘No ganaste medalla de oro, pero sí te ganaste el corazón de Puerto Rico’. Eso me impactó. Lo único que trato de hacer es dar el máximo (en cada competencia) y darle la gloria a Dios.

Eres un atleta que abiertamente hablas de tu estrecha relación con Dios. En ese momento de la derrota, ¿cuáles fueron tus primeras palabras con Dios? ¿Le cuestionaste lo sucedido?

Cuando pasó (la derrota) quería estar solo. En ese momento pensé mucho y me desahogué con Dios al expresar mis frustraciones porque muchas veces el que trata de hacer el bien e ir por el camino correcto, no siempre recibe por lo que lucha. Y estuve bien frustrado en ese momento, pero también uno se acuerda que Dios es soberano y en su tiempo traerá justicia. Todo lo que hacemos tiene repercusiones tarde o temprano. También recordé la historia de José (en la Biblia), que sus hermanos lo vendieron, pero él siempre hizo el bien y terminó en el palacio como segundo en el mando. Pienso que hay que vencer el mal con el bien.

Inmediatamente después del combate, la Federación Internacional de Lucha suspendió a los tres oficiales del combate al reconocer que hubo un error. ¿Sigues pendiente a cualquier otra acción que pueda tomar la Federación Internacional contra esos jueces?

De mi parte, no. No estoy tan pendiente a eso, pero la Federación de aquí, el Comité Olímpico y hasta el gobernador (Alejandro García Padilla) están tratando que algo pase con esta injusticia. Esas cosas se las dejo a ellos. No gano nada con preocuparme por eso.

¿Ha sido la primera ocasión que te han robado un combate de esta magnitud?

No ha sido la primera vez. Una vez ante un ruso en Grecia, no importara los movimientos que yo hiciera, nunca me marcaron un punto. Al final, vi al ruso compartiendo con los árbitros frente a uno. Son cosas que pasan en este deporte.

Ha trascendido que hay algún tipo de mafia en este deporte. ¿Crees que es cierto?

Claro que hay mafia. Hay gente que paga dinero para comprar a los árbitros. Por una medalla hacen lo que sea. Pero eso no me quita las ganas de seguir luchando. Pienso que las injusticias existen en y fuera del deporte. El que tiene poder quiere abusar y la lucha no es una excepción. Y sigo pensando que con el bien vencemos el mal. Es la fórmula.

¿Con 30 años has pensado si continuarás otro ciclo olímpico para llegar a Tokio 2020 y así participar en tus terceras Olimpiadas a tus 34?

Por el momento, estoy analizando mi futuro. Quiero pasar tiempo con mi familia y amistades y no voy tomar una decisión a la ligera. No quiero hacer nada de lucha por el momento para pensar y ver cuáles son mis opciones.

Siempre has soñado con una medalla olímpica. ¿El hambre por esa medalla podría ser factor para continuar activo en elpróximo ciclo?

Esa espinita por ganar está ahí. Ya hay una primera mujer con una medalla de oro (Mónica Puig), pero no hay ningún hombre. Gracias a Dios tengo un estilo de vida saludable. Veremos lo que pasa, pero no me voy a morir si no se da.

Eres de los pocos atletas de alto rendimiento que han tomado en serio la preparación académica con un bachillerato en Recursos Humanos y con una concentración menor en Psicología en la Universidad de Michigan State y luego con una maestría en Administración en Penn State. ¿Cuándo sacarás ambos diplomas de la gaveta e irás al campo laboral a comenzar otra carrera en tu vida?

Me gustaría utilizar lo estudiado para mezclarlo con la lucha. Tener un club en el futuro y orientar a los niños y jóvenes. En mi caso no tuve esa persona que me orientara y me hablara de la importancia de estudiar y de leer. Me gustaría tratar de utilizar lo aprendido para orientar a la juventud. Hablarles de mis experiencias; de estudiar y de hacer bien las cosas. Si yo pude hacer tanto con poco, imagínate lo que puede hacer esta juventud con esa ayuda. Tengo una visión de lo que quiero hacer y está madurando.

Dices que con “poco” has podido alcanzar tantas cosas, ¿a qué te refieres?

Recuerdo que en Dominicana caminaba en calzoncillos hasta los tres o cuatro años. Era muy común en mi barrio. No había mucha ropa. Mi papá murió y una amiga de mi mamá nos ayuda para mudarnos a Puerto Rico. A los seis años vengo con mi mamá y mis dos hermanos, y a los 12 años conozco la lucha. Y gracias a este deporte conocí a varios ‘coaches’, incluyendo a Pedro Rojas, que me ayudó con la disciplina y a tener conocimiento en otras cosas. Y represento a Puerto Rico con orgullo. Soy dominicano, pero Puerto Rico me abrió las puertas y estoy agradecido. Para mí no es cuestión de ciudadanía, sino de agradecimiento. Puerto Rico le dio la oportunidad a mi mamá de venir aquí y echarnos hacia adelante con el sueldo mínimo y estoy muy orgulloso de esta tierra.

Es una historia muy similar a la de Jaime Espinal, quien también nació en el vecino país y se mudó en la niñez a Puerto Rico.

En el club había diversidad… mexicanos, dominicanos y hasta uno de Ucrania. Y me gusta eso. He visto gente en Estados Unidos que no habla español y se siente más puertorriqueño que cualquiera. Allí conocí a Jaime y somos como hermanos.

Jaime Espinal ha manifestado públicamente el discrimen que ha sentido –en ocasiones– en la Isla por ser dominicano. ¿Has tenido experiencias similares?

En mi caso, no he vivido casi nada. No estoy metido en las redes sociales. Tampoco veo mucha televisión. Me paso leyendo y no estoy pendiente a esas cosas. Mi identidad está en Jesús y mi ciudadanía es la del Reino de Dios, que es la más importante. Mi ciudadanía no se vence, sino que es eterna. No estoy pendiente a eso, sino a las cosas que nos unen.

Hace varios años comentaste que recibiste un acercamiento de la Federación de Lucha de Estados Unidos para que los representaras internacionalmente. ¿Cuál fue tu reacción?

El jefe de los entrenadores de la Federación viajó desde Colorado hasta Penn State para reunirse tres horas conmigo. Eso fue en el 2010. En la reunión, básicamente, me habló de los beneficios económicos que iba a tener con ellos y que iba a entrenar en uno de los mejores clubes. Me mencionó todas las cosas positivas. Le dije que yo era un hombre de fe y que no iba a necesitar ningún sistema extraordinario para poder mejorar y avanzar en mi desarrollo. También les dije que –en aquel momento– nadie había ganado una medalla de oro en Puerto Rico y que me gustaría ser el primero. Que no quería ser uno más del montón en Estados Unidos y         que quería representar al país donde me crié y que me abrió las puertas. También les dije que no había necesidad de representar a Estados Unidos, donde había miles de atletas en mi peso que eran buenos. Les dije ‘no entiendo por qué yo’. Él me dijo que yo, eventualmente, iba a estar en la cúspide. Le di las gracias por su tiempo, pero mi agradecimiento es con Puerto Rico. En un momento, él me ofendió porque me dijo que en Puerto Rico no iba a tener los recursos y que no iba a llegar muy lejos. Le dije que estaba en desacuerdo con él.

¿Qué significa para ti la figura de Margarita Matos?

Una madre ejemplar. Que vino sola a Puerto Rico con tres hijos y ha trabajado muchos años para ayudarnos a salir hacia adelante. Es una mujer de pocas palabras, pero su amor se desborda. (Margarita labora como guardia de seguridad).

¿Esas marcas en ambas orejas siempre identifican a los atletas de lucha?

Lo que pasa es que –con el contacto físico– el cartílago de la oreja se rompe y se llena el área de sangre. En los países donde la lucha es bien famosa, la gente ve la marca y te hace una reverencia. En Turquía me ha pasado. Ellos saben que uno es luchador. Aquí, pueden preguntarte si me caí de un piso (sonríe).


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