Los gimnastas dicen que Larry Nassar es parte de un problema mucho más complejo. Aquí están las historias de tres entrenadores acusados de abusar de jóvenes gimnastas durante años

Los reportes sobre la depravación de Larry Nassar comenzaron a trascender unos 15 meses antes de que comenzara 2018. Distintos diarios habían dado cuenta de las primeras acusaciones de abuso sexual que se le imputaban y que desembocaron en un juicio y en el encarcelamiento del médico.

Pero fue enero de 2018 el mes en que más de 150 mujeres deportistas testificaron durante la audiencia en la que Nassar fue sentenciado como culpable de cargos de pornografía infantil y abuso sexual. Y fue ello lo que dio un vuelco a una crisis que había generado un daño enorme a muchas jovencitas, principalmente gimnastas.

El testimonio permitió contemplar directamente la índole real y el número de delitos de Nassar. Las declaraciones derivaron en muestras de furia, exámenes de conciencia e intentos de reforma. Y dieron a las mujeres de todo el mundo del deporte _y a la sociedad en general_ una voz más resonante a la hora de exponer abusos que pasaron desapercibidos ante la conciencia pública durante décadas.

Los delitos de Nassar y el caos que provocaron _cimbrando la Universidad Michigan State, el Comité Olímpico Estadounidense y la federación nacional de gimnasia_ fueron considerados la Noticia Deportiva del Año por miembros y editores de The Associated Press. Los resultados de la votación fueron dados a conocer el lunes.

Esta noticia recibió más del doble de los votos obtenidos por las que se ubicaron en el segundo y tercer puesto: La primera coronación de los Eagles de Filadelfia en un Super Bowl y la decisión de la Corte Suprema para revocar una ley que prohibía las apuestas deportivas fuera del estado de Nevada.

Tradicionalmente, los votantes se concentran en información surgida en Estados Unidos.

El 2018 deparó otras noticias destacadas. Tiger Woods recuperó la forma y estuvo cerca de conquistar el PGA Championship, antes de coronarse en el Tour Championship, que puso fin a la temporada.

Continuaron emergiendo evidencias y respuestas al escándalo de dopaje en Rusia, que ha llamado la atención durante los últimos tres Juegos Olímpicos.

Pero el flujo más constante de titulares en la prensa correspondió al escándalo de Nassar, no sólo para dar detalles de sus actos, sino para evidenciar la lenta y tibia reacción que tuvieron algunos de los dirigentes más poderosos del deporte estadounidense a la hora de lidiar con el caso.

Algunos pagaron cara esa negligencia. No resulta exagerado decir que todo el movimiento olímpico en Estados Unidos se reconfigurará por estos casos.

El presidente del Comité Olímpico Estadounidense, Larry Probst; su director general Scott Blackmun, y el director de desempeño deportivo Alan Ashley renunciaron voluntariamente o ante las presiones intensas.

En su discurso de dimisión, Probst dijo que, pese al éxito que obtuvo el Comité durante su gestión, “hubo un fracaso colectivo” para mantener seguras a las víctimas.

“Y ello siempre me causará un profundo pesar”, añadió

Contratada para restaurar la imagen de la federación de gimnasia, su presidenta Kerry Perry terminó renunciando, tras una serie de declaraciones que parecieron mostrarla desconectada de las víctimas. Su antecesor Steve Penny fue arrestado por cargos de ordenar que los archivos pertenecientes a Nassar fueran retirados del centro de entrenamiento del equipo en la finca de los entrenadores Bela y Marta Karolyi en Texas.

La sucesora de Blackmun, Sarah Hirshland, exhortó eventualmente a que se retirara el certificado a la federación, un proceso que sería agilizado por el Congreso, el cual ha realizado varias audiencias y ha instado a reformar la ley que rige toda la disfuncional carta del Comité Olímpico.

Irónicamente, una de las mayores impulsoras de un cambio resultó ser la mejor gimnasta del mundo. Simone Biles, campeona olímpica y mundial, y una de las víctimas de Nassar, no se guardó sus opiniones cuando percibió que los cambios no llegaban con la debida celeridad.

La suya fue la voz más conocida, pero no la única.

Ahora, las víctimas muestran un cauto optimismo.

“Hay un impacto cultural más amplio en términos de que las sobrevivientes hablen”, afirmó Rachel Denhollander, cuya historia de abusos a manos de Nassar desataron el escándalo. “Los fiscales dicen que han percibido un aumento significativo. Muchos de ellos vinculan esto con la audiencia de sentencia de Larry”.

Aunque Nassar trabajó con gimnastas reconocidas como voluntario, algunos de sus peores abusos ocurrieron como parte de su empleo de tiempo completo en la Universidad Michigan State.

La institución ha llegado a arreglos en demandas que totalizan 500 millones de dólares. Una y otra vez, la institución reaccionó de manera insuficiente ante las evidencias de que Nassar cometía abusos sexuales en serie.

Y el escándalo le ha costado el puesto a su rector, su director deportivo, su entrenador de gimnastas, su vicepresidente de asuntos legales, un decano y un médico. Algunos esperan juicio.

Están pendientes demandas de cientos de gimnastas contra el Comité Olímpico y la federación de gimnasia. El Congreso realizará más audiencias.

Surgirán detalles de más insuficiencias, y quizás haya soluciones positivas.


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