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Entrevista con el exlanzador de béisbol Doble A y sus hijas voleibolistas con motive del Día de los Padres

Caguas – En estos días, el exlanzador del béisbol Doble A, Luis Ernesto Victoriá, seguramente, debe ser uno de los padres más orgullosos en el ámbito deportivo del país. No es para menos.

Esta semana, el cuerpo técnico del Equipo Nacional de voleibol adulto anunció las 12 jugadoras que participarán en la Copa Challenger de la Federación Internacional de Voleibol en Perú y en el listado figuran las hijas del expelotero: Pilar Marie y Sofía Victoriá López. No todos los días dos hermanas forman parte de una escuadra nacional y máxime cuando la menor, Sofía, de apenas 16 años, se encamina a debutar en el programa adulto.

Es evidente la alegría de Luis Ernesto. Y sus retoños están agradecidas del incondicional respaldo de su padre.

“Te quiero dar todas las gracias por todo lo que has hecho por nosotras. Por tu apoyo incondicional. Porque siempre estás superogulloso de nosotras… porque cambias tus planes por el simple hecho de estar con nosotras. Por siempre estar ahí ”, fue el mensaje expresado por la hija mayor, Pilar Marie, mirando a su progenitor como preámbulo al Día de los Padres.

Para el medallista de bronce de los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995, esas palabras representan el mayor cumplido que como padre pudiera recibir.

“Estoy aquí sentado, pero mi pecho, creo, cubre todo este asiento. De verdad es una emoción indescriptible. Lo que estoy viviendo en estos momentos es algo bien grande”, indicó Luis Ernesto mientras conversaba con El Nuevo Día en la Plaza de Recreo de Caguas flanqueado por sus dos hijas.

Pilar Marie, de 22 años, ya es una de las jugadoras sembradas en el combinado nacional. Fue una atleta destacada a nivel colegial en la Universidad de Arkansas y viene de jugar en la liga de Italia de División II. Recientemente, firmó para jugar en Francia ProA en la próxima temporada.

Mientras, Sofía es una de las principales promesas del voleibol local. Tiene 16 años y es estudiante en Notre Dame en Caguas. Ya tiene un compromiso verbal para ser parte del prestigioso programa de las Gators de Florida en la NCAA.

Luis Ernesto no puede pedir más. “Pilar logró una de las metas que para nosotros, como padres, era lo esencial, que era obtener su bachillerato de una universidad prestigiosa como es la de Arkansas. Pero viendo a Sofía que está siguiendo los pasos de su hermana y al paso acelerado que lleva, ¡wow, es una emoción indescriptible!”, comentó el exjugador.

Con Luis Ernesto ya retirado de la pelota Doble A tras 14 temporadas, su hija mayor Pilar le pidió hace un tiempo que regresara al diamante porque quería verlo trabajar desde la loma. Y a pesar de llevar dos años alejado de los diamantes se puso en forma de juego, consiguió un contrato con los Bravos de Cidra y salió del retiro en la temporada de 2011. Así cumplió el deseo de su hija.

¡Ese es mi papá!

“Llegué a verlo en los parques, pero yo era pequeña. Llegó un punto cuando papi ya se había retirado y yo le dije: ‘Por favor vuelve. Por favor, te quiero ver ya grande’. Y jugó un año más con Cidra. Cuando lo hizo dije: ‘¡Sí, ahora voy a los juegos y te puedo ver’”, destacó Pilar, quien tenía entre 14 y 15 años para entonces. “La experiencia fue única. Porque ya me acordaba, ya era más grande, tenía más noción. Ya sabía más o menos del deporte. Me sentaba a ver los juegos y no estaba correteando por el parque. Me encantaba. Fue un gran orgullo para mí verlo en la loma y decir: ¡Ese es mi papá!”.

“Después de dos años retirado jugué con Cidra en el 2011. Y modestia aparte, el viejito tiró ese año y tiró bien”, le respondió Luis Ernesto a Pilar con gran orgullo y en medio de un episodio de risas entre ellos.

En ese 2011, el lanzador derecho —que comenzó su carrera en la Doble A en el 1995 cuando Comerío lo cambió a Aibonito por Jimmy Figueroa y Ángel “Bebé” Martínez— participó en seis partidos de la temporada regular, en la que abrió cuatro juegos y relevó en otros dos, y tuvo marca de 2-0 con efectividad de 1.96, al tiempo que abanicó a 19 bateadores.

Cuando se le preguntó a Sofía si tenía algún recuerdo de ese último año de su papá en el béisbol Doble A, la esquina respondió: “Yo no. No me acuerdo. Yo estaba correteando (cuando estaba en el parque)”, respondió entre risas.

Luis indicó que siendo él un atleta toda su vida —además de béisbol practicó baloncesto, voleibol y cualquier otro que le invitaran a participar— cuando nació Pilar “como todo padre en algún momento, tal vez, uno piensa tener un varón para jugar béisbol. Pero cuando tuvimos a mi primera hija, Pilar, pensamos rápido en el voleibol. La mamá de Pilar fue atleta también, de pista y campo, y ambos decidimos que el voleibol podría ser un buen deporte para que se desarrollara, y sí, la encaminamos”.

“En el caso de Sofía fue un poco distinto porque cuando nace, ya Pilar le llevaba par de años (seis). Sofía literalmente nació en las canchas. En un momento al principio no cuadró mucho y prefirió el modelaje, el ballet, hasta que llegó un momento cuando Pilar comenzó a ganar unos trofeos de Más Valiosa. Y toda esa situación como que la motivó un poco más”, agregó Luis.

Pero a pesar de que el camino que tomaron en el deporte fue distinto al de su progenitor, ambas llegaron con una misma escuela de valores al campo de competencia. “Mi papá y, obviamente, mami (Pilar López) han hecho un trabajo sumamente grande, enseñándonos lo que son los valores, lo que es la educación, pero especialmente con la humildad. Ellos siempre nos han dicho ‘mantén los pies en la tierra’”, dijo Pilar. “(Me dicen) No importa , tú trabaja duro, en silencio tu trabajo te va a llevar a donde tú quieras llegar, pero manténte humilde y dándole gracias a todos los que te han ayudado. Estoy sumamente agradecida de los dos por eso, porque de verdad me ha abierto muchas puertas”.


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