Mónica Puig no pude contener las lágrimas en el podio mientras aprecia la medalla de oro conquistada. Su presea fue la primera dorada en la historia olímpica de Puerto Rico. (horizontal-x3)
Mónica Puig no pude contener las lágrimas en el podio mientras aprecia la medalla de oro conquistada. Su presea fue la primera dorada en la historia olímpica de Puerto Rico. (Archivo / GFR Media)

El 13 de agosto de 2016 será uno de esos días que todo puertorriqueño recordará por el resto de sus vidas. Fue la fecha en que, finalmente, La Borinqueña sonó en unos Juegos Olímpicos.

Todo boricua rememorará, por siempre, dónde estaba en el momento preciso que Mónica Puig Marchán soltó la raqueta y levantó los brazos hacia el cielo de Río de Janeiro tan pronto logró el último punto sobre la alemana Angelique Kerber para ganar el oro del torneo de tenis femenino en las Olimpiadas.

Mientras Puerto Rico gritaba al unísono, Puig vivía un momento casi surreal en Brasil. Acababa de sorprender al mundo y completar una de las historias más bonitas de esos Juegos; la pequeña isla de Puerto Rico lograba su primer oro olímpico en 68 años de participación. En la final, superó a Kerber por 6-4, 4-6 y 6-1.

Un año después, Puig se aferra a ese momento y reconoce que le tomó por sorpresa la explosiva reacción en Puerto Rico. En fin, su vida nunca sería la misma.

En la actualidad, Puig no se encuentra en su mejor momento deportivo. Tiene récord de 13-15 en la actual temporada del circuito de la Asociación de Tenis de Mujeres y esa medalla de oro, contrario a lo que muchos pensaron hace un año, no la catapultó a otras grandes conquistas en el circuito.

Por tal razón, cada vez que puede, a Mónica le gusta revivir la final contra Kerber a través de una grabación que mantiene en su computadora personal. Además, cuando visita la casa de sus padres, donde está guardada la medalla de oro, la vuelve a cargar para rememorar ese primer encuentro con el metal dorado en el podio. Es la prueba de que todo lo que necesita para llegar a lo más alto y alcanzar nuevas metas está en su interior.

En el marco del aniversario de su gesta, El Nuevo Día conversó vía telefónica con Puig desde Miami para repasar ese inolvidable 13 de agosto de 2016.

Recientemente revelaste que todavía lloras al ver la repetición de la final. ¿La ves a menudo?

—La veo lo más frecuente posible, para tratar de revivir esas sensaciones. Fue un momento superlindo y estoy contenta con lo que cumplí el año pasado. Tengo el partido en la computadora. El partido lo veo entero, de principio a final. El momento que me hace sentir muy bien es cuando termina el último punto, y todo lo que pasó después, cómo reaccioné, y lo mucho que significó para mí darle eso a Puerto Rico.

Cuando miras atrás a esa celebración, ¿hubieras reaccionado de una manera distinta, o no cambiarías nada?

—No hubiese cambiado nada, porque en realidad eso era pura emoción. Eran años y años de trabajo, todo envuelto en un momento de pura felicidad, de emoción. Si lo tuviera que hacer otra vez, hubiera hecho lo mismo.

Has dicho que la medalla está bien guardada en casa de tus padres. ¿Qué sientes cuando la sostienes de nuevo?

—Es una sensación bastante linda. Cuando la miro (la medalla), es para recordarme que ese momento pasó. Trato de revivir las emociones cuando me la colgaron en el cuello, trato de imaginar todo eso otra vez, porque el momento pasó muy rápido. No pude capturar mucho de ese momento porque todo pasó muy rápido. Pero es importante para mí reafirmar que lo que pasó no fue un sueño. Fue una de mis grandes metas que cumplí.

Aparte del momento en el que estás escuchando La Borinqueña y las lágrimas corren por tus mejillas, ¿con qué otra imagen te quedas de ese momento y que te gusta revivir?

—Me encanta revivir el momento cuando estaban llamando mi nombre para subir al podio. Estaba tan y tan feliz, tan y tan contenta… mi cara era como de una nena chiquita (ríe). No sabía qué hacer, no sabía cómo reaccionar, fue lo mejor.

Un año después, ¿has reflexionado lo que significó ese momento para Puerto Rico?

—Fue increíble. Vi todos los vídeos, todo lo que pasó en la isla, cómo se paralizó la isla, la gente y la alegría para todo el mundo… Fue algo bastante lindo. Lo mejor para mí fue cómo la gente tomó ese momento y no había violencia, todo se paralizó. Tenemos que aprender de esos momentos, unirnos en las buenas y en las malas, no solo en el deporte. Eso fue lo más que me impresionó de todo, fue increíble.

¿Qué significó la medalla de oro como persona y tenista?

—Para mí significa mucho, era mi sueño más grande en este deporte. Y lo cumplí a tan corta edad (22 años)… Ojalá esto me pueda ayudar para el futuro, y tratar de entender que cuando tengo un sueño, puedo lograrlo y seguir alcanzando nuevas metas. Para mí, esa medalla lo fue todo.

Volviste a vestir el uniforme de Puerto Rico en la Copa Federación el pasado mes de julio, por primera vez desde las Olimpiadas. Pon en palabras lo que sentiste al volver a representar a tu país.

—Para mí fue buenísimo representar a Puerto Rico. Ascender (al Grupo I de las Américas) en el Fed Cup fue lo mejor, siempre saldré a representar Puerto Rico con el mismo orgullo y la misma responsabilidad cada vez que piso la cancha.

El año que viene empieza otro ciclo olímpico con los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, Colombia. ¿Ya has analizado si vas a los Centroamericanos?

—Si me dan la oportunidad de ir, y dependiendo de mi calendario, pues obviamente voy a representar a Puerto Rico con todo.

¿Tienes planificado algo especial para celebrar el primer aniversario de haber obtenido la medalla?

—Voy a estar en competencia (en Cincinnati), así que voy a estar bastante enfocada en el presente, y es lo que voy a tratar de cumplir. Pero, obviamente, será un día muy emocional por muchas razones.

Se aproxima el último Grand Slam de la temporada, el Abierto de Estados Unidos (desde el 28 de agosto). ¿Cómo te estás preparando?

—Estoy entrenando muy fuerte, pasando muchas horas en cancha, en el gimnasio, tratando de mejorar cada día.


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