Reunimos a un grupo de exatletas para hablarnos de sus mejores recuerdos del evento deportivo

NOTA DEL EDITOR: Primero de dos artículos sobre el 25 aniversario de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Ponce 1993. Las imágenes en el vídeo de los Juegos fueron cortesía de WIPR. 

Verlos reunidos en la redacción de El Nuevo Día, y abrazarse entre risas, fue rememorar esos famosos reencuentros de clases graduadas.

A pesar de la diferencia en edades entre estos cuatro medallistas de oro de  los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Ponce 1993, Ivelisse Echevarría, Edgar Díaz, Ineabelle Díaz y Sonia Álvarez —quienes fueron convocados por este medio con motivo del 25 aniversario de los Juegos a cumplirse mañana— se comportaron   como si fueran jovencitos y no hubieran pasado ya dos décadas y media.

“A mí ya el pelo no me crece, y mira qué clase de melena tenía ahí... ¡Mira eso!”, bromeó Ivelisse, exlanzadora de la Selección Nacional de sóftbol, al entrar al estudio fotográfico de esta redacción y comenzar a ver junto a sus compañeros, algunos momentos de gloria que se grabaron en fotos.

“La pollinita mía por lo menos cambió. ¿Qué nena verdad?”, dijo riendo  Ineabelle, expeleadora de taekwondo. “Hace 12 años empecé a echar cachetes...”, respondió Álvarez a Echevarría, quien notó el rostro de niña de la entonces novel nadadora que en Ponce 93 solo tenía 17 años.

“Yo puedo decir hace 100 libras atrás”, intervino Ineabelle, quien combatía para esos años en los 63 kilos (138 libras).

En fin, el reencuentro fue ocasión para gastarse bromas entre sí sobre el efecto de los años en sus cuerpos. “No mates a nadie... deja que el tiempo los mate”, bromeó el expertiguista Edgar Díaz.

Pero la cita fue también una muestra de que sus vivencias en Ponce 93 los unieron y siguen tan frescas como hace 25 años.

Ivelisse Echevarría

Sóftbol: oro por equipo

¿Cuánto significó Ponce 93 en tu vida?

Fue bien retante. Primero porque yo regreso después de una operación de mi hombro. Y par de meses antes de Ponce 93, fallece (en marzo) nuestro mentor Junior Cruz. Fue un reto grande poder lidiar con esas emociones, para que no nos afectaran en el terreno de juego. Pero sí nos afectaron. Empezamos perdiendo los primeros cuatro juegos y ya todo el mundo nos sacaba de las posibilidades de estar en el medallero. Pero logramos recuperar, ganamos siete juegos consecutivos y la medalla de oro. Fue el inicio de nosotros romper esos obstáculos, como esa pérdida grande que tuvimos (del dirigente) y llegar al escenario grande, que era nuestro sueño: los Juegos Olímpicos de 1996, que fueron un proyecto que inició Junior desde los años 70 y que culminaba allá en el 96. Ponce nos llevó a eso.

¿Cuál fue el momento más emblemático?

Obviamente el momento de la premiación. Estar en ese podio, con aquella multitud en el estadio Donna Terry, que hubo que abrir las verjas laterales para que la gente se acomodara, y la gente entonando el himno... Yo levanté aquella bandera que el brazo no me daba.

¿Cómo describes ese momento de la foto?

Recrearlo nada más me llena de ansiedad. Para llegar a la semifinal tuvimos que derrotar a Venezuela dos veces, sin permitirle carreras. Una carrera que nos hicieran, nos eliminaba. Después tuvimos que derrotar a Cuba (semifinal) y a Colombia, que para aquel entonces no eran fáciles.

Edgar Díaz

Atletismo: oro en pértiga

¿Cuánto significó Ponce 93 en tu vida?

Ponce para mí es el cariño y la admiración del pueblo. Poder representar a Puerto Rico en tu tierra no es lo mismo que afuera. Ganando en tu tierra eres un inmortal para la imagen del puertorriqueño. Dos meses antes yo me partí el hamstring. Y me dije, ‘tengo que prepararme’. El sacrificio, la dieta, el entrenamiento, la recuperación... me dije, ‘los Juegos son aquí al lado, y casi no tengo tiempo’. Pero me acuerdo de las palabras de Luis Alers (jefe entrenador), que en paz descanse: “Yo cuento contigo”.

¿Cuál fue el momento más emblemático?

La premiación para mí fue algo tan especial y único,  que todavía se me eriza la piel cuando lo recuerdo. Se había acabado toda la competencia de los Juegos. Y a mí me tenían en el salón de dopaje. Una hora y media después yo salí a recibir la premiación y el estadio (Paquito Montaner) estaba lleno, pero lleno. Y cuando comenzó a sonar La Borinqueña, esas lágrimas son únicas y especiales porque en ese momento empecé a recordar los sacrificios. Todavía hay gente que me ve en la calle y me dice, ‘oye, yo lloré contigo’.

¿Cómo describes ese momento de la foto?

Llegan a mi mente esos meses de preparación. Le dije a Luis Alers que no me enviara a la villa porque yo quería quedarme en mi casa, y prepararme. Yo acostumbro a jugar gallos, y como gallo fino, a mí nadie iba a ganarme en mi tierra. Cuando veo ese rostro ahí (en la foto) con esas lágrimas, me recuerda todo el trabajo que pasé.

Ineabelle Díaz

Taekwondo: oro en 63 kilos

¿Cuánto significó Ponce 93 en tu vida?

Para mí uno de los Juegos más importantes. Los primeros juegos en casa, el calor de la gente, la pasión de la fanaticada, tener a compañeros de escuela superior, de la universidad, y obviamente a la familia. Pues le da un calor y un sabor diferente, con el amor y la pasión que la fanaticada estuvo apoyándonos en esos Juegos. Fue lo que impulsó mi carrera, ganar en casa, y ganarme el cariño de la gente.

¿Cuál fue el momento más emblemático?

Para mí todos. Yo no puedo decir un momento en específico porque yo me disfruté cada combate. Amí me apasionaba estar en el ring, combatir, no importa quién fuera la contrincante. Realmente eso me lo vivía. Y obviamente ganar. Ganar en el país, ganar en casa, y que todos los compañeros de equipo te cargaran, que para ese tiempo me podían cargar todavía (risas). Realmente todo... escuchar La Borinqueña, que el público la cantara con nosotros. Diría que cada momento tiene su significado, desde el principio hasta el fin.

¿Cómo describes ese momento de la foto?

Escogí esa foto porque están dos chicos también, dos medallistas, Antonio “Chino” González, que también tiene su academia en Ponce, y Aníbal. Éramos un equipo bien unido. Y los varones fueron muchos de los que aportaron para que nosotras las féminas tuviéramos los resultados que obtuvimos. Ellos merecen (reconocimiento) porque son parte de la historia.

Sonia Alvarez

Natación: oro en 400 metros combinados

¿Cuánto significó Ponce 93 en tu vida?

Fue una experiencia a temprana edad, de muchos retos, de devolverle al país un orgullo que los únicos que lo brindan son sus atletas. Es algo único porque el público no es el mismo. Posiblemente cuando uno viaja fuera van los papás, los entrenadores, y los papás de tus compañeros. Pero no es lo mismo el calor humano; que pueda ir tu tío, tu primo, tu abuelo, todo el mundo.

¿Cuál fue el momento más emblemático?

Repetir una carrera (200 metros combinados) que luego que la había ganado llegué en segundo lugar (por una falla de los jueces). Fue un momento de mucha presión sicológica. Pero jamás se me va a olvidar. Tener que repetir una carrera a un nivel como ese es fuerte. Y luego que mi entrenador me dijo ‘tienes que ganar’, fue peor. Ahí yo dije, ‘esto se chavó’. Porque no pude con la carga sicológica. Lo que pasa es que mi entrenador es más ‘entregao’ que yo. Yo tampoco quería defraudarlo; yo tenía 17 años. También tenía esa hambre de ganar esa medalla para mi país. La natación estaba en un momento de gloria, y es un compromiso que uno se lo tiene que devolver al país.

¿Cómo describes ese momento de la foto?

La que comparto es la del logro en el podio con mi compañera de Honduras (Claudia Fortín). Treparse ahí no es fácil. Sufrí mucho la ruta hacia Ponce ‘93. Se saborea. Ese es el momento que uno más saborea. (Significa) Lo logré.


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