Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

El esquina Jackson Rivera (rematando) tuvo la oportuniad de llevarse a su familia al firmar para jugar en Baréin. (vertical-x1)
El esquina Jackson Rivera (rematando) tuvo la oportuniad de llevarse a su familia al firmar para jugar en Baréin. (Xavier J. Araújo Berríos)

El huracán María dejó sobre el voleibolista pepiniano Jackson Rivera, y su familia, un peso sumamente difícil de cargar.

El veterano rematador de los Indios de Mayagüez en la Liga de Voleibol Superior Masculino (LVSM) finalmente encontró estabilidad financiera para él, sus hijos Eliana (tres años) y Julian (dos años en marzo), y su esposa Soleil, psicóloga de profesión.

El 2017 marchaba viento en popa… hasta que, en aquel fatídico 20 de septiembre de 2017, María arruinó tanto los planes del atleta mundialista como los de millones de puertorriqueños.

Los daños causados por el ciclón categoría 4 en San Sebastián fueron catastróficos. Aunque Rivera no perdió su hogar ni pertenencias, y su familia estuvo sana y salva, el rematador perdió sus tres empleos y, por ende, el dinero necesario para mantener a su familia.

“Yo soy maestro de educación física en una escuela de San Sebastián bajo el Departamento de Educación (DE), más entrenador de voleibol para el Municipio en el programa Cendevol, y ese fue el peor de todo porque la cancha sufrió daños… no mucho, pero como el deporte no era prioridad dada la emergencia, no sabía si eso volvería pronto. Mi esposa también trabaja para el DE y perdió su sueldo, así que con la situación del DE y las escuelas tenía que tomar una decisión”, dijo Rivera a endi.com.

Como si María no hubiese trastocado su vida lo suficiente, su mamá, quien vive en la urbanización Villa Rita, lo perdió todo luego que el río Culebrina se salió de su cauce e inundó el área.

Y en octubre, para colmo, se produjo la última estocada, la gota que colmó la copa: la Junta de Apoderados de la Federación Puertorriqueña de Voleibol (FPV) optó por cancelar los dos torneos nacionales, movida que dejó a Rivera a cientos de otros voleibolistas sin su única opción de ganarse la vida.

“Surgió una oferta en Baréin con el club Al-Muharraq, así que tomé la decisión por mi familia y me los llevé porque, con mis hijos pequeños no era bueno tener que hacer filas de tres horas para conseguir una bolsa de hielo. En la casa sentimos como si las ventanas fueran a romperse y mis hijos no entendían lo que estaba pasando. Nos pasamos jugando con ellos durante todo el huracán para que no se asustaran”, recordó el voleibolista.

“Pensé en el aspecto de la salud, pues a los hospitales no se podía ir, no había electricidad… yo dejé de jugar en el exterior porque tenía estabilidad económica con mis dos trabajos más el voleibol, pero con la destrucción que causó María, la incertidumbre y la cancelación de la LVSM, ir para Baréin con mi familia era la mejor opción”, añadió el jugador de esquina.

De regreso al Golfo Pérsico

Rivera dejó una gran impresión en la  las veces que reforzó a equipos en el Reino de Baréin, y fueron varios los clubes que, durante los pasados dos años, intentaron sacarlo del “retiro internacional”. Al presentarse la oferta del club Al-Muharraq, junto con la posibilidad de tener a su familia consigo, el atleta hizo las maletas y embarcó hacia una nueva faceta de su vida.

“Gracias a Dios, una vez salimos de Puerto Rico en octubre, en San Sebastián se habían restaurado los servicios principales y eso me dejó más tranquilo por mi mamá, mi abuela, mi familia. Yo no iba a dejar a mi esposa e hijos en San Sebastián sin electricidad, sin agua, así que le dije al equipo que si ellos no viajaban conmigo que no podría jugar, pero rápido me dijeron que sí”, indicó Rivera.

Rivera ya está acostumbrado a la cultura en Baréin, pero sus hijos y esposa experimentan el choque por primera vez. Es por esto que el atleta pepiniano aprovecha todas las oportunidades posibles para hablarle a sus hijos sobre las costumbres de las personas.

“Siempre trato, en mi tiempo libre, de llevarlos a los parques a jugar y con eso ellos son felices. Pero para mi esposa sí ha sido fuerte; al ver que las mujeres se tapan completas, ver que a la cancha, básicamente, no van mujeres… van pocas y, en su mayoría, son menores. Baréin es un país bastante americanizado, pero el choque de las comidas también ha sido fuerte. No tener la sazón que usamos en Puerto Rico, así que estamos a base de sal y pimienta. Es más saludable, pero se extraña la sazón boricua”, sostuvo Rivera con una risa.

La vestimenta tradicional para las mujeres en Baréin también ha despertado la curiosidad de Eliana.

“Mi nena le dice las ‘caratapadas’ (a las mujeres que utilizan un manto hiyab y un velo nicab para cubrir sus cuerpos y rostros, respectivamente). Le explicamos que es la manera de vestir de ellas y que no es nada malo. Al principio la asustaba y se escondía, pero ahora lo ve como algo normal”, dijo Rivera.

Extraña a Puerto Rico y a su familia

Aunque el contrato con el club Al-Muharraq le permitió a Rivera recuperar el dinero que hubiese dejado de ganar de haberse quedado en la isla, el voleibolista reconoció que extraña a Puerto Rico y que regresará una vez complete su contrato en mayo.

“Extraño a la familia y el compartir, en especial en las Navidades que, pese a la situación, vimos las fotos comiendo arroz con gandules, el pernil, y nosotros por acá con sal y pimienta”, resaltó Rivera entre risas.

“Siempre extraño a Puerto Rico y el calor de la gente de uno. Ahora mismo el equipo está tercero con marca de 11-2, y si ganamos el domingo subiríamos a la segunda posición”, añadió el rematador.


💬Ver 0 comentarios