La deportista explica cómo balancea su vida como esposa, madre y atleta.

Luquillo - En el pico de su carrera, la esquina de 27 años Legna Hernández, de las Changas de Naranjito y de la Selección Nacional, podría aspirar a jugar en ligas profesionales del extranjero como tantas otras voleibolistas del patio que han triunfado fuera del país, al tiempo que dejan su huella en la Liga de Voleibol Superior Femenino (LVSF).

Pero a pesar de ser una de las mejores jugadoras de Puerto Rico, Hernández tiene motivaciones mayores al voleibol. La principal es su hija de siete años, Jonnalys, quien la ha acompañado a la cancha desde muy pequeña, cuando Legna jugaba para Ponce.

Es mi motor. Está todo el tiempo dándome ánimo, en las victorias y las derrotas. Ella baja (desde las gradas) y me da un beso. Eso es para mí lo más grande. Gracias a ella he alcanzado muchas cosas, con más ánimo y más deseo”, dijo Hernández a El Nuevo Día en una visita a Luquillo, donde vive desde el 2014 con su esposo e hija.

Aunque ha podido satisfacer inquietudes personales, sin que eso signifique sacrificar del todo la relación con la pequeña Jonnalys, Legna ha actuado más como un competidor desprendido que juega para el equipo y para beneficio de sus compañeros, en este caso su familia y su hija.

Legna, activa en la Serie Final de la LVSF que continuaba anoche en el Coliseo Mario “Quijote” Morales de Guaynabo ante las Criollas de Caguas, ha logrado combinar como muchas otras de sus colegas de la liga, las facetas de atleta y madre.

Eso incluye llevar a su hija a la escuela en las mañanas, ir al gimnasio mientras ella estudia, recogerla en el plantel a las 2:30 p.m., y luego de hacer asignaciones, meterse al tapón de las 5:00 de la tarde para conducir casi dos horas de Luquillo a Naranjito para los entrenamientos de su sexteto.

Excepto para las prácticas, Jonnalys, es fiel acompañante de su madre en los partidos, como aconteció el martes en la cancha Gelito Ortega de Naranjito, donde salió del camerino local junto a Legna minutos antes de iniciar el tercer partido de la serie final.

“Tuve una oportunidad en enero de 2017, que fui a Baréin, un país árabe. Acepté esa oferta porque eran tres semanas nada más. El torneo allá no es una temporada larga, sino que se juegan lo que ellos llaman copas. Este año en enero querían que volviera, pero ya tenía unacuerdo con las Changas. Para el próximo año vuelve la misma copa que yo fui (en Dubai) y ya están escribiéndome. Si se me da, iría a ese, porque pienso que una temporada de ocho meses estaría muy fuerte para mí, para mi esposo y para mi hija, por estar lejos de casa”, dijo la camuyana.

Difícil la separación

Hernández, esquina de la escuadra nacional que clasificó a los Juegos Panamericanos de Lima, Perú, expresó que fue difícil despegarse de su niña cuando jugó en Baréin hace dos años, al igual que cuando viaja con el Equipo Nacional. “Fue bien difícil porque Jonnalys es bien apegada a mí. Obviamente ellos (su esposo y familia) no me decían que ella lloraba todos los días al momento de dormir. Habían ratitos en que ellos veían a la nena en una esquinita como que triste. Ellos no me lo decían para que yo no pensara en eso allá. Fueron tres semanas, pero se hizo bastante largo. Ahora mismo si se me da la oportunidad de volver, me gustaría llevármela y llevarme a mi esposo... mis suegros dicen que ellos también van”.

Legna tuvo a Jonnalys a los 20 años cuando cursaba su segundo año de estudios en la Universidad de Puerto Rico en Ponce. Aunque en un inicio pensó en abandonar su carrera universitaria en terapia atlética, el apoyo de sus padres cuidando a su bebé hizo la diferencia para continuar hasta graduarse. “Al principio fue duro. Yo era jovencita cuando la tuve, pero según pasaron los años, fue mi inspiración y sigue siendo mi inspiración”, dijo.

Ahora, Legna no está inclinada en dejarla sola tres cuartas partes del año para irse a jugar como profesional a alguna liga del extranjero. “No he pensado en eso. En varios años... no sé. No he pensado si me iría y la dejaría a ella acá. No creo que lo haga. A veces represento a Puerto Rico y he ido a varios viajes, y comoquiera ella se queda y es bien difícil. No creo que esté una temporada tan larga sin ella”, dijo.

“El voleibol nos quita mucho tiempo. Pero teniendo una familia que también está envuelta en el deporte, entienden a la perfección el rol mío de esposa, de madre y de atleta profesional”, concluyó.


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