Un niño llegado a la Tierra desde el espacio descubre sus superpoderes, los que usa para destruir. (Suministrada)

El filme “Brightburn”, producción de Sony Pictures que estrena hoy en los cines de Puerto Rico, se presenta como una antítesis de la historia de origen de Superman.

Ese personaje de DC Cómics nunca se menciona en la película, pero las referencias en la trama son más que evidentes. El título del filme es un pueblito en Kansas donde un matrimonio que tiene una granja opta por criar como su hijo a un bebé que se estrella en su patio en lo que parece ser una nave espacial. 

Sin embargo, la conexión con las películas de superhéroes es superficial y un pie forzado para aterrizar en algo mucho más complejo e interesante que ver la historia de un “Superman Malvado”.

Los guionistas Brian y Mark Gunn no parecen estar interesados en desmantelar los códigos obligatorios de una película de superhéroes. Su enfoque total es un filme de horror, donde la figura maligna que aniquila a sus víctimas de una forma cruel y violenta es un niño de 12 años que desde que llegó al planeta Tierra ha recibido el amor y apoyo de Tori y Kyle Breyer, interpretados por Elizabeth Banks y David Denman. 

Un mejor título para esta película sería “El amor incondicional no va a impedir que tu hijo sea un asesino en serie” pero nadie de la producción ni el estudio parece estar convencido que este sea muy atractivo a nivel comercial.

Películas como “The Bad Seed” (1956), “The Omen” (1976) o “The Good Son” (1993) son mejores puntos de referencia para esta película que cualquier alusión directa a la saga de Superman. 

Sin embargo, aquellos que están interesados en ver  a alguien con poderes hacer cosas horrorosas y perturbadoras no saldrán decepcionados con la película. 

Mientras el guion trata de crear el espacio para la profundidad psicológica de lo que define la naturaleza de una persona, algo que es apoyado por las interpretaciones sólidas de Banks y Denman, el director David Yarovesky (“The Hive”) está más interesado en la sección del filme que trata al hijo adoptivo de los Breyer (Jackson A. Dunn) como si fuera Michael Meyers o Freddy Krueger. Esto trae secuencias de violencia gráfica que resultan más perturbadoras cuando se sabe que las víctimas son personas que han tratado al asesino con cariño y amabilidad.

Estas escenas reafirman a “Brightburn” como un filme de horror novedoso, pero el resultado final sigue siendo desigual y difícil de procesar. 


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