Escena de Crazy Rich Asians. (AP) (semisquare-x3)
Escena de Crazy Rich Asians. (AP)

 Crazy Rich Asians, la nueva producción de Warner Brothers que estrenó esta semana en Puerto Rico, es un maravilloso choque entre lo nuevo y lo clásico dentro del genero de la comedia romántica. Lo novedoso está directamente relacionado con tener un filme que tiene a un elenco completamente asiático en una historia contemporánea que representa su cultura.

Mientras que lo clásico es provisto por la dirección acertada de Jon Chu ( Now You See Me 2, GI Joe Retaliation,) quien se encarga de acentuar todo lo que es opulento, excéntrico, maravilloso y glamoroso del mundo que habitan los personajes titulares. El resultado es un filme con un encanto indiscutible que aparenta conformarse que  con explotar al máximo con una historia predecible pero que milagrosamente logra revitalizar el genero de la comedia romántica sin recurrir a ninguno de los clichés que hacen que este tipo de película sean insufribles. 

Gran parte de la efectividad del filme es crear la sensación de familiaridad en el espectador que disfruta de este tipo de película sin tener que recurrir a los códigos que se han utilizado miles de veces.

  Crazy Rich Asians es una fantasía romántica y un cuento de hadas moderno pero su efectividad reside en la forma en que el director ataca el contexto sociocultural innovador con un lenguaje audiovisual que le debe todo a la era dorada de Hollywood donde se perfeccionó la comedia de enredos. Como consecuencia de esto esta película tiene  más en común con filmes como Midnight (1939), My Man Godfrey (1936), The Palm Beach Story (1942) y Born Yesterday (1956) que con comedias románticas modernas como How to Lose A Guy in 10 Days (2003) o The Wedding Planner (2001).

Además de presentar una cultura que nunca había sido parte de este genero cinematográfico, lo otro que evita que la trama del filme registre como un refrito es que el conflicto principal no esta ligado a como los protagonistas se conocen y se enamoran. Cuando la película que adapta la novela homónima de Kevin Kwan comienza, Nick Young (Henry Golding) y Rachel Chu (Constance Wu) ya llevan mas de un año de noviazgo.

El espectador los conoce en el momento en que su relación da el primer paso hacia un compromiso mas serio. Nick es el padrino de la boda de su mejor amigo  y quiere Rachel lo acompañe a conocer a su familia en Singapore.

Lo que debería un ritual simple en su romance se convierte en algo extremadamente complicado cuando Rachel descubre que su novio es el heredero de una de las familias mas poderosas y adineradas del país y que su madre (Michelle Yeoh) no piensa permitir que una extranjera sea parte de ese legado. 

A pesar de contar con una historia simple, la jornada de Rachel, una profesora de economía de Nueva York que tiene que enfrentar su pasado y su identidad cultural, es interesante y emotiva.

A eso se le añade el que director convierte cada una de las secuencias en un evento. Ninguna registra como relleno, eso incluye el montaje que tiene a la protagonista tratando de encontrar el traje perfecto,  y todas van en servicio de resaltar el humor de las situaciones peculiares que la protagonista tiene que enfrentar.

Aunque como ha sucedido en miles de comedias románticas, el clímax del filme depende de una declaración publica de amor, el uso de ese cliché queda anulado por un filme que con sutileza y encanto lidia con prejuicios y las los enredos clasistas del mundo que esta explorando. 


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