“Geostorm” es el segundo filme del 2017 que abiertamente parece estar bajo los efectos de la presidencia de Donald Trump. (Suministrada) (horizontal-x3)
“Geostorm” es el segundo filme del 2017 que abiertamente parece estar bajo los efectos de la presidencia de Donald Trump. (Suministrada)

Una de las mejores cosas que se puede decir de “Geostorm”, producción de Warner Brothers que finalmente estrena en Puerto Rico hoy, es que el filme no funciona como un clon defectuoso de “The Day After Tomorrow”, “2012” o ninguna de las películas de desastres recientes. Considerando que el director de este filme, Dean Devlin, ha producido la mayoría de ellas, esto no solo son buenas noticias sino el aspecto más sorprendente del filme. Durante las secuencias de destrucción épica que tiene este filme, el director se esfuerza en resaltar el aspecto de ciencia ficción particular a esta historia y se las ingenia para no reciclar las imágenes distintivas de las cuales el director Roland Emmerich abusó en las cintas que produjeron juntos.

Esos son las buenas noticias, pero las negativas sobre “Geostorm” no son tan catastróficas como uno se imaginaría. De haber sido estrenada en la década de los 50, la producción hubiera sido catalogada como un “B Movie” a pesar de la presencia de Gerard Butler, Andy García y Ed Harris en los roles principales. Esto significa que todo lo que vemos en pantalla va en función de los códigos del género que define esta película. Nada es desarrollado, todo se queda en la superficie y va en piloto automático para generar el próximo momento de acción o algún tipo de efecto especial que deslumbre al espectador por dos o tres segundos.

A pesar de haberse demorado tres años en llegar a los cines, “Geostorm” es el segundo filme del 2017 que abiertamente parece estar bajo los efectos de la presidencia de Donald Trump. El primero fue “Kingsman The Golden Circle”. A diferencia de ese filme, “Geostorm” no cuenta con un presidente republicano que está dispuesto a sacrificar el mundo entero para su propio beneficio político. En esta ocasión, la presencia de Trump se siente en cómo el guion maneja el tema del calentamiento global. En los primeros minutos del filme se nos muestra un futuro no muy lejano donde se vive bajo los efectos de haber ignorado los efectos de los cambios climáticos causados por el maltrato al planeta. Para controlar la inestabilidad de desastres naturales en el planeta, los gobiernos de todas las potencias mundiales se unen para crear un megasatélite que tiene la capacidad de calibrar las condiciones del tiempo en toda la Tierra. Cuando este comienza a fallar y generar desastres en diferentes ciudades capitales del mundo, el científico que lo diseñó (Gerard Butler) se lanza al espacio a tratar de resolver estos fallos étnicos mortales.

Es precisamente en ese momento de la historia que el filme da un viraje inesperado que evita que la vibra genérica de esta película se convierta en un obstáculo real para el entretenimiento del público. En vez de concentrarse en los desastres, el filme se transforma en un thriller de ciencia ficción. La última sección, que tiene al personaje de Butler y a su interés romántico tratando de detener la destrucción del satélite que controla el clima de la Tierratiene más en común con “Moonraker”, la aventura de James Bond en el espacio, que con “San Andreas” o “The Day After Tomorrow”. De la misma forma, la historia secundaria que presenta como un político demócrata importante que está tratando de utilizar los fallas del satélite para su beneficio, ocupa más tiempo en pantalla que las secuencias extendidas donde se muestra la destrucción de varias ciudades.

Ahora para estar claros, solo porque el filme sea diferente, no significa que sea superior a las otras ofertas de este género. No se puede refutar que la película tiene una propuesta visual distintiva pero esto no impide que el entretenimiento que ofrece deje de ser superfluo y desechable.


💬Ver 0 comentarios