El director del filme, Luca Guadagnino, narra el impacto emocional que reside en la pasión de un personaje que está descubriendo su sexualidad con su primer amor

Hay muchos filmes que se conforman con ser meditaciones románticas, exploraciones de por qué la relación entre dos personajes está destinada a traer felicidad o a ser un recuerdo melancólico de algo que jamás hubiera tenido la posibilidad de un final feliz. “Call Me By Your Name”, el nuevo filme de Luca Guadagnino (“I am Love”, “A Bigger Splash”) que comienza a exhibirse hoy en Puerto Rico, tiene elementos de esto, pero gran parte de su triunfo artístico e impacto emocional reside en cómo la audiencia queda completamente embriagada y sumergida en la pasión de un personaje que está descubriendo su sexualidad con su primer amor.

Como director, Guadagnino logra que cada obstáculo, mala comunicación, beso robado o encuentro erótico entre Elio (Timothée Chalamet), un adolescente con talento prodigioso que está “sentenciado” a pasar los veranos en Italia mientras sus padres trabajan, y Oliver (Armie Hammer), un asistente de cátedra del padre de Elio, sean tangibles, embriagantes y conmovedores. A diferencia de filmes como “Moonlight” o “Brokeback Mountain”, “Call Me By Your Name” no invierte mucho tiempo definiendo y explorando la imposibilidad del romance central.

El guion de James Ivory (“Remains of the Day”, “A Room With a View”), que adapta la novela homónima de André Aciman, se concentra en los valores emocionales universales de tener una experiencia intensa que despierta y marca tu corazón de una forma permanente y de la libertad de ser visto por primera vez exactamente como eres. Mucho más que una historia de un primer amor, lo mejor de esta película se manifiesta en todas las formas en que el director, el guion y Chalamet ilustran cómo se va formando la esencia que va definir a Elio cuando el no poder estar con Oliver le rompa el corazón y lo gradúe de ser adolescente a adulto.

A pesar del peso artístico y emocional de estos logros, “Call Me By Your Name” sigue siendo una experiencia cinematográfica imperfecta. Esto se da por el desbalance de talento que hay entre los actores que interpretan a la pareja central.

A pesar de ser el que tiene menos créditos en su filmografía, Timothée Chalamet es una verdadera revelación en este filme. El joven intérprete posee la cualidad que define a los mejores interpretes del séptimo arte: la habilidad de sugerir la vida interior de su personaje sin tener que decir ni una sola palabra. Esta es una cualidad que Armie Hammer, quien está muy bien en este filme, no posee.

Resulta difícil determinar si es que el guion o la dirección han decidido que Oliver funcione mucho mejor como misterio y objeto de deseo que como un ser humano complejo. Independientemente de cuáal haya sido el razonamiento, esto le roba a Hammer la oportunidad de que su interpretación tenga mayor peso emocional.

Sin embargo, el corazón de este filme es perfectamente ilustrado por Michael Stulhbarg, quien interpreta al padre de Elio, que con una sola escena logra generar un tornado de emociones que llevarán al espectador más estoico a las lágrimas.

Esta escena sucede en la última sección del filme donde Elio y su padre tienen un momento de comunión espiritual donde ambos tienen la oportunidad de verse claramente. A eso se le suma el momento final del filme, un encuadre que combina la incertidumbre e inocencia de los finales de “The Graduate” y “The 400 Blows” y lo convierte en algo nuevo, poético y mas que nada conmovedor.


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