Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

 (horizontal-x3)
Karen Abercrombie, interpreta a “Clara”, el personaje encargado de llevar el mensaje central de fe del largometraje. (Suministrada)

Cuando el objetivo  de un filme es comunicar o reafirmar un mensaje o agenda particular, siempre existe el riesgo de que la producción ignore su función principal, que es contar una historia con imágenes en movimiento, y se convierta en propaganda. 

Una de las gratas sorpresas del estreno de   War Room  es que son  pocas las ocasiones en las que la producción ignora la noción de entretener a su público y opta por literalmente darle un sermón.  Dado a que la gran mayoría de la película, que comienza a exhibirse hoy en Puerto Rico,  logra capturar una humanidad genuina que suele estar ausente de los dramas comerciales de Hollywood, esos instantes breves no le restan a su impacto emocional.

Para estar claro, a pesar de la sutileza de la dirección y el poder universal de la historia principal del filme, esta es una película hecha para promover la fe cristiana. 

La producción de Sony Pictures invierte gran parte de su tiempo explicando el poder de la oración y de mantener una comunicación directa con Dios.  El ingenio de la película es lograr que su trama no se vea limitada a esto y pueda conectar con todo tipo de público como un drama de una familia en crisis que logra encontrar la forma positiva de enfrentar cualquier tipo de adversidad.

Al principio de la película los protagonistas  aparentan tener la familia perfecta. Elizabeth Jordan (Priscilla Shirer) es una agente de bienes raíces exitosa y su esposo (T.C. Stallings) es el vendedor número uno de una farmacéutica importante. Sin embargo, su vida personal no está a la par con su éxito profesional. El enfoque en lo económico ha quebrantado la comunicación en la familia que incluye a una niña  de siete años que ya se ha dado cuenta que no hay mucho cariño en la forma en que sus padres se tratan. 

Elizabeth comienza a sospechar que los viajes de trabajo de su esposo lo están empujando hacia una infidelidad cuando ésta conoce a Clara (Karen Abercrombie), una señora que está tratando de vender su casa. Lo que comienza como una relación profesional termina siendo trascendental para la vida de Elizabeth, cuando Clara decide compartir con ella la forma en que ha enfrentado las diferentes crisis emocionales de su vida.

La gran mayoría del cine comercial se encarga de poner en pantallas situaciones extraordinarias. El pasado verano vimos todo, desde un parque lleno de dinosaurios hasta más hazañas imposibles que desafían la mortalidad de Tom Cruise. 

Sin embargo el atractivo principal de War Room  es la escala humana de su conflicto principal. Aún aquéllos del público que no  sean susceptibles a su propuesta religiosa, podrán apreciar la efectividad con la que el filme presenta los dilemas cotidianos de sus personajes. Aquí tenemos a una protagonista que quiere hacer lo mejor para su familia y a un personaje masculino que tiene que enfrentar cada una de sus imperfecciones para poder ser un mejor padre e esposo. 

Mientras tanto,  el personaje de  Clara, que es el que más aferrado está al panfleto teológico particular de este filme, es presentado como alguien que tiene la disciplina de no alimentar ningún tipo de pensamiento negativo. 

La emotividad de todo esto es indiscutible. Aún así, y a pesar de la efectividad de las herramientas cinematográficas básicas, el filme sufre de ser demasiado simple en la forma en que presenta el drama y desarrolla los personajes. Sus mejores escenas son las que resaltan la relación casual entre Elizabeth y Clara, no  tanto por el mensaje cristiano que se está presentando, si no por la forma en que la producción captura la lucha de dos mujeres que quieren lo mejor para sus familias y su comunidad.


💬Ver 0 comentarios